El dislate en la fotografía urbana

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El dónde es la coordenada básica del arquitecto. No basta con decir ‘aquí’, no basta con hacerlo bonito y largarse. La arquitectura genera una narrativa que integra aspectos técnicos, sociales y artísticos. No en vano, Umberto Eco se refería a él como el último humanista. Pero cuando hablamos de dislate, la cosa cambia. Con lo absurdo de por medio, lo irreal cobra vida y sale el sentido más caprichoso del creador. La técnica, el diseño y el fin último de la obra ya no coinciden. La extravagancia ha vencido al raciocinio.

La idea clásica de arquitecto pasa por una persona que a través de su obra consigue la rectitud en el espacio. Líneas limpias, esquinas en 90 grados, proporciones simétricas y fachadas luminosas y correctas. El modernismo de finales del siglo XIX es el primer movimiento artístico que rompe con esta tradición, admitiendo la modulación libre de los elementos arquitectónicos. Las formas surrealistas que envuelven al individuo y constante uso de líneas curvas y asimetrías invitan al individuo a contemplar un espectáculo estético basado en temas que se acercan al mundo onírico, a la naturaleza, a la vanguardia más surrealista.

La Barcelona modernista es el triunfo de la imprecisión más depurada. El movimiento fue corto e intenso, pero quedará relegado al olvido en pleno siglo XX, demasiado agitado como para dar lugar a más fantasías. Entonces triunfó el racionalismo de Le Corbusier, Mies van der Rohe y la arquitectura social de la Bauhaus, basados en formas geométricas simples, trazos limpios, espacios diáfanos y proporciones amplias para las ingentes masas sociales. El único arquitecto que podríamos etiquetar actualmente como heredero del modernismo –en su sentido más amplio- no es otro que Frank Gehry, autor del Guggenheim de Bilbao y las bodegas Marqués de Riscal. Es el representante más cercano a la inverosimilitud en la arquitectura. Sus amplias capas redondeadas con las que compone sus obras parecen desafiar la gravedad y entran en sintonía plena con el ambiente: el aire y los elementos naturales aparecen representados en sus edificios, lo que le hace recordar a uno que en la naturaleza no existe la línea recta. Frank Gehry y su fantástica arquitectura, aunque nos aproxima al concepto, queda aún lejos del leitmotiv de DOZE primavera. Porque sean líneas nubosas, curvas rectas, espirales del color del viento, sean verdades inexistentes o irrealidades certeras, sea la subjetividad del todo o la nada, el dislate nos introduce en un particular cosmos de imaginación superlativa. Aquí todo vale. Incluso lo real. Pablo L. Barbero

Fotografías de  Antonio Luis, Rafa Zubiria y Nolan Webb, puedes encontrar más información sobre estos artistas en el número 1*Dislate

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