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NADA ES PARA SIEMPRE
Categoría: ARTE

NADA ES PARA SIEMPRE

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DAVID CATÁ. Todo en esta vida es efímero.
Categoría: TV

DAVID CATÁ. Todo en esta vida es efímero.

Dentro de la feria Jääl Photo, DOZE Magazine tuvo la oportunidad de entrevistar a una de las jóvenes figuras que están dibujando el nuevo retrato del arte español. David Catá ha conseguido abrirse hueco en el circuito del arte y lo que es más significativo, invitarnos a la reflexión mediante una poética personal afinada. 

 
 

The Sound of Movies

¿Cuánto tiempo hace que vemos películas con sonido? Unos cuantos años, sí. Más o menos desde 1930 ó 1927 según la Wikipedia, una suerte, una forma clara y sensible de llegar al corazón de las historias que vemos en pantalla. Pensando en la música que acompaña a algunas escenas de la historia del cine sonoro, nos damos cuenta de que, sin ella, los films no habrían sido posibles o no habrían sido lo mismo.

Imaginen Apocalypse Now (Francis Ford Coppola 1979) sin el tono quejumbroso de la voz de Jim Morrison, o sin Las Valkirias de Wagner; traten de recrear en su cabeza una sola secuencia de Muerte en Venecia (Luchino Visconti, 1971) sin que suene Mahler… No lo conseguirán, porque en ellas sonido e imagen quedaron ligados para siempre.

Infinitos ejemplos que todo amante del cine sabrá de sobra. No obstante, acepten una selección de alguna que otra rareza y curiosidad por si a alguno se le han escapado.

En esto de mezclar imágenes con composiciones musicales inesperadas, sin duda uno de los grandes maestros lo tenemos en España: Pedro Almodóvar sabe expresarse como muy pocos realizadores sirviéndose de esta técnica, la de contar con canciones más allá de lo que los diálogos hacen explícito. Tomen cualquiera de sus películas y se darán cuenta de que sus bandas sonoras van íntimamente asociadas a cada una, que no se confunden. Nadie que haya visto Todo sobre mi madre (1999) olvida el túnel por el que viaja su protagonista hasta la vista aérea de Barcelona, con “Tajabone” de Ismaël Lô como alfombra sonora debajo.

Y lo mismo en Hable con ella (2002):

Sucede a veces que momentos especialmente significativos en una trama, se cuentan en las películas con la ayuda de una gran composición musical clásica que, por sus propios méritos, es grande en otro contexto.

The Social Network (David Fincher, 2010) qué estupenda película y qué llena de diálogo ¿no? Pues cuenta también con una secuencia musical digna de recordarse. Una competición de remo y el compositor noruego Edward Grieg sonando de fondo (aunque un pelín retocado) con un fragmento de Peer Gynt la adaptación de una obra de teatro de Henrik Ibsen, contada a través de una orquesta. Ese movimiento en concreto se supone que explica cómo un muchacho y una jovencita de color verde huyen a lomos de un enorme cerdo por la ladera de una montaña. Y aquí no hay más que deportistas torneados. Cosas del cine.

Otro ejemplo tiene lugar en la versión de Anna Karenina de Bernard Rose (1997). La famosa secuencia del vals, se baña con las notas para el ballet “El lago de los cisnes”, de Tchaikovsky. Y queda rebién:

Los seguidores de la serie Mad Men habrán reparado en un momento del capítulo 5 de la tercera temporada, donde se escucha un tema de la banda sonora de Alberto Iglesias para Lucía y el sexo (Julio Médem, 2001). Esta misma:

Que curiosamente se parece pero mucho a este otro momento del ballet “Le Corsaire”:

Extrañas casualidades que no lo son tanto si tenemos en cuenta que las músicas compuestas para un ballet son perfectamente válidas para una película, la cual no deja de ser una coreografía entre actores.

Acuérdense del anuncio del televisor en 3D, del año 2010:

¡Oh, sorpresa! Era el ballet “La fille mal gardée”:

Pero no todo van a ser piezas clásicas. También hay bandas sonoras expresamente compuestas para una película que han conseguido pasar por encima de la propia historia y alojarse en los recuerdos del espectador mucho mejor que los argumentos. Es el caso de El piano (Jane Campion, 1993) que evocarla sin que suene Michael Nyman se ha vuelto tarea imposible.

Citaremos dos casos en los que una banda sonora original, no suplanta al contenido de la trama sino que se esconde tras las imágenes. La música en las películas Expiación (Atonement, Joe Wright 2007) y Pozos de ambición (There will be Blood, Paul Thomas Anderson 2007)  pero si estas se vieran privadas de ella podrían resultar un fracaso.

La primera, además de usar en algunos de sus temas las teclas de una máquina de escribir como instrumento improvisado (siendo la historia de una escritora, es de lo más oportuno ¿no creen?) contiene una secuencia sin cortes que recrea la desastrosa retirada de Dunkerke por los soldados del ejército británico y que corta el hipo:

La segunda, por obra y gracia del virtuoso Jonny Greenwood, guitarrista de Radiohead, encargado de crear cada una de las piezas, utiliza sonidos y tiempos en aparente desconexión que, sin embargo, a la hora de plasmarse en la película, la complementan de forma magistral. Su inicio posee los mejores quince primeros minutos del cine de los últimos diez años, por lo menos.

Otro caso curioso es el de Mulholland Drive (David Lynch, 2001) y nos referimos a la secuencia de la cantante que se desmaya en el escenario:

Algo extraño al ser esta una hermosa canción de Roy Orbison, que aquí, sin embargo, debido a la traducción criminal al español resulta inquietante y siniestra. Escuchemos a la voz original ("Crying Over You", 1972):

Por último, también hay temas que se cambian de sitio, se colocan en una ubicación extraña y se les pone a funcionar, no siempre desconciertan al espectador. Hay casos bien especiales y armoniosos, como el de Extremoduro sonando con todas sus fuerzas en la secuencia de La flaqueza del bolchevique (Manuel Martín Cuenca, 2003) en la cual Luís Tosar conduce por Madrid, soñando “que sueña con ella”.

Texto: María López Villarquide