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NADA ES PARA SIEMPRE
Categoría: ARTE

NADA ES PARA SIEMPRE

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DAVID CATÁ. Todo en esta vida es efímero.
Categoría: TV

DAVID CATÁ. Todo en esta vida es efímero.

Dentro de la feria Jääl Photo, DOZE Magazine tuvo la oportunidad de entrevistar a una de las jóvenes figuras que están dibujando el nuevo retrato del arte español. David Catá ha conseguido abrirse hueco en el circuito del arte y lo que es más significativo, invitarnos a la reflexión mediante una poética personal afinada. 

 
 

Modos de ver a Isabel Coixet

Se me ocurren varias formas de hablar de Isabel Coixet, pero ninguna me parece adecuada a la forma en que ella, como directora de cine, lleva a cabo su trabajo, y pienso que es justo que en estos casos exista cierta consonancia. El motivo es la llegada de su última película Ayer no termina nunca que, por lo que se ha podido leer tras su estreno en los pasados festivales de Berlín y Málaga, se desmarca bastante del resto de sus creaciones.

¿Es que acaso hay un estilo claro que defina al conjunto de la obra de esta mujer hasta la fecha?

Pues debe de ser que sí, pero mejor dejemos el asunto aparcado por un tiempo.

Isabel Coixet hace las películas con una carga de información importante, relacionada con diversos asuntos que a ella deben de parecerle interesantes, especiales, dignos de mención y absolutamente imprescindibles, y debe de ser por eso que se empeña en incluirlos todos en su cine siempre.

De modo que abordaremos la cuestión utilizando esos mismos recursos a los que ella acude, por aquello de caminar con cuidado por los mismos terrenos que ella camina en sus historias, sea o no la última de sus creaciones algo que pueda considerarse “más de lo mismo”.

La importancia de John Berger

Porque no se puede hablar de la filmografía de doña Coixet sin hacer notar ese enorme peso e influencia que la figura del autor de Ways of  Seeing (Penguin; UK; 1972 / Modos de ver; trad. Justo G. Beramendi; Gustavo Gili; Barcelona; 2001) ha tenido de manera confesa y evidente en todo lo que ella ha hecho. De aquel libro, ella ha escrito:

“Lo empecé a leer en el largo recorrido en metro que me llevaba al lugar donde vivía entonces, en las afueras de Londres. Cuando bajé del vagón, el mundo ya no era el mismo, yo ya no era la misma y mi punto de vista —ese que, con pueril desfachatez, yo creía inamovible— se había hecho trizas.”

Pues sepan ustedes que este caballero pintor, escritor y fantástico orador también llamó mi atención por aquel texto, un ensayo que repasa cada uno de las etapas que sigue el que mira, en el acto mismo de observar el objeto de sus miradas. Por aquí les cuento más, si lo encuentran oportuno.

De las conversaciones entre Isabel y John sobre el libro de él From A to X (Verso; UK; 2009 / De A para X; trad. Pilar Vázquez; Alfaguara; Madrid; 2009) nació la exposición “From I to J”, que dio vueltas por España en el año 2010 con bastante éxito entre sus visitantes, tanto los aficionados al cine de ella como los devotos creyentes en las obras de él.

Algunos largometrajes de la directora mencionan metaliteratiamente (perdón por el palabro) los textos de Berger, ya sea por la temática y la manera de mostrar lo que se quiere que veamos sus espectadores, porque intervenga algún personaje que se encuentre leyendo uno de sus libros en un momento dado de la trama o bien porque se le dedique directamente un film completo nada más comenzar los títulos de crédito. Busquen con lupa, que no es tarea difícil.

La importancia del primer plano

No miento si les digo que, en una ocasión, aguardando yo con paciencia en la cola de los cines Doré de Madrid, esperando poder hacerme con una entrada al ciclo de cine “Especial Premios Goya” de no recuerdo qué año, alguien dijo lo suficientemente alto como para que yo y los veinte individuos que me precedían en la fila lo oyéramos, que las películas de Isabel Coixet le parecían ridículas porque abusaban de los primeros planos y uno terminaba harto antes de alcanzar la mitad de la proyección. No digo que le faltara razón a tan poco discreto caballero, pero que la generalización tampoco es buena eso que nadie me lo discuta.

Si Coixet tiene una especial querencia por los rostros de sus actores y actrices, por las profundidades de campo y por ciertas lentes de uso específico más que por otras, pues ella sabrá que para eso es realizadora de cine y no cantante. Cierto es que la cara de Sarah Polley nos la aprendimos de memoria en Mi vida sin mí (My life Without Me, 2003) y nos la recordó con insistencia en La vida secreta de las palabras (The Secret Life of Words, 2005) pero nada de malo se le encuentra al ejercicio, puesto que pretende con ello “pegarse a la piel” del protagonista sufridor y amargado (que en ambos casos verbalmente expresa poco) lo máximo posible. Ella sabrá.

La importancia del color

A Coixet le gustan los tonos granates y rojos, la función que cumplen como puntos de luminosidad que proporcionan algunos complementos del mobiliario de los escenarios menos recargados, o del vestuario de los personajes que visten sin demasiado adorno. A veces son simplemente frutos de granada que ruedan por un paisaje en el que todo lo demás es verde, como sucede en A los que aman (1998) depende de cada caso. En las películas en las que hace que predomine el negro sobre cualquier otro asomo de colorido, se contrasta éste con momentos de claridad a plena luz del día: son los grises minimalistas de Elegy (2008) la película que adaptaba la novela El animal moribundo de Philip Roth (2001) y que, como bien se adelantaba en matizar con su título, no hacía mucho por apartarse de la solemnidad de la muerte, de lo fúnebre y de lo elegíaco.

La importancia de la comida

En el cine de Isabel Coixet se ve a personas que disfrutan comiendo, que ahogan sus angustias engullendo cierto tipo de menús.  Los gnocchi que Javier Cámara como Simón le servía a Hanna; la silente enfermera que hilaba la historia de La vida secreta de las palabras con el cuerpo de Sarah Polley eran un manjar inesperado para ella y, comerlos en soledad, un momento de absoluto placer.

Lo mismo le sucedía a la protagonista de Mapa de los sonidos de Tokio (Map of the Sounds of Tokio, 2009) que hasta que no se merendaba un buen mochi rosa y jugoso, no salía de la oscuridad y del letargo de su rutina, con tanto pescado y encargo turbio que cumplir. O el dilema del helado con sabor “Chocolate-chocolate chips”, del que da cuenta Lily Taylor en Cosas que nunca te dije (Things I Never Told You, 1996) su mejor amigo en determinados momentos de angustia.

La importancia del amor

Porque siempre, y salvo un par de excepciones con más forma de documental que de largometraje de ficción (Viaje al corazón de la tortura, 2003; “Cartas a Nora”, Invisibles, 2007;  Escuchando al juez Garzón, 2011), el tema que más y mejor trata Coixet es el del amor y su pérdida o descubrimiento cuando está oculto, cuando no se quiere mostrar.

Con Ayer no termina nunca, la directora quiere contar el amor con todo lo que éste implica en una relación de pareja, con sus "altos" y sobre todo con sus "bajos" a través del tiempo y de acontecimientos terribles que la desgastan hasta casi hacer que se borre y desaparezca.

El argumento procede de la pieza teatral Gif, del holandés Lot Vekemans, un drama que ya había visitado el escenario español, gracias a la traducción de Roland Brower y la dirección de Miguel Ángel Solá en Antes te gustaba la lluvia (2012).

Los textos de otros ya sabemos que son importantes en el cine de Isabel Coixet, entre otras muchas cosas.

Texto: María López Villarquide