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NADA ES PARA SIEMPRE
Categoría: ARTE

NADA ES PARA SIEMPRE

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DAVID CATÁ. Todo en esta vida es efímero.
Categoría: TV

DAVID CATÁ. Todo en esta vida es efímero.

Dentro de la feria Jääl Photo, DOZE Magazine tuvo la oportunidad de entrevistar a una de las jóvenes figuras que están dibujando el nuevo retrato del arte español. David Catá ha conseguido abrirse hueco en el circuito del arte y lo que es más significativo, invitarnos a la reflexión mediante una poética personal afinada. 

 
 

Planta y alzado cinematográficos

Ya lo dijo Carl Theodor Dreyer (Copenhague, 1889 – 1968) en sus reflexiones sobre lo suyo (Reflexiones sobre mi oficio, Paidós. Barcelona, 1999) que sólo existe un arte capaz de igualar al cine en cuanto a la perfección matemática de cada una de sus partes, y ese arte es la arquitectura.

Aunque él no se dedicó precisamente a filmar recreándose en los espacios y las dimensiones de una construcción concreta, debió de pensarse mucho semejante aseveración y, a día de hoy, seguimos queriendo saber si estaba o no en lo cierto.

A juzgar por la cantidad de largometrajes y documentales que han machacado el asunto de la creación y generación de toda suerte de forma física en un espacio dado, diríamos que no andaba el hombre muy desviado de la realidad. Mente visionaria la suya, por tanto.

Y es que se nos ocurren muchas, montones de películas que de un modo u otro se han interesado por el personaje del arquitecto, por su oficio y sus responsabilidades y por los resultados y concepciones de la realidad que éste tiene. Allá vamos con el listado:

-Metrópolis (Fritz Lang, 1927). Como no podía dejar de ser, la primerísima es y será siempre esta estupenda representación del futuro, que en el pasado tuvo el genio vienés y estudiante de arquitectura, Fritz Lang.
Si no se ha visto, se conoce por ser un icono de la ciencia ficción retro. La cinta ha marcado la trayectoria y la estética de millones de cineastas “modernos” de hoy y de siempre. Conviene, no obstante, que uno se la trague enterita para darse cuenta de lo increíblemente actuales que son esas ciudades imaginadas por Lang o esas mujeres autómatas tan sexis.

-El hombre de la cámara (Dziga Vertov, 1929). A muchos les puede parecer que este experimento de comienzos del siglo XX, tan vanguardista y tan tremendo tiene poco de arquitectónico. Entiéndase el sentido de su consideración en este listado: Dziga Vertov realizó su Человек с киноаппаратом con el único propósito de convertirla en un fiel retrato de la realidad a través del objetivo de su cámara, de ese “Kino-eye” que dio pie a grupos de intelectuales y artistas ávidos por construir con una buena lente y varios metros de film, el mundo tal cual les iba rodeando. Aquí aparece por primera vez el stop-motion, la exposición múltiple de imágenes y otros tantos trucos visuales que tan buenos momentos nos ha hecho pasar a los humanos cinéfilos de un siglo después. Más que contar una historia, Vertov logró edificar un nuevo concepto de cine documental.

-El Manantial (The Fountainhead, King Vidor, 1949). Otra de las leyendas de la gran pantalla que no podía dejar de mencionarse aquí es la apasionada novela de Ayn Rand que, con mucho esfuerzo, se llevó al cine bajo la dirección de King Vidor. Costó trabajo respetar el argumento original y sobre todo, los diseños originales de cada uno de los edificios que se mencionan y muestran en la cinta. Rand, que era íntima amiga de Frank Lloyd Wright, reconoció inspirarse en éste para componer al protagonista de su historia y quiso que fueran suyos de verdad pero el arquitecto, al parecer, tenía un caché muy alto y la productora no quiso pagar lo que pedía a cambio de trazar un par de bocetos exclusivos.
Pero poco importa quién firmara esos planos y proyectos de ficción: Gary Cooper hizo historia en la piel de Howard Roark, con eso de querer “tener clientes para trabajar y no trabajar para tener clientes”. Los pelillos como escarpias.

-El cielo sobre Berlín (Der Himmel über Berlin, Wim Wenders, 1987). La visión impotente que dos ángeles tienen de la humanidad en general y de la sociedad berlinesa de la década de los ochenta, en particular. Una película que recorre con cariño calles, tejados, carreteras, carpas, viviendas unifamiliares y edificios en bloque, en blanco, negro, sepia y color.

-La montaña sagrada (The Holly Mountain, Alejandro Jodorowsky, 1973). Desafiando toda estructura narrativa clásica, la película más excéntrica del chileno creador de la psicomagia, apuesta por una nueva concepción de vivienda, creada a base de “cofres”, destinada al descanso en vez de a la realización familiar. Un historia surrealista que juega con demasiados conceptos no menos profundos para citarlos de refilón; mejor verla y después pensar.

-El resplandor (The Shining, Stanley Kubrick, 1980). Aunque tal vez sea el rostro de Jack Nicholson asomando por la rendija de una puerta astillada, previo hachazo, lo que mejor recordemos de este escalofriante film, conviene no pasar por alto que se trata de una narración absolutamente condicionada por los espacios en los que se mueven (y de los cuales tratan de huir) los personajes que la protagonizan. Hay un hotel aislado e incomunicado, cubierto de nieve, que se mimetiza con el entorno de la montaña hasta desaparecer; hay un interior formado por habitaciones numeradas, cada una con un secreto a punto de ser desvelado, alguna inundada por líquidos de todo tipo y condición; hay pasillos, larguísimos corredores enmoquetados con dibujos geométricos que marean y confunden, hay cámaras frigoríficas llenas, hay salones de baile vacíos… para fijarse un poco más.

-El vientre del arquitecto (The Belly of an Architect, Peter Greenaway, 1987). Obra inspiradora y punzante que Greenaway dedica al mundo de la arquitectura, sin rodeos aunque casi sin argumento. Comparación de la urbe y sus orígenes, con las vísceras estomacales del ser humano constructor. Rendido homenaje a la creación artística y a sus efectos en la sociedad que la valora en mayor o menor medida. Una película que se articula en imágenes que logran la armonía gracias al encuadre perfecto. Roma vista por un experto estético.

-Cube (Vincenzo Natali, 1997). Una película que juega con el espectador al mismo nivel que con los protagonistas, que parte del desconocimiento absoluto y va avanzando poco a poco hasta revelar claves que conducen a la solución definitiva, capaz de salvar el pellejo a quien logre alcanzarla (o no). Cube dibuja un escenario empíricamente improbable, aunque matemáticamente posible, combinando superficies y estancias en forma de hexaedro. Un puzzle argumental y visual que abunda en la naturaleza humana y en su bondad/maldad original.

-En construcción (Jose Luís Guerín, 2001). Documental que acerca a los no expertos en materia constructiva, hasta las raíces del oficio, poniendo como pretexto la conversión y reedificación del barrio chino de Barcelona, en el actual y moderno Raval. Como casi siempre, la clave la dan las personas que lo habitan.

-Los increíbles (The Incredibles, Brad Bird, 2004). Con esta inocente y divertida fábula sobre la marginación y la alienación social, Pixar volvió a dar en el clavo en niños y grandes. Los increíbles cuida hasta el menor de sus detalles en cuanto a la ambientación y la recreación de escenarios, todos pertenecientes a la década de los 60 y claramente americanos. Un catálogo de viviendas y mobiliario futurista-vintage que ha sido estudiado mucho.

-Ratatouille (Brad Bird, 2007). Ratones, comida y la ciudad de París perfectamente retratada, reproducida con rigor desde el punto de vista de una rata. El alcantarillado de la ciudad del amor nunca se vio tan fielmente dibujado y animado.

-Sleuth (Kenneth Branagh, 2007). Vuelta a la obra de teatro de Anthony Shaffer, originalmente adaptada para la película de Joseph L. Mankiewicz (La huella, 1972) y que aquí Harold Pinter, reconvierte en otro escenario arquitectónicamente mucho más interesante. Por ser un puro juego de apariencias y disfraces, esta versión moderna aprovecha las posibilidades de la mansión en que se encuentran los protagonistas, con cada lucerna, escalera y trampilla. Invitamos a comparar las dos.

-Medianeras (Gustavo Taretto, 2011). Cine argentino con actriz española en la piel de una arquitecta que trabaja de escaparatista. Pilar López de Ayala nos da una lección, no sólo de acento (parece porteña auténtica) sino también de distribución y edificación urbana.

Para quien se haya quedado con ganas de más, puede visitar este espacio.

Texto: María López Villarquide