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NADA ES PARA SIEMPRE
Categoría: ARTE

NADA ES PARA SIEMPRE

Queridos lectores

El equipo de DOZE Magazine, tras cuatro años y medio en el sector editorial, se despide de todos vosotros entre sonrisas y lágrimas. Lágrimas porque dejamos de informaros diariamente y sonrisas porque esta experiencia ha sido una de las más gratificantes de nuestras vidas.

Corren tiempos difíciles y las oportunidades para seguir a flote son tan escasas que hemos decidido paralizar este proyecto para embarcarnos en otros cuya viabilidad sea, valga la redundancia, viable.

Queremos agradecer a nuestros lectores el apoyo incondicional y el cariño con el que nos habéis arropado durante todo este tiempo, y a todos los profesionales que han hecho de DOZE un medio de información cultural de calidad. 

 

DAVID CATÁ. Todo en esta vida es efímero.
Categoría: TV

DAVID CATÁ. Todo en esta vida es efímero.

Dentro de la feria Jääl Photo, DOZE Magazine tuvo la oportunidad de entrevistar a una de las jóvenes figuras que están dibujando el nuevo retrato del arte español. David Catá ha conseguido abrirse hueco en el circuito del arte y lo que es más significativo, invitarnos a la reflexión mediante una poética personal afinada. 

 
 

Historias sobre el final de los tiempos

Cuando ya han transcurrido los tres primeros meses del temido 2013 y estamos todos hartos de oír profecías y  reinterpretar escrituras ancestrales, va y se estrena una película española que trata nada menos que de ese último cachito de tiempo antes de que todo se vaya al traste definitivamente. Los últimos días (Álex Pastor y David Pastor, 2013) cuenta cómo la población de Barcelona, pierde la cabeza cuando se avecina el apocalipsis.

Pero no ha sido la única. Repasemos.

Tal vez alguno se acuerde de la vez en que Michael Haneke nos contó, con el amargor que le caracteriza, que aunque una familia se prepare para lo peor, si el mundo se acaba no hay reservas suficientes ni espacios estancos en donde puedan respirar y sobrevivir. El tiempo del lobo (2003) nos heló la esperanza a todos, nos quitó las ganas de creer en nuevas oportunidades y salvación redentora alguna. El típico palo cinematográfico del austríaco. Un buen palo.

Y uno se pregunta el porqué de insistir tanto en lo que sucederá para ese día, uno se plantea si es posible que tanta historia sobre el asunto, en el fondo no haga más que teorizar acerca de los errores de los humanos en su día a día habitual, sin amenazas ni temores que cuando “le ven el culo a la mona” echan a temblar y se arrepienten de todo y más.

Para los que así lo suponen, se estrenó The Road (John Hillcoat, 2009) que, adaptando la novela de Cormac McCarthy, nos decía a todos que, aun en las peores circunstancias, en los momentos extremos de desesperación hay que seguir inculcando buenos valores a nuestros hijos, que si no pasa lo que pasa.

Un año antes, A ciegas (Blindness, 2008) otra adaptación (en este caso de la novela Ensayo sobre la ceguera de José Saramago) ponía a Julianne Moore al mando de un grupo de infelices que se quedan ciegos repentinamente, que no tiene guía y que deambulan por la gran ciudad en busca de alimento, matándose entre ellos por avanzar hacia algún sitio. El brasileño Fernando Meirelles firmaba esta historia que era blanca como la ceguera descrita por Saramago, luminosa y clara hasta el deslumbramiento definitivo y radical. Después no había nada más.

Alfonso Cuarón también hizo su particular contribución a la causa apocalíptica con su cinta Children of Men (Hijos de los hombres, 2006) que, igualmente, se basaba en la novela homónima de P.D. James. En ella los humanos se han vuelto infértiles y hay que proteger a toda costa al único bebé que ha nacido, evitando que muera en medio de una guerra mundial que no tiene trazas de acabar nunca. Un bonito panorama, pintado con los colores típicos: gris, marrón, verde y azul… bien frío y sucio todo, como si se quisiera advertir a alguien del sitio al que algún día futuro podría llegarse, si no se tiene cuidado con lo que se hace a tiempo presente.

A veces, se escogen colores más cálidos y cercanos al calorcito solar, al amarillo que abrasa la piel cuando impacta en forma de meteorito. Así lo hizo F. Javier Gutiérrez con 3 días (2008) otra manera de decir que si se acaba el mundo, lo mejor es dejarlo todo atado y bien atado antes de saltar por los aires. Un meteorito va impactar contra la Tierra y en el pueblo de Laguna todavía quedan personajes que prefieren luchar como héroes antes de enfrentarse al final definitivo. Víctor Clavijo agarraba la escopeta y se dejaba la piel por proteger a su familia.

En el 2011 se estrenaron otras dos películas sobre el final y el principio de todo, sobre la llegada de lo inesperado y destructor por una parte y el impacto de lo que se espera y se teme por otra. Es el caso de Perfect sense (David Mackenzie) y Melancholia (Lars Von Trier) respectivamente. Obviando las circunstancias y a sabiendas de que el señor Von Trier es tan suyo que no haría jamás una película lo suficientemente clara y sencilla como para que la entendiese todo el mundo, Melancholia se dejaba caer sobre el motivo del fin del mundo, mezclando otros asuntos y simbologías, su cinta era visualmente espectacular e impactaba cual planeta desbocado en la retina de sus espectadores. Que cada uno leyera en ella lo que mejor le pareciese.

Perfect Sense en cambio, era clara y directa, se iba descomponiendo minuto a minuto como la percepción sensorial de sus dos protagonistas, Eva Green y Ewan McGregor que simplificaban tanto que, en pleno apocalipsis, acababan privados de todos sus sentidos excepto uno, el más perfecto de todos.

Por cambiar un poco de ánimos, Lorene Scafaria apareció con una comedia bajo el brazo, tomándose a cachondeo el asunto del final de los días: Seeking a Friend for the End of the World (2012) contaba que si se iba a ir todo al garete, era mejor hacer el bien y pasárselo mejor con amor, mucho amor. Keira Knightley y Steve Carrell pasando el rato en un planeta con fecha de caducidad inminente.

Y por fin llegamos a una reciente española y no demasiado exitosa pese al esfuerzo de sus guapos intérpretes: Fin (Jorge Torregrossa, 2012) tomaba la novela del mismo título de David Monteagudo y la pasaba por el tamiz del “quiero y no puedo” habitual en nuestro cine patrio de los últimos años. La historia tenía miga y se leía estupendamente, enganchaba, avanzaba y llegaba a un punto en el desenlace, en el que cualquier cosa que nos contaran iba a quedarnos bien. Sin embargo la película se pasó de la raya y acabó convertida en un caos de acción inexplicable y difícil de creer.

Texto: María López Villarquide