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NADA ES PARA SIEMPRE
Categoría: ARTE

NADA ES PARA SIEMPRE

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DAVID CATÁ. Todo en esta vida es efímero.
Categoría: TV

DAVID CATÁ. Todo en esta vida es efímero.

Dentro de la feria Jääl Photo, DOZE Magazine tuvo la oportunidad de entrevistar a una de las jóvenes figuras que están dibujando el nuevo retrato del arte español. David Catá ha conseguido abrirse hueco en el circuito del arte y lo que es más significativo, invitarnos a la reflexión mediante una poética personal afinada. 

 
 

Danny Boyle y la locura millonaria

Los que alguna vez hayan sentido la presión de un recuerdo deformante contra el cogote, probablemente hayan encontrado en el cine de Danny Boyle (Manchester U.K. 1956) más de una compensación comprensiva ante tal estado de ánimo“vaya, esto que me cuentan ya lo he vivido, lo entiendo, lo comprendo… no estoy pirado (o no tanto como yo pensaba)”.

Los que alguna vez hayan confundido experiencias soñadas con otras realmente vividas, y visiones estupefatípicas con otras claras, diáfanas, sobrias y reposadas, están de enhorabuena: Boyle estrena película este próximo mes de abril y, para no variar, será un lujo para los sentidos (visuales sobre todo).

¿Buscando compañeros de piso y flipando con las entrevistas? Ahí tenemos Shallow Grave (Tumba abierta) su primer largometraje del año 1994. En ella se contaban las experiencias caricaturescas y no del todo irreales de tres compañeros que buscaban al cuarto inquilino para su piso y acababan tratando de deshacerse de su cadáver a la desesperada mientras peleaban por una maleta llena de dinero.

Porque el dinero, aunque no da la felicidad, en las pelis de Boyle suele llegar inesperadamente y contribuir en gran medida a complicarles las cosas a sus personajes.

Con su segunda película logró cubrirse de gloria gracias a una de las escenas más llenas de mierda del acervo cinematográfico anglosajón de las últimas décadas. La inmersión fue literal: Ewan McGregor (por entonces protagonista perpetuo en su cine) se zambullía en un wc costroso, presa de la necesidad fisiológica más básica a consecuencia de un síndrome de abstinencia que lo traía de cabeza. Trainspotting (1996), que se basaba en una novela de Irvine Welsh no menos repleta de datos, historias y descripciones de los efectos de la heroína en la juventud de la época, convirtió a Renton y a sus colegas en iconos escoceses de una generación de yonkis universal.

Su tercera colaboración con Ewan McGregor llegó en el año 1997 y se llamó A Life Less Ordinary (Una historia diferente). Junto a él relucía Cameron Diaz y, aunque se pasaban la mayor parte de la película discutiendo, todos sabíamos que acabarían dándose el lote, que tan diferente no era: una pija, un secuestro, un par de ángeles con un encargo entre manos, mucho frenazo y mucho primer plano deformante en ojo de pez, porque al de Manchester eso le gusta más que a un tonto un lápiz. Las cosas como son.

Y luego se estrenó The Beach (La Playa) sobre los cimientos del best-seller de Alex Garland y rodeada de toda la polémica posible, porque a McGregor lo dejó de lado la productora y escogió en su lugar a Leonardo DiCaprio como protagonista, que les iba más a las jovencitas de entonces. Además, diversos grupos ecologistas acusaron al equipo de rodaje de poner en peligro el ecosistema de media isla Tailandesa llamada Phi Phi. Tras todo ese circo, la peli nos dejó a muchos a medias y, aunque entraba por los ojos cual fondo de pantalla con tanta arena blanca y simulación de videojuego, tampoco dio para más.

Con el cortometraje Alien Love Triangle (2002) Boyle daba a Kenneth Branagh y a Courtney Cox la difícil tarea de contarnos que su matrimonio se venía abajo cuando él descubría que ella era un extraterrestre transformado en mujer, con otra esposa (Heather Graham) esperándole en el planeta Nulark. Uno nunca sabe las vueltas que puede dar su vida en pareja, desde luego.

Y quién lo iba a decir, pero sus 28 Days Later (2002) dieron lugar a una secuela dirigida por el español Juan Carlos Fresnadillo (28 Weeks Later, 2007) y hasta una novela gráfica del mismo título que, a día de hoy, con tanto muerto caminante y serial televisivo inacabable, parece que no nos sorprende, pero en su momento, Cillian Murphy solito y desamparado despertando en un hospital de Londres y sin saber que el planeta estaba infestado de rabia (no de la de cabreo, sino de la otra) fue espectacular.

Millions (Millones, 2004) trajo de nuevo a colación el tema de la pasta encontrada inesperadamente, en este caso por un mocoso con mucha imaginación y mejores intenciones hacia su prójimo:

La excusa ideal para jugar con los retoques digitales en cada plano y cada encadenado de secuencias. Puro Boyle.

En 2007, Sunshine ponía a un nutrido grupo de muchachos guapos presurizando y despresurizando allí arriba en el espacio, porque el sol se apagaba y había que encenderlo. Un revisión de la vieja historia del “octavo pasajero” malo, oculto en la tripulación y las odiseas espaciales con computadora parlantes que, a cada explosión y cada destello solar, bien valía el precio de la entrada de cine.

Y como suele pasar a menudo en esto del cine y sus galardones, resultó que el Oscar le llegó por la más convencional de sus historias, la menos poderosa visulamente: Slumndog Millonaire (2008) que introducía al espectador en el mundo de los suburbios indios y en el reino de las casualidades millonarias (o los destinos). Los colores, los de una revista de viajes en alta resolución.

La angustia real de Aron Ralston, un excursionista que se tuvo que amputar el brazo a sí mismo al quedarse atrapado entre dos rocas, en un parque natural de Utah durante tres días, se contó en 127 hours (127 horas, 2010) una peli que, aunque duraba algo menos, al espectador le resultaba de lo más empático y veraz. Se echaba en falta la exuberancia visual a la que nos tenía acostumbrados, pero se lo dejamos pasar, por ser la adaptación de una novela-testimonio tan terrible y descarnada, literalmente.

El año pasado, Danny Boyle se comió solito la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Londres, en un festín simbólico que muchos se empeñaron en interpretar con desmesurado interés puesto en la Élite Mundial, no solo deportiva sino también económica y religiosa.

Y a la espera estamos de su próxima cinta, Trance, con un argumento original en el que James McAvoy pierde la memoria y la recupera cuando mejor le conviene, para poder llevar a cabo su plan de robo de un cuadro millonario, por supuesto.

Texto: María López Villarquide