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NADA ES PARA SIEMPRE
Categoría: ARTE

NADA ES PARA SIEMPRE

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El equipo de DOZE Magazine, tras cuatro años y medio en el sector editorial, se despide de todos vosotros entre sonrisas y lágrimas. Lágrimas porque dejamos de informaros diariamente y sonrisas porque esta experiencia ha sido una de las más gratificantes de nuestras vidas.

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DAVID CATÁ. Todo en esta vida es efímero.
Categoría: TV

DAVID CATÁ. Todo en esta vida es efímero.

Dentro de la feria Jääl Photo, DOZE Magazine tuvo la oportunidad de entrevistar a una de las jóvenes figuras que están dibujando el nuevo retrato del arte español. David Catá ha conseguido abrirse hueco en el circuito del arte y lo que es más significativo, invitarnos a la reflexión mediante una poética personal afinada. 

 
 

El negocio más antiguo

Sabemos que el oficio más antiguo del mundo no es precisamente comprar y vender cosas, sino cuerpos y servicios. La prostitución acompaña al hombre desde que existe en relación a los demás y se aparea: se busca, se encuentra, se fornica y se paga. Además de Julia Roberts en Pretty Woman (Garry Marshall, 1990), a lo largo de los años ha habido unas cuantas muestras de cómo contar la prostitución en una pantalla de cine.

Rebuscando en los orígenes, encontramos un clásico del blanco y negro que merece la pena rescatar y/o descubrir: El Placer (Le Plaisir) de Max Ophüls (1952) lo componen tres historias basadas en otros tres relatos de Guy de Mupassant. El titulado “La casa Tellier” se ambienta en un pueblo de la costa francesa, en el siglo XIX y en él los clientes habituales de un burdel se llevan la sorpresa de su vida cuando acuden a su cita semanal y descubren que el negocio está cerrado porque se celebra la primera comunión de la sobrina de la patrona.

En 1963, Billy Wilder da una nueva lectura a la típica historia de amor, contando como protagonistas infalibles con Shirley MacLaine y Jack Lemmon: Irma la Douce (Irma la dulce) es la más perfecta y adorable representación de la historia de siempre, con la inocencia y alegría que uno jamás esperaría encontrar en el mundo del proxenetismo y el comercio sexual de París. Números musicales inolvidables.

E igual de imborrable en nuestra memoria es y será siempre el justiciero social al que interpretaba Robert De Niro en Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976) el mismo que quería sacar de la calle a la todavía adolescente Jodie Foster, cargándose a quien tuviera que hacerlo si osaba dirigirle la palabra (“are you talking to me?”).

Pero De Niro no fue en pantalla el único macho defensor de la libertad de las prostitutas. Existió en el año 1992 otro buen ejemplo ambientado en el Far West: Sin Perdón. Dirigida y protagonizada por Clint Eastwood, nos contaba cómo el ya retirado pistolero William Munny, ejercía de cazarecompensas improvisado para ganarse unos dineros y sacar a su familia adelante. Debía encontrar y matar a los que dejaron desfigurada a golpe de cuchillo a una de las chicas que trabajan en la casa de citas del distrito.

Con Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto (1995) Agustín Díaz Yanes hablaba de mafia y corrupción, colocando a Victoria Abril en el papel de una prostituta con la mala pata de estar en medio de donde no debiera, huyendo de los malos e implicada en crímenes que nunca hubiera deseado. El papel de su vida, probablemente.

Para ese mismo año, Woody Allen escoge también el mundo de las chicas de alterne y nos cuenta con ese humor intelectual tan característico suyo, y con la ayuda del teatro griego, que las mujeres más burras pueden parir a los niños más inteligentes. Mira Sorvino se llevó el Oscar por poner voz gangosa y enseñarnos a todos que haciendo de prostituta no hay quien le gane.

Báilame el agua (Josecho San Mateo, 2000) vino a colarse en las pantallas españolas en una época en la que todos nos acordábamos de sus protagonistas por haber sido personajes de la serie-de-después-de-comer preferida de los estudiantes en este país (Al salir de clase). Unax Ugalde y Pilar López de Ayala cruzaban la frontera del romanticismo bohemio en esta historia de poesías y necesidades alimenticias, adicciones y prostitución, por supuesto. A los dos jóvenes de esta cinta les iba fatal en la vida y acababan tirados por las calles de Madrid, sufriendo y peleando por una papelina o un trozo de pan.

También en las calles de Madrid, pero esta vez con un tipo de realismo más fantasioso envolviéndolo todo, Fernando León de Aranoa rodaba Princesas (2005), una fábula que mostraba a dos profesionales de la calle viviendo en su mundo de comercio físico y orgullo roto. A Candela Peña y a Micaela Nevárez, su compañera de reparto, las premiaron con el Goya y, aunque no todos los que la vieron coinciden en la valorarla con generosidad, lo cierto es que es una película más del director español que más y mejor sabe contar cuentos a partir de dramas sociales.

Aprovechando los asesinatos sucedidos en el barrio de Ipswich, Inglaterra en el año 2006, la cadena BBC estrena una mini serie de tres capítulos titulada Five Daughters (2010). El argumento recuperaba la trágica desaparición de cinco prostitutas que trabajaban a pie de calle en dicho distrito de Suffolk, a cambio de droga. El dramatismo del relato se veía acentuado por un tipo de fotografía en colores helados y unos rostros de los personajes demacrados, ansiosos y casi muertos en vida.

Otra serie interesante sobre el tema, aunque en un contexto nada parecido, tuvo lugar también de la mano de la BBC, con The Crimson Petal and The White. Una aventura en pleno burdel de la época de Jack el destripador, en Londres.  Basada en una novela igual de espectacular y apasionante (Pétalo carmesí, flor blanca, Michel Faber, 2002) este relato conduce al espectador a través de los terciopelos y las enaguas de prostitutas del 1800, para quienes las enfermedades venéreas y las anemias eran como el pan “suyo” de cada día.

En 2011, Bertrand Bonello retoma el hilo del prostíbulo de lujo contado para el cine y estrena L’Apollonide. Souvenirs de la maison close. La película se centraba en un burdel exquisito del siglo XIX y en las historias personales de cada una de sus empleadas, prostitutas bellísimas de blanca palidez y aunque pocas prendas encima, las que llevan, maravillosas. De nuevo la venganza, la enfermedad, las aspiraciones y los sueños rotos de unas muchachas que venden su juventud a cambio de una vida dentro de la “maison”.

Y por último, por hablar de una cinta reciente que aunque toca el asunto de la prostitución algo sutilmente, resulta de una crueldad brutal, destacamos Detachment (El profesor, Tony Kaye, 2011). En ella,  el director de aquella joya titulada American History X (1998) propone a Adrien Brody como protagonista que acoge en su apartamento a una niña que lo asalta en plena calle vendiendo sus servicios y ofreciendo su cuerpo a cambio de algo de dinero. La historia de Detachment tira por otros derroteros, más centrados en la falta de esperanzas e ilusiones por la enseñanza y la vida, en general, pero regala con el personaje de Erica una pintura tristísima de la máxima degradación a que puede verse sometido un ser humano, antes siquiera de convertirse en adulto.

Texto: María López Villarquide