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NADA ES PARA SIEMPRE
Categoría: ARTE

NADA ES PARA SIEMPRE

Queridos lectores

El equipo de DOZE Magazine, tras cuatro años y medio en el sector editorial, se despide de todos vosotros entre sonrisas y lágrimas. Lágrimas porque dejamos de informaros diariamente y sonrisas porque esta experiencia ha sido una de las más gratificantes de nuestras vidas.

Corren tiempos difíciles y las oportunidades para seguir a flote son tan escasas que hemos decidido paralizar este proyecto para embarcarnos en otros cuya viabilidad sea, valga la redundancia, viable.

Queremos agradecer a nuestros lectores el apoyo incondicional y el cariño con el que nos habéis arropado durante todo este tiempo, y a todos los profesionales que han hecho de DOZE un medio de información cultural de calidad. 

 

DAVID CATÁ. Todo en esta vida es efímero.
Categoría: TV

DAVID CATÁ. Todo en esta vida es efímero.

Dentro de la feria Jääl Photo, DOZE Magazine tuvo la oportunidad de entrevistar a una de las jóvenes figuras que están dibujando el nuevo retrato del arte español. David Catá ha conseguido abrirse hueco en el circuito del arte y lo que es más significativo, invitarnos a la reflexión mediante una poética personal afinada. 

 
 

“En los momentos más chungos, el dibujo me ha dado la vida”

En Una risa nueva, recopilación de ensayos sobre la comedia actual coordinada por el crítico de cine Jordi Costa, el historietista Darío Adanti definió el humor como “la síntesis de la dinámica del fracaso”, ya sea este último provocado por los elementos (slapstick), los usos sociales (costumbrismo) o la razón (surrealismo). No obstante, el autor argentino fue todavía un poco más allá y se atrevió a profundizar en el escurridizo concepto del post humor, según el cual esa dinámica del descalabro ya no existe, porque el fracaso ha sido previamente consumado. Es decir, “estamos fracasados” y, de alguna forma, sentimos empatía con nuestra propia debacle (Quiero a todos los animales… incluida mi novia).

Partiendo de esta base, la obra del humorista gráfico Juan Manuel López, “Juarma”, sería la representación efectiva del fracaso del ser humano como especie. Sus viñetas hablan de héroes sociales o de los individuos más estigmatizados, pero todos y cada uno de ellos se reducen finalmente a los elementos más absurdos (y representativos) de su triste existencia. Este amplio abanico de personajes provoca, además, una risa culpable, ya que cualquiera de nosotros se puede ver reflejado en las historietas del autor, uno de los más cáusticos del panorama nacional.

A lo largo de su aún incipiente carrera, Juarma (Deifontes, Granada, 1981) ha sabido capturar las esencias de la estupidez en multitud de fanzines, muchos de ellos autoeditados (¡Viva Rumania!, Chupando tarjetas, Mujeres y copas) y otros cuantos que vieron la luz a través de editoriales como Cretino o Ultrarradio (Carita de gitano con SIDA, ¡Noches de mdma y rosas!, Lo pitbull ), conformando así una extensa bibliografía que ahora se completa con Todos los poemas hablan de ti / Sois todos tontos, un tebeo realizado de manera conjunta con otro gran amante de la incorrección política, el dibujante valenciano José Tomás.

En esta entrevista con DOZE Magazine, Juarma lleva a cabo un pormenorizado análisis de sus planteamientos creativos y personales, mostrando la cara más desconocida de un tipo que desnuda nuestras miserias con la precisión del mejor de los cirujanos.

DOZE Magazine: Pensaba que residías en Granada…
Juarma: En octubre me mudé a Jaén con mi novia, que iba a hacer un máster, y ahora estoy en esta ciudad que a veces me da ganas de tirarme por la ventana. Nací en Deifontes, pero con 18 años me fui a Granada para estudiar y luego me quedé por allí trabajando. Sigo yendo mucho por el pueblo, pero se podría decir que no soy de ninguna parte. Como Manu Chao.

DM: ¿Cuánto tiempo viviste en Granada?
J: Unos doce años, hasta que decidimos venirnos a Jaén. No sé si has estado alguna vez…

DM: Tengo amigos que han estudiado allí.
J: La universidad está muy bien. Tiene todas las facultades juntas en el mismo campus, mientras que en Granada están más dispersas. La ciudad es bonita, pero luego es un sitio muy pequeño y no encuentro nada que hacer. Incluso me cuesta encontrar los materiales que utilizo cuando dibujo, como rotuladores, papel reciclado para fotocopiar los fanzines o bolsas con cierre hermético. A veces esta ciudad es un agujero negro… En fin, supongo que todos los cambios son así.

DM: ¿Os habéis mudado para mucho tiempo o sólo hasta que tu novia acabe el máster?
J: En principio hasta que ella termine, pero ahora estoy parado, buscando trabajo, y teniendo en cuenta lo deprimente que está el tema, tampoco sé muy bien qué pasará el día de mañana. Me dedico a hacer el tonto y espero encontrar pronto una ocupación.

DM: ¿Es verdad que alguna vez estuviste en Francia haciendo la vendimia?
J: Sí, desde los catorce años. Mucha gente piensa que lo digo de broma, pero me he pagado los estudios yéndome a la uva y a la aceituna. Es más, mi último empleo fue en diciembre, cuando estuve en los olivos de Deifontes. También he trabajado en la hostelería, en la construcción… Haciendo de todo y haciendo nada, porque mira para lo que me ha servido.

DM: Estudiaste Filología Hispánica, ¿nunca has tenido la oportunidad de ser profesor o algo por el estilo?
J: Cuando he tenido dinero no tenía la cabeza amueblada, y cuando tenía la cabeza amueblada no he tenido dinero. A veces he sido un poco viva la virgen. Hace tres años estuve unos meses preparándome unas oposiciones, pero tampoco era una cosa que me gustara demasiado y, además, no podía compaginarlo con mi trabajo. Igual me lo planteo la próxima vez que se convoquen, porque tal y como está el percal…

DM: Por otro lado, creo que también te habría gustado ser periodista.
J: Desde chico. No entré a Periodismo porque estaba en Francia en la vendimia y no pude echar la matrícula en la Universidad de Málaga, así que le pedí a un amigo que me apuntara en Filosofía. Me fue fatal y, un año más tarde, me cambié a Hispánicas. Pero mi sueño era ser periodista deportivo, porque me gustaba mucho el fútbol. Creo que aprendí a leer con las crónicas de los partidos que venían en el periódico.

DM: ¿Las del Marca?
J: No, las del Ideal de Granada, porque mi abuelo estaba suscrito. Me daban un saco de periódicos viejos y podía tirarme las horas muertas leyendo las noticias. Menos mal que no acabé en Periodismo, porque ahí la cosa también está muy jodida, pero es una espina que tengo clavada. Creo que es una de las profesiones más bonitas que existen y, de hecho, antes tenía una revistilla en la que hacía entrevistas y me lo pasaba muy bien, porque aprendía un montón.

DM: El otro día, en Twitter, hablabas con José Tomás sobre una historia de fútbol que teníais entre manos.
J: En un principio, el fanzine que acabamos de sacar iba a ser sobre fútbol. No en plan forofo o crítica feroz, sino algo de humor relacionado con el fútbol, que está un poco mal visto. No sé muy bien qué pasó, pero al final lo dejamos aparcado. A ver si  podemos retomar la idea y sacar algo más adelante.

DM: ¿Crees que el fútbol sigue estando mal visto?
J: Sí, sobre todo en el ámbito cultural. El fútbol, ya sea verlo por la televisión o practicarlo, es muy divertido, liberador y bueno para el cuerpo y para la cabeza. Una de las cosas de las que más me arrepiento es haber dejado de jugar al fútbol, y eso que era más malo que pegarle a un padre con un calcetín. No lo considero para nada como un deporte para descerebrados; de hecho, a veces los antifútbol me parecen más descerebrados que los futboleros.

DM: Además, el balompié es una fuente de relatos maravillosos.
J: Hace tiempo leí una revista en la que se contaban historias de los primeros mundiales, y una de ellas hablaba de la selección de Yugoslavia que participó en el Mundial de 1930. Contaba anécdotas del viaje y de cómo intentaron emborrachar a los jugadores para que perdieran su partido de semifinales contra Uruguay. Te pones a leer cosas así y disfrutas una barbaridad, incluso desde un punto de vista literario. A mí me fascina, pero hay mucha gente que se corta de hablar de fútbol. De hecho, la idea del fanzine de fútbol con José Tomás se nos ocurrió porque otro dibujante, Bernal, nos dijo de broma que cuidado con hablar de la pelota, que quedaba feo.

DM: Hace poco entrevisté a Pablo Ríos, el autor de 'Azul y pálido', y me dijo que su próximo cómic tratará sobre fútbol.
J: Al final se va a saturar el mercado (risas). Me parece genial, porque es un tema que no está explotado. El otro día vi que se había publicado un cómic de Eto’o y en la portada sale un negro que podría ser cualquiera menos Eto’o. Quién sabe, igual funcionan este tipo de obras.

DM: José Tomás y tú haciendo humor sobre el fútbol... Me da miedo pensar lo que puede salir de ahí, porque ya conozco el chiste que hiciste sobre Guti o el del hijo de Vicente del Bosque…
J: ¡Hostia, de ese ya no me acordaba! También hice uno sobre Allan Nyom, el lateral del Granada, y salió una noticia en el periódico diciendo que el jugador se había puesto a buscarme y todo.

DM: ¿Cómo?
J: Estaba en la aceituna el año pasado y me llamó mi hermano para contármelo. Al principio pensé que me habían puesto una denuncia, pero luego fue todo una cosa de los periodistas del Ideal, que no sabrían muy bien que contar por el parón navideño y sacaron de titular un “Nyom busca al dibujante que le ha hecho un cómic”. Por lo visto, el tío se puso a buscarse a sí mismo en Google, dio con el chiste y lo colgó en su Facebook porque le hizo mucha gracia.

DM: ¿Y te encontró?
J: Hablamos una vez. Yo esperaba que me regalase una camiseta o un par de entradas, pero la cosa quedó en nada. Todo fue una coña del periódico, pero al tipo le gustó mi chiste. El del hijo de Del Bosque, en cambio, sí tuve que quitarlo de Internet.

DM: Es el chiste que le recomiendo a todas las personas que aún no te conocen.
J: Pues me dejas un poco cortado, porque es de los chistes de los que menos orgulloso me siento. Mucha gente se toma las cosas a la tremenda, sobre todo en Internet, y creen que el humor va contra algo o contra alguien. Tienes que andarte con mucho cuidado. Desde hace un tiempo, mis chistes más brutos no los cuelgo en la Red. Lo evito y es una cosa que me fastidia bastante, porque cuando abrí el blog hace unos años podía poner lo que me diera la gana, mientras que ahora muchas veces me montan unos debates…

Hace unas semanas colgué un chiste que había dibujado para El Jueves en el que decía que todos somos corruptos, no sólo las elites, y en un momento aquello se llenó de opiniones de gente que nunca se ha leído uno de mis chistes, con unas parrafadas, unas argumentaciones… ¡Joder, es sólo un chiste, y yo no tengo la culpa de que todo sea un desastre! La gente tiene necesidad de comentar y criticar por vicio; al final lo reducen todo al forofismo, te juzgan como persona, pontifican sobre tu vida y acaban insultándote y diciendo que ellos lo harían mejor. En mayo saco un nuevo libro y hay un par de páginas que no sé si incluiré, porque me cansa esa alegría con la que muchos te malinterpretan y te crucifican.

DM: Hace poco tuviste un follón de los gordos en Menéame.
J: Sí, menudo linchamiento… Tampoco he querido hablar mucho del tema, pero fue desagradable y me perjudicó bastante. Me putearon a base de bien sacando de contexto una broma privada. Pero bueno, luego te ríes con todas estas historias. La vida es así. Eso también lo sabéis los periodistas, el cuidado que hay que tener según las cosas que escribáis.

DM: ¿Tienes algún límite a la hora de hacer humor?
J: Al hacerlo no, pero sí al publicarlo. Para mí, los límites del humor están donde acaba el chiste. Un chiste es un chiste, no tiene mucho sentido tener que explicarlo siempre. Estoy en el paro y casi en la exclusión social, pero dibujo muchos chistes sobre eso porque me libera reírme de mi propia situación. Comprendo que a mucha gente no le haga ni puta gracia, pero eso es el humor: libera y, a veces, también molesta. A mí no me gusta ser amable con los lectores, aunque en ocasiones debes tener en cuenta lo que publicas y dónde lo publicas.

DM: Al margen de los autoeditados, tus fanzines también han salido a través de Cretino y Ultrarradio, y ahí supongo que no te habrán puesto ninguna clase de trabas…
J: Ninguna. He publicado cosas muy tabús y nunca me han puesto pegas. ¡Joder, si hasta me sacaron un tebeo que se titulaba El orgullo de ser nazi ! Ahora estoy dibujando un nuevo fanzine y hay una página que se llama “Chicas que dibujan tebeos”, y le estoy dando muchas vueltas a lo de publicarla, porque no tengo ganas de que luego me encasillen o me juzguen por una cosa que me parece divertida y que no pretende ser un ataque contra nada ni contra nadie. Es sólo un chiste. A veces, al publicar, me preocupa un poco el qué dirán, como las viejas, y eso es consecuencia del Internet de forofos que tenemos en la actualidad.

DM: ¿Crees que se está perdiendo el sentido del humor?
J: Sí, en Internet somos un poco subnormales. Además, con las redes sociales, cada vez estamos más expuestos, se diluyen un poco las fronteras entre lo público y lo privado y la gente confunde muchas cosas. Te linchan en un periquete y te ponen una cruz. Me cansan los justicieros de Internet.

Por otro lado, ahora mismo hay muchas personas en paro o sometidas a unas pésimas condiciones laborales, desesperanzadas, furiosas y hastiadas, y sueltan su frustración contra lo primero que pillan. Y la cultura es lo más débil y fácil de atacar. Esto antes no era así en absoluto. No es que hubiera muchísima libertad, pero sí que había más margen para el humor.

DM: Hablas de sobreexposición en las redes sociales, pero tú siempre has actuado de la forma contraria. De hecho, hasta hace bien poco no se podía encontrar ni una sola fotografía tuya en la Red.
J: Intento separar un poco lo personal de lo profesional. Cuando trabajo, mis compañeros siempre me están diciendo que no hablo nada de mí, pero luego no paro de contar batallitas y chorradas cuando estoy con mis amigos. En Internet, cuando soy Juarma, sólo estoy por los dibujos, porque me gusta y necesito compartirlos, pero yo no soy los dibujos o las frases que pongo en las redes sociales. Mucha gente siente la necesidad de mostrarse continuamente, definirse por las cosas que le gustan, opinar hasta de aquello de lo que no saben… Muchos piensan que soy, defiendo o creo las cosas que salen en mis chistes, y eso me resulta un poco nocivo.

DM: ¿Te consideras un provocador?
J: No. Es verdad que antes mis dibujos podían resultar provocadores, pero también hay que tener en cuenta que pocos hacían ese tipo de humor. Ahora, con Twitter, estamos más acostumbrados a esta clase de chistes brutos, al humor negro y bestia. No me considero un provocador, pero mi forma de hacer las cosas sí puede haber sido provocadora, como el haber rechazado muchísimas propuestas, la agresividad que muestro en las entrevistas o mi forma de actuar en algunos eventos.

Hace unas semanas me montaron una exposición, y en la inauguración vacié un extintor y acabé peleándome con el tipo de seguridad. No creo que muchos dibujantes actúen así y, en ese sentido, mi conducta sí puede ser provocadora. Si me tuviese que poner una etiqueta, creo que sería “consecuente”, porque siempre intento ser el mismo. Además, ¿a qué llamamos “provocar”? Mis chistes actuales son muy poéticos y, sin embargo, me parecen más provocadores que los que hacía antes, en el sentido de que pueden provocar más enfado, risa, sorpresa o reflexión que otros de apariencia más cruda.

DM: Pero entonces, cuando te sientas delante del folio en blanco, ¿en qué piensas?
J: Soy una persona con mucha rabia interior, es algo que me pasa desde pequeño. Cuando me pongo a dibujar, intento soltar parte de esa rabia, darle una patada a todo, reírme de las cosas malas que tiene la vida. Es algo terapéutico, liberador, catártico, me deja en paz conmigo mismo… Soy la persona más feliz del mundo cuando dibujo.

DM: Vamos, que para el ti el dibujo es casi una necesidad personal.
J: Es algo que me hace falta. En los momentos más chungos, dibujar me ha dado la vida.

DM: Y cuando dibujas, ¿lo haces a partir de una experiencia personal, de una idea que te pasa por la cabeza en ese momento, de una situación de la vida cotidiana que te ha llamado la atención…?
J: Es una mezcla de todo eso. Voy anotando muchas cosas que se me ocurren y muchas que veo, vivo u oigo, y siempre parto de alguna de esas notas. Tiro de mi mundo, de lo que me rodea, porque no tendría sentido que hablara sobre cómo es la vida en otro sitio. Muestro mis experiencias, mis amigos, mi pueblo...

DM: Volvemos al tema de narrar historias, ya sean grandes o pequeñas…
J: Sí, y para eso hace falta escuchar un poco al mundo que te rodea. Mis chistes muchas veces son cosas que me cuentan mis amigos; cosas que nos han pasado o que le han pasado a alguien; estereotipos; anécdotas exageradas, estiradas y adornadas mil veces… Al papel traslado un poco todo ese contexto.

DM: En alguna ocasión has comentado que pretendes alejarte “de todos esos clichés donde se encasilla la gente que va de underground, de alternativa y de izquierdas”.
J: Mis chistes no pretenden dar lecciones morales ni pontificar. Me interesa la risa, la sorpresa, descubrir otro punto de vista, enfadar o remover las tripas del lector. Muchos dibujantes parece que están por encima del bien y del mal, de los vicios y de las virtudes. Cuando dibujo me pongo a la misma altura del lector, porque no quiero convencerlo de nada ni descubrirle una verdad. Todo depende de la forma en que cada uno mire las cosas y todos somos libres de pensar lo que queramos.

DM: Hablemos un poco del fanzine que acabas de publicar con José Tomás. La primera vez que trabajasteis juntos fue en 2007, con 'Dios salve al lehendakari'.
J: Ahí también estuvo Mario Albelo y entre los tres hicimos ese tebeo de chistes sobre la ETA. José Tomás y yo teníamos ganas de volver a juntarnos, pero nunca era buen momento. Además, nos costó mucho encontrar el tema a tratar.

DM: Pero vuestro tebeo son dos historias autoconclusivas y sin relación aparente entre la una y la otra…
J: Es que la idea inicial no se parecía en nada a la que luego ha salido en el fanzine. En principio iba a ser sobre el punk, luego sobre fútbol, más tarde una recopilación de chistes sin una temática común… Lo que pasa es que a José Tomás se le ocurrió su historia, me la mandó y traté de hacer otro relato que fuera complementario. Fue todo bastante improvisado. Él me dijo varias veces que le había gustado la historieta que hice para Rojo, la caja que publicó Autsaider Cómics, y por eso el fanzine ha salido de esta manera.

DM: Tu parte se titula ‘Todos los poemas hablan de ti’, lo cual no deja de ser muy acertado, ya que tus chistes siempre han tenido una gran carga poética.
J: De hecho, empecé a escribir antes que a dibujar, pero lo dejé hace unos once años. Creo que a mucha gente le gustan mis tebeos por la forma en que están escritos. Aunque muchas veces sean un poco brutos, mis chistes tienen mucha poesía, pero no en plan moñas, sino algo más crudo, más de las tripas.

DM: El poema que figura en la contraportada del fanzine, ¿es tuyo?
J: Sí, era tan joven… Con veinte años quemé en un caldero de lata casi todo lo que había escrito, pero todavía conservaba algunas cosas y ahora, al hacer este tebeo, me pareció más gracioso incluir esas líneas a modo de prólogo que hacer un dibujo. Siempre me había dado mucha vergüenza la idea de publicar alguno de mis escritos.

DM: ¿Tienes mucho material inédito?
J: Muchos poemas, algunos cuentos, una novela inconclusa… Pero son cosas impublicables. Mi forma de escribir era muy asilvestrada, muy subjetiva, personal, un caos ideológico y emocional. Ahora me alegro de no haberlo quemado todo, porque me siento orgulloso de esas cosas que hacía en la adolescencia, pero no tienen ningún valor literario.

DM: ¿Cuáles son tus escritores de cabecera?
J: Voy a resultar muy tópico, pero me gusta mucho Cervantes en la segunda parte de El Quijote. La leí con quince o 16 años y recuerdo que me dejó KO. También Constantino Cavafis, que para mí es el mejor poeta moderno, o Mohammed Choukri, que cambió totalmente mi forma de entender la literatura. La Antología palatina es otro de mis libros de referencia.

DM: “Siempre me enamoro de chicas tristes / ¿Qué habrá sido de todas esas putas / a las que he escrito poemas de amor?”. Tu poema es de 2002, pero ya se aprecia un estilo literario que se mantiene en la actualidad.
J: Creo que no he cambiado mucho con el paso del tiempo. Sigo pensando las mismas cosas sobre la vida que cuando tenía catorce años. Todos los poemas hablan de ti arranca con una chica que le dice al protagonista: “Dentro de diez años vas a ser un genio”, y el chico contesta: “Dentro de diez años seré un subnormal”. Esta frase la tenía apuntada en una de mis libretas y es la transcripción de una conversación real. Con apenas 19 años ya tenía esa concepción de las cosas, esa sensación de desastre, y es algo que ahora me impacta mucho.

DM: Y bueno, ¿eres un subnormal?
J: Muy normal creo que no hay nadie. A mí me parece que todos somos un poco subnormales, y unos se adaptan mejor que otros. Las expectativas que mucha gente tiene sobre nosotros, o las expectativas que tenemos sobre nosotros mismos, no se corresponden con la realidad. Cuando escribí que en diez años sería un subnormal, usaba ese término en contraposición al de “genio”, que es mucho más romántico. En todo caso, ahora me parezco mucho a la persona que quería ser.

DM: Esa visión pesimista de tus fanzines, ¿se corresponde a pies juntillas con tu forma de pensar?
J: Creo que soy muy optimista. Tengo una visión pesimista del mundo y considero que hay pocas cosas a las que poder agarrarse, pero luego valoro mucho determinadas emociones y sentimientos, como el amor o la alegría. Por ellas peleo cada día y trato de ser consecuente en base a mi manera de ver el mundo.   

DM: Sueles jugar mucho con la insinuación, esa habilidad para decir algo sin llegar a expresarlo del todo.
J: Con Todos los poemas hablan de ti, por ejemplo, cada persona está leyendo una historia completamente diferente. Y eso era lo que buscaba: sugerir, esbozar, dejar caer, no meterme a fondo… Estoy contento del resultado, porque era justo lo que perseguía.

DM: En ese sentido, tu historia y la de José Tomás casan a la perfección: la tuya resulta mucho más evocadora, mientras que la suya es más concreta, más directa.
J: Sí, nos complementamos bien. A mí me gusta dejar las cosas un poco abiertas, que el lector no se quede sólo con una idea. Todo sale de una forma un poco espontánea.

DM: ¿Te cuesta hablar de tus obras?
J: Mucho, aunque parezca lo contrario. Me bloqueo y me voy por las ramas, pero eso no quiere decir que no medite lo que hago. La historia de Todos los poemas hablan de ti estuve más tiempo pensándola que dibujándola. Es decir, que el guión tiene mucho más trabajo que la parte del dibujo, que es donde más chapuzas hago.

DM: Sueles repetir que tu dibujo es más bien cutre…
J: Un poco sí, pero también me gusta mucho mi estilo y estoy orgulloso de dibujar así sin haber tenido ninguna clase de formación. El último tebeo tiene fallos muy gordos, situaciones en las que tendría que haberme parado un poco más y revisarlas, pero creo que en conjunto queda bien y resulta más fresco y espontáneo.

DM: ¿Eres muy autocrítico?
J: Bastante. Pienso mucho todo lo que hago, descarto ideas, repito muchas partes… No lo veo como algo negativo, sino como una virtud. Soy el más exigente a la hora de valorar mis trabajos, el primero en saber dónde están los defectos y los aciertos.

DM: Estamos acostumbrados al humor salvaje de tus fanzines anteriores y ahora, en 'Todos los poemas hablan de ti', de repente sorprendes con una historieta romántica.
J: A mí me parece una comedia. El personaje es un gilipollas monumental con una vida desastrosa. Es una historia sobre drogas, en la que todo es reírse un poco y donde el amor queda reflejado como un imposible. Además, hay muchos guiños a otros de los tebeos que he publicado, como por ejemplo el chiste del final, que ya salía en El orgullo de ser nazi.

DM: El primer impacto de tus chistes siempre lo provocan las ratas, las jeringuillas, la violencia, un tío cagando o Eusebio ‘El Clenchillas’. Sin embargo, tengo la impresión de que tus historias son más sentimentales de lo que puedan parecer en un primer momento.
J: En algunas juego con la salvajada gratuita, eso está claro, pero muchas veces sí están hechas con la intención de tocar un poco la fibra, de apelar a las emociones. Te pueden decir cosas diferentes en cada lectura, aunque no creo que eso se valore demasiado en el humor actual, donde parece que la gente prefiere el chiste tonto y facilón, el photoshop de Rajoy y la perogrullada del rey.

DM: Tus chistes, salvo en contadas excepciones, no buscan la carcajada fácil, sino provocar cierta reflexión.
J: Sí, aunque lo principal es hacer reír. La situación más desesperanzada también puede ser divertida. A veces he publicado chistes en una revista de tirada nacional para decirle a mi novia que la quiero, y a mí eso me parece gracioso. De pequeño leía mucho El Batracio Amarillo, donde se publicaban chistes de Chumy Chúmez, que también tenía ese rollo capaz de hacerte reír, sorprenderte, removerte las tripas o darte un bajonazo.

DM: Decías que tu idea con 'Todos los poemas hablan de ti' ha sido hablar sobre las drogas, un tema que siempre ha tenido mucha presencia en tus historietas.
J: Es casi una obsesión, aunque a día de hoy no consumo nada. Es un tema del que no me gusta hablar demasiado y cuando lo hago, casi nunca es en serio, pero me resulta liberador cuando lo trato en mis chistes. Es una forma de reírme de mí mismo.

DM: ¿Crees que la droga, como temática, sigue resultando chocante?
J: No. Ha dejado de ser un problema de salud pública, como ocurría hace unos años. Se ha banalizado y te la ponen todos los días en Callejeros, lo cual es un síntoma de que la gente ya no se lo toma tan en serio. Y me parece normal.

DM: ¿Qué significa para ti el fanzine como medio de expresión?
J: Es la libertad absoluta, un formato estupendo y que no se valora lo suficiente. Haces lo que quieres, le pones un par de grapas y lo vendes, sin estar sometido a nadie y sin motivaciones económicas. Eso es impagable.

Empecé a publicar porque a mí nadie me iba a sacar un tebeo, y si he conseguido que una editorial me publique ha sido gracias a los fanzines que llevo dibujando desde hace muchos años. No he tenido necesidad de mandarle una propuesta a una editorial para que me saque un tebeo y es algo que valoro un montón. Muchos dibujantes están esperando que llegue una editorial y les publique sus cómics, cuando lo más fácil, y como más aprendes, es autoeditándote.

DM: Y ahora, además, se están haciendo algunos fanzines con calidad de producto editorial.
J: El último número de Adobo, por ejemplo, es una pasada. Con la crisis, muchos autores se han lanzado a la autoedición y están publicando cosas que, por su calidad, deberían salir a través de las editoriales y para un público más amplio. Se diluye un poco esa frontera entre cómics y fanzines.

DM: Porque si nos ponemos serios, el fanzine es un DIN A4 doblado por la mitad y con un par de grapas.
J: Para mí sí, aunque luego cada uno puede pensar lo que quiera. Con este último fanzine, José Tomás y yo reivindicamos el contenido frente al continente. Un fanzine debe contar algo, no basta con que tenga un formato bonito. Los fanzines no se hacen para que un fulano se haga una foto chorra y la cuelgue en Twitter. En ese sentido, me siento más cerca de los cuatro punkis que hacen tebeos que de los dibujantes profesionales.

DM: Tus fanzines casi siempre son recopilaciones de chistes o de historias cortas. ¿No te planteas la posibilidad de hacer un cómic largo?
J: No tengo el público necesario. Vender 500 ejemplares de uno de mis tebeos me cuesta muchísimo, porque todo se mueve gracias al boca a boca y a través de Internet. Claro que me gustaría hacer más cosas y contar historias diferentes, pero ese producto no tendría mucha salida. Las páginas sueltas autoconclusivas funcionan bien, me exigen menos trabajo y disfruto haciéndolas. Ahora mismo no tendría mucho sentido hacer algo más grande, porque no tendría mercado ni sitio donde publicarlo.

DM: No paras de repetir que tienes un público muy reducido, pero cada día conozco a más gente que ha oído hablar de ti, que ha leído alguno de tus chistes o tus fanzines.
J: Antes vendía más que ahora. Mujeres y copas funcionó estupendamente, mientras que de Sois todos tontos / Todos los poemas hablan de ti nos han hecho poquísimos pedidos por Internet y la mayoría los hemos vendido a tiendas. Me conocerá más gente y tendré más seguidores, pero eso no se ha traducido en un aumento de las ventas. Hay muchas personas a las que les gustan mis tebeos y luego no se los compran, así que deben pensar que vivo de los conciertos.

Por otra parte, ahora acaba de cerrar “El gas de la risa“, la sección donde colaboraba en El Jueves. Si tuviera más lectores, seguiría dibujando en la revista, pero como no los tengo, me he quedado fuera. Igual mi nombre suena un poco más, pero mi público sigue siendo muy reducido. Tengo más enemigos fieles que seguidores leales.

DM: También has recibido ofertas de algunas editoriales…
J: Sí, pero casi siempre suelen ser propuestas de broma.

DM: ¿Por ejemplo?
J: Pues el típico que llega como caído del cielo, un tío con el que nunca me he comido un puchero y que dice que me va a sacar un tebeo. Luego están las colaboraciones puntuales en sitios que van de molones; los del “dibújame gratis” desde el ámbito editorial; los que no aceptan las condiciones mínimas que propongo… Pero insisto, casi todo son propuestas de gente informal. Si alguna vez me llega algo medio serio, tiraré un cohete para celebrarlo.

DM: Ahora que lo comentabas, ¿qué cuerpo te ha dejado el cierre de El gas de la risa?
J: Pues una sensación extraña. Nunca me habían echado de un trabajo, y me ha dejado un poco tocado que la primera vez haya sido justo en la cosa que más me gusta hacer. La sección nunca tuvo muy buena acogida entre el público adulto. Dentro de unos años, cuando los lectores jóvenes se hagan viejos, quizás tengamos un poco más de suerte los autores que no hacemos humor amable.

DM: Te he leído muchas entrevistas y siempre transmites esa pose de “me importa una mierda y podéis iros todos a tomar por culo”.
J: No es una pose en absoluto. Voy siempre con el colmillo fuera e intento ser consecuente. Me la suda casi todo y lo último que busco es gustarle a todo el mundo.

DM: Publicas lo que te gusta y no parece que te importe demasiado lo que opinen los demás.
J: Soy muy afortunado por poder trabajar de esa manera. Y ojalá pudiera seguir haciendo esto toda la vida, con ese puñado de lectores fieles que se compran mis tebeos.

DM: Por otra parte, no he conocido a un solo autor que desprecie el reconocimiento.
J: Lo que hago es tan marginal que no tendría mucho sentido aspirar, pensar o buscar el reconocimiento. No creo que vaya a venir un notas a darme un premio o a ponerme una medalla. Para mí, el mayor reconocimiento es cuando alguien se compra mis tebeos; cuando lo valoran y lo disfrutan; cuando alguien me escribe para contarme que se parte de risa con mis chistes; cuando me hacen una entrevista y me pongo a soltar cosas como si le importara a alguien. Eso es maravilloso, lo mejor que me puede pasar y lo máximo a lo que aspiro. Ese reconocimiento me da la vida y es lo que da sentido a todo esto.

Hay cosas que evito porque, cuando he creído formar parte de un ámbito que no es el mío, no se ha respetado mi trabajo y me han tratado a patadas. Los que me preocupan son mis lectores, lo demás me la pela un poco. El mundo del cómic no es el que me compra los tebeos; no son los que me leen, me valoran o me respetan. Digo estas cosas y parece que esté en contra de algo o de alguien, pero no se trata de eso.

DM: Todos los creadores de productos culturales tienen su ego, ya sea grande o pequeño.
J: Tengo uno muy grande. De 1,79 metros de altura y 74 kilos de peso. Estoy en Internet por mis dibujos y la gente a la que sigo me interesa por lo que hace, independientemente de que no los conozca en carne y hueso. Todo el mundo se corta de enseñar aquello para lo que vale por no darse autobombo. ¿Pero qué autobombo ni qué pollas? Eso no es ego. Me parece más lamentable cuando tienes al coro de amigos detrás para hablar de tu trabajo y tirarte pesetillas. Compartir tu trabajo y esfuerzo nunca puede ser egoísta.

DM: Y si es por un tema económico, está claro que el fanzine no es el mejor medio para hacerse rico.
J: Por supuesto. Quienes nos dedicamos a esto lo hacemos casi siempre por necesidad. En mi caso, hace muchos años que llegué a la cima, que era seguir dibujando. Todo lo que ha venido después es como un premio. Mi fanzine Chupando tarjetas es lo mejor que he hecho en la vida, cuando lo terminé me sentía como Dios. Esa sensación maravillosa es irrepetible.

DM: ¿Estás dispuesto a perder dinero con tal de seguir dibujando?
J: Con los hobbies no se gana mucho dinero. Mi hermano Iván tiene una moto de competición y se va los fines de semana a pegar saltos por el campo, porque es lo que le gusta hacer, y mi hermano Antonio juega al fútbol sala para desconectar. Se podría decir que el dibujo es mi moto de competición o mi Mikasa. Cuando trabajo y cuando estoy desempleado, dibujar me ocupa la cabeza y me mantiene entretenido. Encima hay gente que me valora por eso, lo cual es algo fantástico. A veces te enfadas, porque te gustaría hacer el tebeo, venderlo rápido y poder dibujar uno nuevo enseguida, pero en general me considero un privilegiado.

DM: ¿Cuánto tiempo dedicas semanalmente a dibujar?
J: No tengo horarios. Ahora llevo un montón de días parado, pero luego hay temporadas en las que dibujo todos los días. Todo depende de la motivación, del estado anímico.

DM: Echemos la vista atrás. Tus trabajos empezaron a sonar allá por 2007.
J: El primer tebeo al que le puse precio fue a ¡Viva Rumanía! Antes los regalaba; hacía tiradas de diez o veinte ejemplares y se los colocaba a mis amigos. ¡Viva Rumanía! fue el primero que enseñé en mi blog y en fotolog y, de repente, me escribieron como 200 personas que querían comprármelo. Y yo pensando: “¡Pero esto qué coño es!”.

DM: Han pasado unos cuantos años desde que empezaste a publicar, pero hay algo que no ha cambiado en ese tiempo: sigues repartiendo hostias a todo lo que se mueve.
J: Sí, aunque también he ido evolucionando un poco y no se trata sólo de repartir puñaladas gratuitas. Por eso no me canso. Tampoco considero que sea tan bruto y, en ese sentido, creo que mis temáticas han ido evolucionando con el paso de los años y adaptándose a lo que me apetecía hacer en cada momento.

DM: Siempre has sido muy crítico con todo lo que rodea al cómic, ya sean los editores, los dibujantes, los críticos o los lectores.
J: Considero que hay que ser crítico en todos los ámbitos, decir lo que piensas y enseñar los dientes.

DM: Acostumbras a establecer una diferencia muy clara entre dibujantes profesionales y amateurs. De hecho, en una entrevista dijiste que “los dibujantes profesionales son todos unos lloricas y unos cantamañanas”.
J: Cuando hablo de este tema me pongo un poco a escupir sentencias, aunque sí me parece que los dibujantes se quejan mucho. Por otro lado, no deja de ser su profesión; yo dibujo por placer, mientras que ellos lo hacen porque tienen que pagar las facturas. Es complicado que lo amateur y lo profesional se entiendan, porque son dos mundos completamente distintos.

Leo en las redes sociales a muchos dibujantes y a veces acabas hasta los cojones de que siempre estén lamentándose y hablando de lo mismo: tebeos, editores, premios, nominaciones… Joder, todo está fatal y las cosas no son como nos gustaría que fueran, pero ese discurso es un poco deprimente. Además, ¡dibujar es lo mejor del mundo! Supongo que les pareceré un bocas, pero me cuesta entenderlos.

DM: ¿Crees que te has ganado muchos enemigos?
J: Tengo algunos enemigos fieles y el sentimiento es recíproco, porque hay ciertas personas a las que yo también se la tengo jurada. Luego hay gente con la que me he enfadado, pero nunca les llamaría “enemigos”. Mi dibujante favorito y yo dejamos de hablarnos por una tontería, y a pesar de todo le sigo admirando.

DM: No sé por qué, pero pensaba que tu dibujante favorito era Ibáñez.
J: Y me gusta mucho, pero disfruto más con Roger, con Tamayo… Los del TMEO en general.

DM: Te decía lo de Ibáñez por aquel chiste que publicaste en El Jueves de “si me meto en un lío, que me salven el culo Mortadelo y Filemón”.
J: Ese me encanta. Me gustaría mucho conocer a Ibáñez, es un tío al que admiro y por eso, siempre que tengo la oportunidad, saco a Mortadelo y Filemón en alguno de mis chistes.

DM: Y hablando de personajes icónicos, ahí tenemos a Eusebio ‘El Clenchillas’.
J: Me da muy buen feedback, pero el pobre no encaja en ningún lado. Ahora se iba a publicar en La Filoxera, un fanzine de Castellón; la idea era sacar una historieta nueva todos los meses, pero la versión en papel ha cerrado y sólo se va a publicar en Internet, así que la idea de asentar a El Clenchillas se ha venido abajo. La verdad es que Eusebio no tiene mucha suerte, pero no me rindo y seguiré buscando un sitio chulo en papel donde poder publicar sus historias de forma más continuada. Además, a la gente le gusta mucho.

DM: Es tu personaje más importante.
J: Es el único que ha tenido más continuidad, por decirlo de alguna manera. Hasta en El Jueves, de vez en cuando, colaba alguna viñeta con él de protagonista.

DM: ¿Recuerdas cómo lo creaste?
J: La idea era meter en un mismo personaje todas las cosas que les pasaban a mis colegas, todas las cosas que veía en mi pueblo o cuando salía de fiesta, tirar de mi mundo… Y salió Eusebio. Lo de “El Clenchillas” surgió una noche de fiesta; estaba con un dibujante muy conocido y buen amigo mío que volcaba unas rayas muy cortas de farlopa. Yo le miraba y pensaba: “Con el clenchillas este no me coloco en toda la noche”. Me hizo gracia la idea y le puse ese mote al personaje.

DM: Eusebio puede ser muy histérico y disparatado, pero no cuesta mucho imaginárselo en cualquier calle de una ciudad española.
J: Es que todos somos un poco clenchillas. Si lees una noticia en el periódico y echas un vistazo al foro, el primer comentario es muy educado y aporta una idea, pero el segundo ya se está cagando en los muertos de todo el mundo. Es como una competición para ver quién dice la tontería más gorda.

DM: Salvando las distancias, Eusebio se parece mucho a Torrente: juntar lo peor de cada casa en un mismo tío.
J: Pero también lo mejor, porque es un tipo honesto. Más que Torrente, un referente podría ser el Herminio Bolaextra de Mauro Entrialgo.

DM: El otro día escribiste en Twitter que “España tiene argumento como de South Park”.
J: Mira lo que ha pasado con los sobres del PP, que no ha dimitido nadie. La realidad española supera a cualquier capítulo de South Park. Si hoy leemos una noticia salvaje, al día siguiente la supera otra peor. Es una escalada perpetua de la estupidez. Los españoles damos un poco de vergüenza ajena, somos un desastre y una panda de charlatanes.

DM: En referencia a lo del PP, lo triste es que cualquiera de nosotros, en esa posición, habría hecho lo mismo.
J: Pues sí, tenemos tendencia a ser corruptos. Llevamos no sé cuántos miles de años de civilización y técnicamente hemos mejorado, pero como seres humanos vamos lentísimos. Tenemos Internet y, sin embargo, parece que hayamos vuelto a los años ochenta del siglo XX. Siempre es la historia de que unos vivan bien y otros sufran. Sólo cambian los nombres y los escenarios. Igual la solución es que caiga un meteorito y nos iguale a todos.

DM: Y al margen de South Park, ¿qué otras series sueles seguir?
J: Pues no demasiadas, la verdad. Las típicas, como The Big Bang Theory. Me gusta más escuchar música, ver fútbol o jugar a la consola, sobre todos a juegos de coches, de pegar tiros…

DM: Voy a retomar el título de otro de tus fanzines: ‘Lo peor de mí mismo’. ¿Cuánto hay de Juarma en tus historias?
J: Depende. Unas veces digo que mucho y otras, todo lo contrario. Mi realidad, mi mundo o mi vida sí están en las viñetas, pero sólo soy Juarma cuando dibujo. El resto del tiempo soy Juan Manuel. En muchos de mis chistes me río de mí mismo, pero tampoco profundizo demasiado. Cuando hablo en primera persona, siempre salen señores raros. No creo que puedas hacerte una idea de cómo soy a través de mis tebeos, como tampoco lo puedes hacer a partir de los comentarios que hago en las redes sociales. Cuando trabajo, por ejemplo, soy muy responsable; soy muy educado con las personas mayores, muy atento, un tío más bien tímido y callado… Y luego, cuando estoy con mi gente, soy de otra forma completamente distinta.

DM: Antes te mencionaba a Torrente y lo del cine me viene muy bien para hablar de ‘Gato negro, gato blanco’, un fanzine del que publicaste siete números entre 2005 y 2007. ¿Era un homenaje a la película de Kusturica?
J: Sí. Tenía que elegir un nombre, no se me ocurría ninguno y le puse ese, porque Kusturica me gusta mucho, sobre todo por la forma en que muestra las cosas. Underground la vi cinco veces seguidas, porque me fascinaba el hecho de que retratara mejor a la gente de mi mundo que cualquier película de las que se hacen en España.

DM: Cambiando de tercio, ceo que ahora estabas trabajando en un nuevo tebeo para Ultrarradio, ‘Karate D.I.Y.’.
J: Si no pasa nada, saldrá publicado en mayo, aunque la cosa no está cerrada todavía. El formato no va a ser A4, como el de Carita de gitano con SIDA, sino más parecido a Lo pitbull. Será a color e incluirá mucho material inédito.

DM: ¿Qué significan las siglas?
J: Do it yourself, o sea, hazlo tú mismo.

Texto: Julio Soria