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NADA ES PARA SIEMPRE
Categoría: ARTE

NADA ES PARA SIEMPRE

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DAVID CATÁ. Todo en esta vida es efímero.
Categoría: TV

DAVID CATÁ. Todo en esta vida es efímero.

Dentro de la feria Jääl Photo, DOZE Magazine tuvo la oportunidad de entrevistar a una de las jóvenes figuras que están dibujando el nuevo retrato del arte español. David Catá ha conseguido abrirse hueco en el circuito del arte y lo que es más significativo, invitarnos a la reflexión mediante una poética personal afinada. 

 
 

Con otros ojos

Se dan casos en la industria del cine en los cuales un profesional curtido en disciplinas artísticas ajenas al mundo cinematográfico decide darse un baño en aguas internacionales, probar suerte y hacer una peli esperando que funcione. También sucede, a veces, que los cineastas más reconocidos (aquellos que sobradamente saben de qué va la vaina fílmica) se tiran a la piscina y ruedan una película tomando prestadas otras artes como la danza, la pintura o la arquitectura y lo hacen con la misma ilusión que aquellos, rezando para que el resultado no fracase demasiado.

Existen dos películas que se atrevieron a poner en práctica estas dos iniciativas: A single man (Tom Ford, 2009) y pina (Wim Wenders, 2011) y ambas llaman la atención, casualmente, por recurrir a lo visual y musical como vías de escape o nexos conectores del cine con esos dos mundos que aspiran a hilvanarlo: la moda y la danza, respectivamente.

A single man supuso para muchos una osada intromisión del reputado diseñador Tom Ford en el circuito comercial de la gran pantalla. Pese al uso abusivo de tediosas secuencias ralentizadas y un argumento algo vacío de contenido (adaptación de la novela homónima de Christopher Isherwood, 1964) la película presume de buen gusto con cada plano, cada encuadre y cada detalle de su dirección artística.

Durante un día, su protagonista George (Colin Firth), un profesor de literatura inglesa que recientemente ha perdido a su pareja sentimental (Matthew Goode) en un accidente de coche, se dedica de dilucidar los motivos por los cuales no debería suicidarse, a observar los aspectos más hermosos del mundo en el que vive: la sociedad norteamericana del otoño de 1962.

Según avanzan las horas de su jornada, George percibe la belleza en los flirteos de un alumno, las atenciones de su mejor amiga Charley (Julianne Moore) y en cada presencia que 'vive', en definitiva, a su alrededor. Las secretarias le sonríen y sus acabados de maquillaje y peluquería resultan perfectos, la sonrisa de los hijos de los vecinos que juegan en el jardín o el brillo de las trenzas de una niña rubia, que conversa con él en el banco, se tornan esperanzadores, pero no son motivo suficiente para cancelar sus planes de suicidio. Ni siquiera que el mismísimo Jon Kortajarena le tire los trastos en un aparcamiento lo saca de sus trece.

Para mostrar la sensación que invade a George cuando se encuentra con algo o alguien que le induce a pensar aquello de que “la vida es bella”, o para evocar el pasado feliz compartido con su amante, los colores se saturan y la fotografía (dirigida por el barcelonés Eduard Grau) salta de los tonos gélidos y mortecinos a llamativos naranjas, azules y rojos.

Asimismo, si uno se para y escucha atentamente A single man, será difícil que logre contener la emoción: las piezas que componen la banda sonora original, de Abel Korzeniowski, son un manojo de sentimientos que, sumado a la saturación visual antes mencionada, suponen el empujón definitivo para que el resultado guste al espectador. Pero, qué menos que un largometraje estéticamente bello, viniendo del “mesiánico” redentor de Gucci, dirán algunos.

Otro caso de mezcolanza entre cine y demás materias es pina. Lejos de incluirse entre los muchos ejemplos de películas que tratan objetivamente alguna de las artes como eje argumental y que, por tanto, son más documentales que largometrajes de ficción pura, pina aparece como película sobre la danza de Pina Bausch.

Hecha para ella por su amigo Wim Wenders, quien se la dedicó expresamente tras su muerte en verano del año 2009. Sin entrevistas ni registros cotidianos de una actividad concreta como es la danza, pina toma prestadas las coreografías de Bausch y, con ellas, hace una película en 3D.

Los testimonios y recuerdos de experiencias personales vividos por varios miembros de la Wuppertal Tanztheater en su trabajo con Bausch, enlazan diferentes piezas de la autora, algunas filmadas en vivo durante representaciones reales de la Compañía en la Wuppertal Opera House y otras a pie de calle en esta misma ciudad.

La complejidad de un rodaje con equipos 3D estereoscópico obligó al equipo a “bailar” literalmente con los bailarines en el escenario, ya que las cámaras se ubicaban en el mismo espacio que ellos para poder seguir sus movimientos.

De esta manera, el cine, que habitualmente obliga a recrear un ambiente y un entorno determinado para la filmación, invirtió los papeles y dispuso un rodaje completo al servicio de los movimientos de la danza. Porque cada vez son más los casos de películas que interactúan con otras disciplinas por aquello de enriquecerse en contacto con el otro, el que es distinto, el que procede de otro mundo.

Texto: María López Villarquide