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NADA ES PARA SIEMPRE
Categoría: ARTE

NADA ES PARA SIEMPRE

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DAVID CATÁ. Todo en esta vida es efímero.
Categoría: TV

DAVID CATÁ. Todo en esta vida es efímero.

Dentro de la feria Jääl Photo, DOZE Magazine tuvo la oportunidad de entrevistar a una de las jóvenes figuras que están dibujando el nuevo retrato del arte español. David Catá ha conseguido abrirse hueco en el circuito del arte y lo que es más significativo, invitarnos a la reflexión mediante una poética personal afinada. 

 
 

"El raciocinio absoluto mataría el fenómeno ovni”

¿Estamos solos en el universo? ¿Hemos recibido la visita de seres procedentes de otros planetas? Más aún: ¿han establecido relación directa con alguno de nuestros semejantes terráqueos? Son preguntas a las que nadie encontrará respuesta en Azul y pálido (Entrecómics), primera novela gráfica de Pablo Ríos, que en las páginas de esta obra presenta once de los casos más paradigmáticos en lo que a supuestos contactos alienígenas se refiere.

Omitiendo cualquier juicio de valor, Ríos (Algeciras, 1978) intenta profundizar en las personalidades de los distintos protagonistas, hombres y mujeres que un buen día, sin razón aparente que lo justificase, dieron a conocer sus experiencias con extraterrestres. Algunos hicieron fortuna; otros, en cambio, fueron objeto de chanza y desprecio. Pero, ¿qué les empujó a dar ese paso que cambiaría sus vidas para siempre? En esta entrevista con DOZE Magazine, el autor del cómic ofrece algunas claves para entender el misterio.

DOZE Magazine: Tu primer cómic largo…
Pablo Ríos: Estoy muy ilusionado. Cuando lo vi impreso, tan bonito como ha quedado, me eché a llorar. Literalmente. Me ha supuesto mucho trabajo, porque lo he hecho en mis ratos libres, pero ha salido justo como yo quería, sin ningún tipo de intromisión.

DM: ¿Llevabas mucho tiempo con la idea de hacer este tebeo?
PR: Los primeros bocetos son de hace unos tres años, pero el cómic nació con otro planteamiento, porque en principio iba a tratar sobre la Atlántida y el intervencionismo extraterrestre en la antigüedad, basado en las teorías de Erich von Däniken. Sin embargo, cuando empecé a darle forma y vi las distintas posibilidades, opté por quedarme con otros temas que me parecieron más razonables.

DM: ¿Hasta qué punto te apasionan las historias relacionadas con supuestos contactos interplanetarios?
PR: Supongo que, como en muchas casas de los que pertenecen a mi generación, he tenido acceso a libros sobre alienígenas y esta clase de temas. Yo recuerdo El triángulo de las Bermudas, de Charles Berlitz, y un amigo de la EGB también me pasaba libros. Y luego estaban los programas de Fernando Jiménez del Oso. Era un clima propicio para desarrollar estas inquietudes.

DM: Doy por entendido que todas las historias de Azul y pálido ya te las sabías de carrerilla.
PR: Sí, porque son relatos muy clásicos, los que aparecen en todos los manuales cuando se habla de abducciones y contactos extraterrestres. El primer testimonio que toco en el libro, que corresponde al matrimonio Hill, se podría definir como el caso estándar de abducción, ya que tiene todos los ingredientes habituales: ocurre por la noche, aparecen luces en el cielo, se produce un rapto, la pérdida de memoria…

Viñetas del relato dedicado al matrimonio Hill

DM: Has estructurado cada caso en forma de relato documental, con el objetivo de incluir la mayor cantidad de información posible.
PR: El problema está en el proceso de documentación, porque estamos hablando de situaciones que no sabemos si ocurrieron de verdad. Además, los documentos existentes pertenecen a testigos interesados, personas que sólo quieren que se cuente su verdad. No podía entrevistar a muchos protagonistas, porque ya habían fallecido o son muy inaccesibles, y muchas fuentes se contradicen, así que he tenido que ser muy riguroso. Las cronologías son difíciles de cuadrar y tienes que quitar muchas capas para que salga un relato más o menos manejable. Por eso no me ha quedado más remedio que ‘ficcionar’ algunas partes.

DM: Como recurso narrativo para darle fluidez a la historia…
PR: Por supuesto. El tono es documental y la manera de narrar intenta ser neutral, pero en algunos casos he metido un poco de vuelo narrativo, si lo quieres llamar así, para que todo el mundo pueda encontrar interés más allá de la mera acumulación de datos y sucesos.

DM: En todo caso, el trabajo de documentación te habrá dejado exhausto, por no decir medio tarumba.
PR: (risas) Sí, pero también ha sido muy divertido, quizás la parte más divertida en todo el proceso de hacer el cómic. No te metes en un fregado como este si el tema no te gusta, y he aprendido mucho de cada nuevo caso y de cada nuevo acercamiento. Leí muchísima bibliografía, pero el acceso a los puntos de información se ha multiplicado gracias a Internet, donde puedes encontrar infinidad de vídeos y documentos oficiales. Del caso de Travis Walton se hizo una película, Fuego en el cielo, que se puede ver entera en Youtube.

La historia de Travis Walton fue llevada al cine en la película Fuego en el cielo

 DM: Carl Sagan sobrevuela toda la obra, lo cual es perfectamente comprensible: se trata de una figura clave en las investigaciones sobre posible vida extraterrestre.
PR: El título de mi cómic no es gratuito. Azul y pálido es un libro de Sagan que, al mismo tiempo, toma su nombre de una fotografía de la Tierra enviada en 1990 por el Voyager. Sagan me interesaba porque es un científico, pero también un humanista que estuvo toda su vida persiguiendo un sueño: el contacto con seres de otros planetas. Y nunca quiso caer en la mentira de que el primer contacto ya fuera válido, sino que su objetivo era descubrirlo de facto. Por eso montó un programa acojonante en la NASA, el SETI, que demuestra su empeño en alcanzar algo que no deja de ser una quimera.

DM: Supongo que hubo un proceso de criba a la hora de elegir las historias que conforman el libro.
PR: Me quedé con los casos que tenían mayor interés humano. Estas personas sufrieron percances en un momento dado de sus vidas y trataron de resolverlos de una manera o de otra, pero siempre mirando al cielo y al espacio para ver qué podían encontrar ahí. No me valía una historia, por muy popular que sea, que no tuviera esa condición humana. El mero hecho de ver una nave espacial tiene bastante menos chicha que una abducción, y en muchas de las abducciones no te puedes fiar de los testigos. Prefería centrarme en el conflicto que, para un individuo, puede haber supuesto ese contacto con extraterrestres.

DM: Y dicho esto, ¿cuál es tu aportación, qué tiene de novedoso Azul y pálido?
PR: No sé si lo que he hecho tiene algo de nuevo, pero sí me he molestado en pensar en los seres humanos que hay detrás de cada caso. Muchas veces, por el tipo investigador que ha analizado estos casos anteriormente, se tendía a omitir esa clase de información; es decir, no importaba el “quién”, sino el “cómo”, el “cuándo” y el “dónde”. La racionalización de la ufología es un problema, porque es difícil llamar ciencia a algo que no deja de ser creencia. Últimamente suelo citar a Pablo Vergel, un sociólogo que acaba de publicar La incógnita ovni: metafísica de la ruptura, donde se establece un planteamiento similar al de mi tebeo. A los dos nos parece más interesante saber lo que piensa una persona acerca de su contacto con extraterrestres, por qué alguien se empeña en defender esa creencia hasta las últimas consecuencias.

DM: Por emplear un símil cinematográfico, se podría decir que tu tebeo rompe la cuarta pared, de manera que cada protagonista habla directamente al lector. ¿Cómo se te ocurrió la utilización de este recurso?
PR: No quería juzgar a los personajes ni entrar en valoraciones personales. Partiendo de esa base, la mejor opción, casi la única, era que los propios protagonistas contaran su historia. Podría haber hecho algo al estilo de Joe Sacco, que me ha influido mucho con sus tebeos sobre Palestina y Gorazde, pero la diferencia es que él sí estuvo en esos sitios, mientras que yo nunca he conocido a las personas que salen en mi cómic.

DM: Si hubieras tenido la oportunidad de entrevistar a algunos de los protagonistas de Azul y pálido…
PR: Pues el tebeo sería muy distinto, porque me habría convertido en observador directo. Pero teniendo en cuenta que no tenía los medios ni las posibilidades, estoy muy contento de cómo ha quedado.

DM: ¿Estás seguro de que presentaste las historias de un modo aséptico? En el fondo no puedo evitar cierta sensación, como de escepticismo o cachondeo, en la forma de caracterizar a varios de los protagonistas…
PR: El tebeo tiene poco humor, pero sí es cierto que he tomado un poco más de partido en casos como los de Sixto Paz o Giorgio Bongiovanni, que convirtieron sus historias en negocios muy lucrativos. Luego están los relatos de Phil Schneider, un hombre del que nunca se supieron las causas de su muerte, y del matrimonio Hill, con un cáncer de por medio, que me arrastraban a contarlos de una determinada manera. O Billy Meier, al que se le ha pillado varias veces en un renuncio… Una de las claves del libro es el parlamento de Philip Klass, un ufólogo racionalista que investigó el caso de Travis Walton y aseguró: “No puedo decir si Travis se lo inventa o no, porque no tengo pruebas”.

Azul y pálido también desgrana las teorías de Sixto Paz, líder de la secta OVNI RAHMA

DM: La gente, cuando se encuentra en un momento complicado a nivel emocional o vital, tiende a creer en lo que sea. ¿Hay alguna diferencia entre los extraterrestres y, por ejemplo, los adivinos que salen en televisión a altas horas de la madrugada?
PR: Es exactamente lo mismo, otro sistema de creencias. Conviene mirar la forma en que las religiones han representado a los alienígenas, y por eso he incluido el capítulo de Unarius. Ahí se da el contraste con Sagan, que sí ha investigado estos fenómenos desde un punto de vista científico. De todas formas, resulta difícil llegar a una conclusión. ¿Es cómodo creer en extraterrestres? Pues a lo mejor, porque te permite tener un enemigo al que culpar de tus desgracias o un amigo que te ayudará en situaciones de debilidad. También está el discurso de George Adamski, que no deja de ser un pacifista, un tipo que aparece en lo más crudo de la Guerra Fría y dice que un extraterrestre se ha puesto en contacto con él para que advierta a la humanidad sobre los peligros de la carrera nuclear. La vida a veces es tan dramática que mucha gente decide crearse su propia historia y escapar. Los contactados y los abducidos no son, por lo general, personas que hayan triunfado en la vida, y te ves obligado a creerles por una cuestión de amor. Si se han metido en ese berenjenal, dispuestos a contar una historia que la mayoría de veces sólo les trae desgracia, ¿por qué vamos a dudar de su palabra?

Orthon contactó con George Adamski para advertirle de los peligros de la carrera nuclear

DM: Lo cierto es que existe una fascinación del ser humano por esta clase de fenómenos y ahí está el ejemplo de un programa como Cuarto Milenio, que se ha convertido en un éxito.
PR: ¿Existen civilizaciones de otros planetas que nos visitan de manera regular? Esa pregunta nunca se ha respondido. Te puedes acercar desde un punto de vista racional, pero eso no impide que el relato en sí te pueda gustar. De hecho, Azul y pálido no deja de ser eso, un relato. Creo que, desde mediados del siglo XX, todos nos hemos planteado estas cuestiones. A mí me divierte Cuarto Milenio, no lo veo como algo pernicioso, pero es mejor que dejes suspendido el espíritu crítico. También hay otros programas en los que no se tiende tanto al espectáculo y resultan más verosímiles.   

DM: Pero sí parece que, a día de hoy, el triunfador es el vendeburras, y no el Jiménez del Oso de hace unos cuantos años…
PR: El dibujante David Sánchez, con el que he hablado mucho mientras hacía el cómic, es el mayor antifan de Iker Jiménez. Le fastidia que tenga más protagonismo que Miguel Blanco, que es el otro gran comunicador del misterio que hay ahora mismo en las ondas. A Iker Jiménez hay que reconocerle que tiene un producto muy atractivo, con esos casos militares, los tiroteos… y todo a través de la televisión, que es más impactante. Pero ahí entra el sentido crítico del receptor, que puede creerse en mayor o menor medida lo que le están contando. Eso sí, el raciocinio absoluto mataría el fenómeno ovni. Cualquier caso se puede reducir a una crisis nerviosa o al efecto contagio, y desde el punto de vista psiquiátrico estaríamos hablando de algo irrefutable. De hecho, muchas de estas experiencias terminan con un informe médico en el que se especifica que el paciente sólo vio el ovni en su cabeza.

DM: Es como el poster de Mulder en Expediente X; no se trata de creer, sino de querer creer.
PR: Ese es el meollo de la cuestión. Por otro lado, la pregunta es acojonante: ¿estamos solos en el universo? Y la respuesta hasta ahora es que sí, con todas las implicaciones que eso conlleva. Imaginemos que sólo hay vida en la Tierra, que no hay nadie más en toda la vastedad que es el cosmos. Para mí sería terrible, inconcebible, y por eso me gustaría pensar que, en algún momento, hemos recibido la visita de extraterrestres. Y como alguna vez tiene que salir el tema, sí, yo creo en los extraterrestres. Tengo un amigo que es astrónomo y católico, lo cual puede parecer muy contradictorio, pero me gusta usarlo como ejemplo porque considero que tu manera de acercarte al universo no tiene por qué estar reñida con tus creencias personales.

DM: Estamos enfocando toda la conversación desde un punto de vista muy individual, pero si lo hacemos desde una perspectiva más general, ¿no tienes la impresión de que este tipo de fenómenos extraterrestres, al igual que los zombis y los vampiros, tienen más auge en momentos de crisis económica, social o política?
PR: Eso es cierto. De hecho, el ‘contactismo’ se pone de moda en los primeros años de la Guerra Fría. Luego se frena a principios de los setenta y explota de nuevo en la era Reagan con la Iniciativa de Defensa Estratégica, también llamada Guerra de las Galaxias. A finales de los ochenta vuelve a languidecer, tras la caída del Muro de Berlín, y resurge en la actualidad porque la gente necesita creer en algo en estos periodos de incertidumbre. Ni siquiera se trata de la esperanza en un futuro mejor, sino de que haya algo más aparte de la realidad a la que estamos acostumbrados.

DM: Hace pocos años se supo que el gobierno de Estados Unidos había desclasificado varios documentos relativos al Área 51 y el supuesto accidente del platillo volante que se estrelló en Roswell en 1947. Y claro, la ficción había superado con mucho a la realidad.
PR: La desinformación ha ayudado muchísimo al crecimiento del fenómeno extraterrestre. No incluí el caso de Roswell porque no tenía mayor interés humano, sino que se trataba de una cortina de humo para tapar la muerte de unos pilotos estadounidenses que hacían maniobras con un nuevo modelo de avión.

Carl Sagan, protagonista ineludible de Azul y pálido

DM: Te aviso de antemano: vamos a meternos en un charco. Este cómic no habría existido nunca sin el desarrollo que en los últimos años ha tenido la novela gráfica.
PR: En demasiados fregados me he metido ya por esta historia.

DM: De hecho, escribiste un manifiesto en el que dejabas muy clara tu opinión…
PR: Para mí no hay debate: la novela gráfica existe y es lo mejor que le ha pasado al cómic en toda su historia. Gracias a ella he podido hacer mi tebeo, el tebeo que me ha salido del alma, y abordándolo de una forma absolutamente libre. Si es un tema de nomenclatura, la discusión me parece estéril y baldía. El problema con la novela gráfica siempre ha sido el mismo, que nos divide en dos bandos y, si haces una cosa, parece que ya no puedes hacer la otra. Yo lo tengo clarísimo: Azul y pálido es una novela gráfica y estoy muy orgulloso de poder decirlo. No creo que se traicione ninguna esencia. Hasta Daniel Clowes, que renegaba del término, se ha rendido a la evidencia. Además, si esto de la novela gráfica es una estrategia comercial para vender tebeos, a mí me parece cojonudo. Y el que no quiera hacer novela gráfica, pues que no la haga. Yo tengo un amigo, David Aja, que se dedica a dibujar superhéroes porque le salen de puta madre y es lo que le gusta. Y si algún día le da por hacer una novela gráfica, pues la hará, y si no, pues seguirá tan contento con sus superhéroes.

DM: “En esencia, el alma del movimiento de la novela gráfica es su intención. El novelista gráfico aspirará a lo máximo, a explicar el mundo, a hacer una pequeña muesca en la rueda de su tiempo, a ser un artista completo y orgulloso”. Estas palabras son tuyas, y me cuesta creer que haya alguien que no las comparta.
PR: Me parece perfecto que alguien se dedique a dibujar tebeos comerciales, pero si yo, como artista, quiero hacer un cómic de gente que ha visto extraterrestres, pues lo hago tan tranquilo, porque estamos en un momento histórico que permite la publicación de esta clase de obras. Y luego están los estigmas: “Otra novela gráfica de enfermedades”. Hombre, teniendo en cuenta que se han hecho mil millones de páginas sobre superhéroes, ¿qué tienen de malo unos cuantos tebeos sobre enfermedades? Además, no son tebeos sobre enfermedades, sino sobre personas. Pero vale, dejemos la temática a un lado y pensemos en un tío como David Sánchez, al que amo profundamente como artista: sus tebeos no se habrían podido publicar hace diez o quince años, y esa pérdida nos la hemos evitado con la novela gráfica.

DM: Vamos con proyectos presentes y futuros. Ahora estás liado con Toby Continued, un webcómic que llevas a cabo junto a El Hematocrítico.
PR: Pero cualquier cosa relacionada con este tema habría que preguntársela al Hemato, que es quien tiene los originales de Cliff Hanger. Yo te puedo decir que es un divertimento y que, de momento, me lo estoy pasando en grande.

DM: ¿Quién es Cliff Hanger? Y aún más importante: ¿qué leches hacíais tú y El Hematocrítico en un mercadillo de Missouri?

PR: Las circunstancias nos llevaron hasta allí y todavía no sabemos cómo pudimos regresar. El resto sigue en el más absoluto secreto, porque hay mucha gente implicada, no queremos que nuestras familias salgan perjudicadas.

Tira de Toby Continued

DM: He leído que tu próximo trabajo será un cómic sobre fútbol.
PR: Estará ambientado en el mundo del fútbol, pero todavía no sé de qué manera. Me apetecía cambiar el método de trabajo, así que lo voy a hacer con un guionista cuyo nombre aún no se puede desvelar. Lo malo es que le respeto un montón, así que le estoy dando muchísimas vueltas a los dibujos. No es lo mismo que si los hiciera para mí, sino que cambia el tono, la aproximación… Me gustaría que el libro se basara en historias reales, porque hay mucha tela que cortar. Además, los cómics de fútbol que se han hecho en España han tenido siempre un punto muy corporativo: el de la Roja, el del Madrid… Que está muy bien, sobre todo para los chavales, con esa mezcla de superhéroes y manga, pero yo quiero enfocarlo de otro modo. Cuando uno trata de justificar el balompié suele recurrir a frases manidas: “El fútbol es como la vida”. Pues no. El fútbol tiene sus propias reglas y a su alrededor hay cosas lo suficientemente importantes como para que trascienda por sí solo, sin necesidad de hacer comparaciones vacías. Recuerdo también lo que decía Albert Camus: “Todo lo que sé de los hombres lo aprendí en el fútbol”. Pues tampoco creo que sea así, porque en un campo puedes conocer a auténticos asesinos que luego, en el resto de ámbitos de la vida, son bellísimas personas.

DM: En todo caso, será un cómic sobre fútbol desde una perspectiva adulta, seria.
PR: Efectivamente. Yo hago la comparación entre dos películas, ¡Goool! y The Damned United, y me gustaría que el tebeo se pareciera a la segunda. Soy muy del Barça y el guionista, del Madrid, así que puede salir algo muy curioso.

DM: Hace poco colgaste en Twitter el siguiente listado de jugadores: Carmelo, Mágico González, Onésimo, Amavisca, Gordillo, Amor, Prosinecki, Hagi, Polster y Zamorano. Dos apuntes: por un lado, se nota que ya vamos teniendo una edad; por otro, hay una predilección innegable por los futbolistas de fantasía.
PR: Algunos con menos suerte, como Onésimo, pero todos eran peloteros de los buenos. El fútbol antes del siglo XXI era bastante divertido, mientras que ahora todo se reduce a los dos grandes. El aburrimiento de la Liga sólo se cura viendo fútbol absurdo, como los partidos de Rusia o Corea del Sur.

DM: La Ley Bosman se ha cargado muchas cosas. Antes todos los equipos tenían su pequeña estrella, como Zalazar en el Albacete, Mágico en el Cádiz, Carlos en el Oviedo…
PR: Y las distancias también han aumentado. Mira a Rubén Castro, el delantero del Betis, un tío con mucha calidad pero al que no puedes comparar de ninguna manera con Cristiano Ronaldo, Messi o Falcao. Además, el fútbol ha cambiado una barbaridad. Messi no habría salido vivo en cualquier partido de la década de los ochenta. La presencia de las cámaras ha pervertido un poco el juego.

DM: Es una gran época para los que entendemos el fútbol como algo más que un simple deporte, y así lo ejemplifican programas como Informe Robinson y revistas como Panenka o Líbero, sin olvidar la publicación de libros como Dios es redondo, de Juan Villoro, o Fútbol: dinámica de lo impensado, de Dante Panzeri.
PR: Tengo 34 años y creo que los que pertenecemos a esa generación nunca nos hemos avergonzado del fútbol, lo que ha permitido la glosa de este deporte. De hecho, yo me quiero aprovechar de esa tendencia. Un tebeo sobre fútbol ya no tiene por qué ser un producto raro, sino que puede tener su público, ese tipo de lector que pide algo más. Es un momento dorado para contar el fútbol.

DM: Se ha producido una maduración por parte de los lectores.
PR: Nos criamos con El día después, todo lo que significó aquella manera nueva de acercarse al fútbol, centrándose en el interés humano del deporte. Aún recuerdo el vídeo de Raúl Ruiz cuando el Numancia jugó contra el Barça en la Copa del Rey.

DM: La figura del perdedor resulta más emotiva que la del típico ganador. Eso se vincula con Azul y pálido.
PR: Sólo hay que pensar en Julio Alberto, un tío que lo tuvo todo y mira cómo acabó. Pero tampoco hay que irse a por un jugador de Primera, porque luego están esos que se pasan toda su carrera jugando en Segunda B y que, en cuanto cumplen treinta años, se quedan sin el fútbol y con unos ahorros más bien escasos. Hay mucho material para hacer una buena historia y ese es el problema que tenemos con el tebeo, que no sabemos por dónde tirar.

Pablo Ríos y un colega, minutos antes de empezar el partido

Texto: Julio Soria