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NADA ES PARA SIEMPRE
Categoría: ARTE

NADA ES PARA SIEMPRE

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DAVID CATÁ. Todo en esta vida es efímero.
Categoría: TV

DAVID CATÁ. Todo en esta vida es efímero.

Dentro de la feria Jääl Photo, DOZE Magazine tuvo la oportunidad de entrevistar a una de las jóvenes figuras que están dibujando el nuevo retrato del arte español. David Catá ha conseguido abrirse hueco en el circuito del arte y lo que es más significativo, invitarnos a la reflexión mediante una poética personal afinada. 

 
 

“Leo pocos cómics en comparación con toda la música que escucho”

A todo creador le llega el momento de dar un paso al frente y asumir el riesgo, inevitable, de hacer esa obra que o bien le consagra definitivamente en el circuito profesional, o bien denota cierta necesidad de pulir un estilo todavía en proceso de formación. Álvaro Ortiz (Zaragoza, 1983) se encuentra sin lugar a dudas en el primero de estos escenarios. Tras Julia y el verano muerto, Julia y la voz de la ballena (ambas publicadas por De Ponent) y el autoeditado Fjorden, el dibujante se confirma ahora entre la élite del cómic nacional con Cenizas (Astiberri), novela gráfica sobre la amistad y el paso del tiempo en la que no faltan viajes por carreteras interminables, moteles de dudosa reputación, misiones extrañas, cowboys cazarrecompensas y retorcidos vocalistas de country. Y un mono de circo.

En esta entrevista con DOZE Magazine, el artista maño desgrana los pormenores de un tebeo que llevó a cabo en la prestigiosa Maison des Auteurs de Angoulême (Francia) gracias a la beca de cómic que hasta este año concedía Alhóndiga Bilbao.

Autorretrato de Álvaro Ortiz


DOZE Magazine: Tus tres obras anteriores no sumaban, ni de lejos, las mismas páginas que Cenizas. ¿Cómo afrontas una obra de esta magnitud?
Álvaro Ortiz: Pues muy bien, con calma, porque me fui a Angoulême y tenía todo un año por delante para hacer el tebeo, así que lo veía factible. Luego, sobre la marcha, caí en la cuenta de que la historia se me escapaba de las manos y que no me había hecho a la idea de todo el curro que suponía. Mi segundo cómic, Julia y la voz de la ballena, tenía 66 páginas y me costó cuatro años terminarlo. Con Cenizas, de primeras, me las prometí demasiado felices, porque se trataba de hacer 180 páginas en sólo doce meses. Pero bueno, al final lo conseguí.

DM: Tienes un ritmo lento…
AO: Cuando trabajo por encargo suelo hacer las entregas a tiempo; si tengo que acabar para una fecha, acabo para esa fecha. Pero si se trata de proyectos personales, como mis cómics, el tiempo se me termina escapando. Además soy bastante meticuloso, maniático, y aunque pueda parecer que mis dibujos son simples, lo cierto es que les doy muchísimas vueltas. El resultado es que el proceso se alarga mucho.

DM: ¿Sientes más presión con tus proyectos personales que con los trabajos por encargo?
AO: Sin duda. Un trabajo por encargo te obliga a quedar bien con el cliente, eso por supuesto, pero son cosas que me resultan más sencillas. Cuando trabajaba para el Heraldo de Aragón, por ejemplo, la ilustración tenía que estar en una tarde. Eso genera presión, pero luego terminas y no piensas más en ello. Sin embargo, mis cómics van a rular más, son más íntimos, les has metido muchas horas… Y cuanto más tiempo le dedicas, mejor quieres que quede. Se forma una bola que crece poco a poco.

DM: Durante ese año en Angoulême, ¿llegaste a tener la sensación de “¡joder, esto no se acaba!”?
AO: Casi todos los días (risas), sobre todo a partir del quinto mes. Pero sigues currando y al final lo terminas. Sin olvidar que la editorial también me puso una fecha tope. Si no hubiera sido por eso, no sé cuánto tiempo más habría estado retocando cosas.

DM: Pues menos mal que te pusieron las pilas.
AO: Habíamos apalabrado la salida del libro y no quedaba más remedio que poner un límite. Pero era algo viable. Es cierto que durante las últimas semanas me tocó currar muchísimo, pero no sólo llegue a tiempo, sino que tampoco tengo la impresión de que esas prisas de última hora se hayan reflejado en el libro.

DM: ¿De dónde sale Cenizas, cuánto tiempo llevaba esta historia metida en tu cabeza?
AO: Soy un desastre para las fechas, pero más o menos desde 2008. Además, la idea ha cambiado bastante respecto al proyecto que presenté para la beca. También iba sobre la amistad y el paso del tiempo, pero con un tratamiento más serio. Cuando me tocó sentarme en la mesa me di cuenta de que aquello no me interesaba demasiado, así que lo utilicé como punto de partida.

Moho, Piter y Polly, protagonistas de Cenizas


DM: Esos cambios, ¿los eliges de forma consciente o es la historia quien te los impone?
AO: Muchas veces ocurre sobre la marcha, aunque en este caso fue distinto. A principios de 2010 redacté la idea, pero un año después no me interesaba de la misma forma. Ya en Angoulême me puse a trabajar y fui muy consciente de que estaba destrozando la idea original, pero también me apetecía ver hasta dónde era capaz de llegar.

DM: Y eso de cambiar toda la base inicial de tu historia, ¿no te sumergió en un mar de dudas?
AO: La beca te la conceden en concepto de creación. Por un lado tenía la parte buena, es decir, que me pagaban por hacer el cómic, independientemente de que luego no se llegara a publicar. Eso te permite hacer el trabajo que te dé la gana. Pero también es verdad que, en un momento dado, empiezas a plantearte si igual no te estás pasando un poco. No sabía si la gente iba a entender o a empatizar con lo que yo estaba contando, toda esa mezcla absurda de elementos que a mí me hacían mucha gracia pero que, a lo mejor, no tenían mucho sentido. Por suerte, creo que me equivoqué.

DM: Tu último cómic, Fjorden, surgió a raíz de una estancia que hiciste en la Residencia de Artistas Messen de Alvik (Noruega). ¿Ocurrió algo parecido con Cenizas, hubo algún lugar especial en su gestación?
AO: La verdad es que no. El libro cuenta algunas cosas, pero de modo muy ficticio. Tampoco es que mi historia sea el colmo de la originalidad, porque hay un millón de relatos que parten de la misma idea: el grupo de amigos que se junta muchos años después. El otro día me pasaron el título de una película francesa, Comme des frères, que se estrenó hace poco y que, por lo visto, tiene un comienzo muy parecido al de mi libro. Vamos, que es un tema recurrente, pero a mí me ha funcionado para contar ciertas cosas que me interesan.

Una de las carreteras al infinito que aparece en Cenizas


DM: Cenizas es un ‘road comic’ en el que tres amigos (y un mono) se meten en un coche para hacer juntos un viaje y cumplir una misión. Se trata de una situación excepcional, ya que no vemos a los personajes en su rutina diaria. ¿Complica eso las cosas a la hora de desarrollar las personalidades de cada uno de los protagonistas?
AO: Sí, pero tampoco demasiado, porque el pasado de los personajes no tiene un peso excesivo, así que casi podía hacer lo me viniera en gana. Hice una pequeña presentación de cada uno, por aquello de remarcar quiénes eran, a qué se dedicaban, sus formas de ver algunas cosas… Pero ya está, no había necesidad de profundizar en todas sus motivaciones.

DM: En relación a eso de ‘road comic’, hay quien dice que tu tebeo parece un ‘storyboard’…
AO: Me lo han comentado varias veces, pero no tengo esa sensación. Vale, hay muchos topicazos de película, pero el ritmo de lectura no creo que tenga nada que ver con el cine.

DM: Podría ser hasta un halago; a pesar de su longitud, el cómic se lee de una manera muy fluida y, por momentos, vertiginosa.
AO: Tuve que reescribir un montón de veces las cincuenta primeras páginas e hice versiones muy distintas del guión. Eso fue lo más difícil. A partir de ahí conseguí desarrollar el ritmo que quería. Lo que tenía muy claro era que, puestos a dibujar 180 páginas, no iba a hacer un ladrillo, sino algo que resultara ameno y fácil de seguir. Me parecía lo más adecuado, sobre todo por el tono que me gusta darle a mis historias. De ahí la mezcla con el ‘thriller’, para enganchar al lector y que no se hiciera pesado en absoluto.

DM: Dejando a un lado lo del ‘storyboard’, lo cierto es que en tu cómic hay muchas referencias cinematográficas. ¿A qué se debe? ¿Eres muy cinéfilo o simplemente encajaba en la historia?
AO: Era otra idea que ya tenía en mente desde hace bastante tiempo, ese rollo de película con carreteras, coches y moteles, y consideré que esta era la oportunidad de hacer algo ambientado en esos sitios. Creo que lo había ido aplazando porque no sé dibujar coches, pero me dije: “¡Ya vale de tonterías!”. Y me gusta el cine, pero tampoco soy un gran aficionado. Es verdad que me interesan directores como los hermanos Coen, David Lynch o Tarantino, pero también es cierto que soy un poco desastre y luego no me acuerdo de los títulos o los nombres de los actores... El año pasado, como estaba en Angoulême y no tenía televisor, me pasaba el día entero comiendo y viendo películas. Fue posiblemente el año en que he visto más cine de toda mi vida, así que igual se ha notado luego en el tebeo.

DM: Eso de la carretera, la misión, los cowboys… Querías plantear este cómic desde una perspectiva más adulta, más seria, pero al final parece que todas tus obras han de tener cierto espíritu aventurero.
AO: Supongo que es normal. Intento cambiar de rollo, pero luego surgen de nuevo todas las cosas que me gustan, como las historias de piratas. Es difícil desprenderse de todo eso, porque además tengo un estilo bastante naíf, rozando incluso lo infantil, y ni me apetece ni quiero cambiarlo de golpe y porrazo. Mi manera de hacer las cosas sigue estando ahí y no se va a largar de un día para otro.

Luchadores mexicanos peleando en Cenizas


DM: Por la forma en que se desarrolla la historia, por los paisajes y los sitios que visitan los protagonistas, cualquiera podría intuir que Cenizas ocurre en Estados Unidos, pero sería muy osado afirmarlo de manera categórica.
AO: Si quitamos Fjorden, mis otros dos cómics tampoco ocurren en un sitio reconocible. Habría sido muy falso por mi parte si me hubiera puesto en plan “¡qué bonito es Estados Unidos!”, porque la realidad es que sólo he viajado por un cacho y no lo conozco en profundidad. Prefería una localización indeterminada y, si te fijas, las pocas menciones de sitios concretos se refieren a lugares donde los protagonistas ya no están, como Londres. Además, me apetecía la idea de que el lector se sintiera tan perdido como los propios personajes y, por otro lado, conservar ese tono un poco irreal, como de atmósfera de cuento, que intento desarrollar en mis trabajos.

DM: Hace unos días te cogiste un pequeño “rebote” porque alguien, en un foro, comentó que los personajes de tu obra resultan planos. Sin embargo, y esto es una opinión personal, los protagonistas de Cenizas son muy humanos, para nada artificiales. ¿Crees que todavía hay gente que sólo busca al héroe cuando, en realidad, las personas normales y corrientes también tienen mucha tela que cortar?
AO: Encontré un par de comentarios de gente a la que no le había terminado de convencer el libro, pero tampoco es que me cabreara. De hecho, estoy muy contento de cómo quedaron los personajes, porque en mis tebeos anteriores, los de Julia, muchas veces me daba cuenta de que los protagonistas eran muy lineales; no sabías nada de ellos, todos se movían igual, todos eran un palo con una cara… En esta ocasión, y ya que tenía más tiempo, me centré en buscar tres personas que, de primeras, tuvieran caracteres muy diferentes. Es un fundamento básico a la hora de escribir ficción: en el momento en que pones a personajes con personalidades enfrentadas, las situaciones salen de manera más sencilla. Y ya te digo, con eso me quedé bastante satisfecho. Ahora tengo ideas para un nuevo tebeo, pero me da palo repetirme con la idea de los perdedores, esos personajes dejados de la mano de Dios. Me gustaría encontrar un punto de partida completamente opuesto, que difiera mucho del que tiene este cómic, pero al final siempre me salen cosas parecidas.

DM: Pero eso quizás resulte más creíble, sobre todo en estos momentos. Los protagonistas de Cenizas son treintañeros y todos los que estamos alrededor de esa franja de edad nos encontramos en un momento de indefinición absoluta…
AO: Está claro, los personajes del libro son un reflejo de la situación actual. Mal que mal, todos estamos un poco perdidos, con trabajos precarios, sin saber qué vamos a hacer el día de mañana. Hay una parte del tebeo que, incluso, me pareció un poco panfletaria, con ese rollo del que no sabe dónde va a poder dormir esa noche… No quería que pareciese oportunista, pero, por otro lado, es lo único que vemos últimamente.

DM: Mientras leía el cómic no me abandonaba la sensación de que uno de los personajes, Piter, funciona como tu álter ego, quizás por aquello de que es el narrador de la historia. Y además tiene barba, que todo hay que decirlo…
AO: Pero está más gordo que yo y también es bastante más alto (risas). Si me tuviera que quedar con uno de los tres personajes, seguramente sería él, porque es el más tranquilo y el que menos grima da en la mayoría de las ocasiones. Siempre que escribes en primera persona tiendes a relacionarlo un poco contigo, aspectos personales y detalles que son tuyos y que transmites a los personajes. Pero nada serio. Me gusta mucho más jugar con la ficción.

Moho, Piter y Polly (y Andrés), en visión trascendental


DM: Aun así, los protagonistas del tebeo se conocieron gracias a la música, y tú melómano eres un rato.
AO: Tampoco te creas. Tengo muy mal oído y soy bastante hereje. Sí que es una de mis aficiones, sobre todo la música en directo, pero no se me puede catalogar de melómano porque tengo unas lagunas monumentales. La música y los cómics son más fáciles de compaginar, porque mientras dibujas puedes escuchar un disco. En cambio, la cosa se complica bastante si tratas de hacer lo mismo con una película. Se podría decir que, a lo largo de los últimos años, he tenido la oportunidad de escuchar más música que de ver cine, y quizás por eso sea uno de los ejes centrales del libro.

DM: Pero a poco que se te siga por las redes sociales, cualquiera puede comprobar que raro es el día en que no hablas de un concierto, de una gira, de un disco…
AO: Procuro estar al loro de las cosas que me gustan y a finales de año intento leer las típicas listas de los mejores discos. Suelo compararlas con las de los mejores tebeos y siempre llego a la misma conclusión: leo pocos cómics en comparación con toda la música que escucho.

DM: ¿Qué no faltará en tu agenda musical de cara a 2013?
AO: El otro día me enteré de que Low vendrá de gira por España. Los he visto muchas veces, pero será la primera vez que toquen en Zaragoza y seguro que estará chulo.

DM: Elaboraste tres ‘playlists’ complementarias a tu cómic. ¿Están pensadas para escucharlas mientras se avanza en la lectura o simplemente se trata de las canciones que estabas oyendo mientras dibujabas Cenizas?
AO: La primera está hecha con canciones que escuchaba mientras hacía el tebeo, sobre todo durante los meses de curro más obsesivo, y algunas tienen relación con escenas sueltas. La segunda, con ese rollo de folk moderno, puede funcionar como la banda sonora mientras te lees el cómic. Creo que, en su conjunto, tiene más coherencia que la primera, donde cada canción es de su padre y de su madre. Por último, la tercera está formada por grupos que cantan en español y que me gustan.

DM: No has metido ni un tema de tu querido Nick Cave.
AO: Pues no, y eso que me escuché toda su discografía mientras hacía el tebeo. Su nuevo trabajo, que sale en 2013, es de esas cosas que espero con ganas. A ver qué hace, porque el anterior no me gustó nada.

DM: Me sorprende que en esas listas no aparezca ni una sola canción de Johnny Cash, Merle Haggard o Hank Williams…
AO: No tengo ni puñetera idea de country. He escuchado un montón de discos de Johnny Cash, pero no soy ningún versado en la materia. Y eso que me compré un banjo… Lo tengo aquí, muerto de risa. Nunca he sabido tocar ningún instrumento. El año pasado, con la excusa de que uno de los personajes del cómic tiene un banjo, y después de haber visto un par de películas donde aparece gente tocándolo, me acabé pillando uno muy barato por internet. El típico capricho tonto.

DM: ¿Has visto la escena del Dueling Banjos de Deliverance?
AO: He visto la escena, pero aún no he visto la película, que ya tiene delito. Mi banjo lo compré después de ver Winter’s bone.


DM: Cambiemos de tercio. En tus tebeos sueles hablar de lugares donde uno puede retirarse, alejarse del mundanal ruido y olvidarse de todo.
AO: Es una de las grandes ideas de Cenizas. Huir. Largarte a un sitio donde nadie te pueda molestar. En mis anteriores cómics también hablaba de eso, pero desde una perspectiva más romántica.

DM: En Julia y la voz de la ballena había, evidentemente, una ballena; en Fjorden sale un gato oficinista y ahora, en Cenizas, un mono. ¿Por qué recurres tanto a los animales?
AO: De pequeño quería ser naturalista, pero cuando empecé a estudiar Naturales en el colegio me di cuenta de que aquello no me interesaba lo más mínimo. Me gustaban los animalitos desde un punto de vista estético, pero me daba igual lo que comieran o cómo estuvieran hechos por dentro. Eso sí, me divierte mucho dibujarlos, y al final todo consiste en eso, dibujar cosas con las que me lo pase bien. Pero no te pienses que hay algo más profundo. Ni siquiera tengo mascotas, porque me parece feo tener un perro o un gato encerrado en casa.

DM: Respecto a tu estilo, se ha dicho que tienes puntos en común con David B., Chris Ware, Seth, Sfar, Max o Blain. Más allá de que estemos hablando de autores muy consagrados, ¿te sientes cómodo con estas comparaciones?
AO: No es que no tenga influencias, que sí que las tengo, incluso demasiadas. Sfar es mi dibujante favorito y también me gustan David B. o Blain, pero no veo mucho parecido entre lo que hacen ellos y lo que hago yo. El otro día, en una reseña, también mencionaban a Chris Ware. Nunca lo pongo como influencia porque me da vergüenza; me cuesta mucho leer en inglés y de sus libros sólo me he leído lo que se ha publicado en castellano, es decir, dos tebeos. En los últimos años sólo he podido ojear algunas de sus cosas, pero con Jimmy Corrigan la cabeza me dio muchas vueltas. Es espectacular y su influencia nos llega a todos los que hoy hacemos cómics. En cuanto a Seth, también se encuentra entre mis preferidos y procuro leerle todo lo que puedo. Y si alguien tiene la culpa de que yo haga tebeos es Max, que de niño me dejó flipado con La biblioteca de Turpín. Pero nunca sé qué parte de todo esto se puede ver en mis trabajos.

DM: Hablar de influencias, en algunas ocasiones, puede resultar incluso de mal gusto, porque la meta de cualquier artista es conseguir un estilo y discurso propios.
AO: Tampoco lo veo desagradable. Si lo viera muy claro, no tendría ningún reparo a la hora de reconocerlo. Me encantan todos esos dibujantes de los que hablaba, pero luego me cuesta asimilarlos como influencias. Y eso no quita que las tenga, y muchas además, también fuera de lo que es el tebeo. Me dedico a la ilustración y he estudiado diseño, y todo va sumando. Lo que pasa es que no me sale dar nombres concretos, así que prefiero que sea la gente quien lo diga, que además me resulta un honor.

DM: Si hay una influencia evidente es en Fjorden, donde Trondheim está muy presente.
AO: De hecho, creo que la comparación con Trondheim es la más unánime. Mi primer contacto con la ‘nouvelle bd’ francesa se produjo con uno de sus tebeos. Recuerdo que me parecía una cosa muy diferente a todo lo que había leído.

DM: Lo que sí está claro es que tus dibujos, con ese punto infantil, son capaces de despertar ternura aunque se trate de un personaje malvado. ¿Eso es una virtud o puede llegar a convertirse en un defecto?
AO: Puede ser una traba. Con Cenizas me han hecho la coña de que sólo hay una escena violenta, pero que resulta entrañable. Intento escapar de eso. Contar ciertas historias con mis dibujos sería complicado, porque tengo un estilo como muy tierno, redondeado, muy agradable, y para según qué cosas no lo veo. Trato de adaptarme a lo que pida la historia, pero claro, si el que escribe soy yo, al final siempre tiendo a tirar por el mismo lado.

DM: ¿Qué pasaría si algún día te plantearas hacer una historia con un asesino en serie?
AO: Me lo he plateado, no te creas. Todo sería cuestión de probar, porque igual el resultado es curioso. Algunas ideas que tengo para el siguiente proyecto rozan lo sórdido, pero no sé cómo puede terminar la cosa.

DM: En esto te delata tu versión de Carantigua, el protagonista de Pudridero…
AO: (risas) Sí, pero bueno, eso fue ya en plan de cachondeo, traerme al personaje a mi terreno y ponerle así, un tío simpático. Leí el cómic el otro día, justo antes de hacer el dibujo, y me lo pasé muy bien. Todo fue mi divertido, pillar al personaje y hacer algo muy mío, un señor sonriente que lleva camisa de cuadros y bebe café.

Versión que Álvaro Ortiz realizó de Carantigua, protagonista del cómic Pudridero


DM: Cenizas lo llevaste a cabo en la Maison des Auteurs de Angoulême gracias a la beca Alhóndiga Bilbao, que recientemente ha sido suprimida. ¿Qué sensación te ha dejado la desaparición de esta ayuda?
AO: Muy mala. Me parece un error bastante gordo, sobre todo porque es una beca que funciona y no supone ningún despilfarro. Es más, ya han dicho que no se debe a un tema económico, sino a un cambio en la dirección. Llega alguien nuevo, vinculado al mundo del arte más oficial, y lo primero que hace es cargarse una historia que tiene que ver con los cómics. Es un tema de desconocimiento y de desprecio. La nueva responsable del centro ha dicho que no quiere centrarse en algo minoritario, e igual el cómic es algo más minoritario que, por ejemplo, la pintura, pero habría que mirar qué tipo de pintura. También duele más por el hecho de que ahora, en España, el tebeo está teniendo mayor reconocimiento que hace unos cuantos años, y quitar una ayuda como esta, así, de golpe, es algo que no comprendo en absoluto.

DM: También hay quien defiende lo contrario, es decir, que el arte no debería estar subvencionado de ninguna forma…
AO: La gente va a seguir haciendo tebeos por más que no haya ayudas, pero esas ayudas siempre viene bien y suponen un incentivo. Yo he tenido la suerte de tener varias becas, subvenciones y premios, y, en el caso de que no me las hubieran concedido, seguramente seguiría haciendo cómics, pero no de la misma forma. La beca de la Alhóndiga me permitió estar un año en Angoulême sin necesidad de preocuparme por otros trabajos. Son malos tiempos, pero lo interesante sería que otra institución se diera cuenta y cogiese el relevo, porque el trabajo de intercambio ya está hecho y en Angoulême tienen intención de seguir becando a un artista español todos los años.

DM: Cenizas se publicará en Francia el próximo año, concretamente en la editorial Rackham. Supongo que eso te habrá inflado el ego…
AO: Estoy muy contento. Desde España vemos el mercado francés como el sitito a donde todos queremos llegar y, por otra parte, me hace ilusión que el libro salga en el país donde se llevó a cabo. En Angoulême hice buenos amigos, me lo pasé genial y sólo el hecho de ver el tebeo publicado allí sería un motivo de orgullo. Además, Rackham trabaja muy bien. Ahora estamos hablando para que les envíe unas cubiertas nuevas y parecen una gente estupenda.

Los protagonistas de Cenizas se asombran ante la inminente publicación del cómic en Francia


DM: A nivel profesional, si la cosa va bien, se te abre un abanico de posibilidades más amplio que en España.
AO: Es posible, pero siempre tendemos a pensar que las cosas en Francia son demasiado maravillosas. La competencia es muy fuerte y, si publicas para una gran editorial, puedes conseguir unos adelantes brutales y unas ventas muy altas, pero si lo haces para un sello más pequeño, independiente, la cosa cambia bastante.

DM: Alfonso Zapico señaló hace poco que eso de publicar en Francia tampoco es para tanto, que igual en España lo tenemos un poco idealizado…
AO: Los tebeos más comerciales tienen grandes tiradas y mucho público, pero luego hay un montón de cómics que sí, tienen sus lectores, pero no te permiten vivir de las rentas. Por publicar Cenizas en Francia no voy a poder estar tres años de vacaciones.

DM: Las cosas te están yendo de fábula, porque en España el libro ya va por la segunda edición.
AO: La acaban de mandar a la imprenta. He pasado de no saber si alguien querría publicar el tebeo a que, de repente, vayamos por la segunda tirada. A Astiberri no le enseñé el proyecto hasta que tuve las primeras sesenta páginas, pero se interesaron desde el principio. Fue la primera sorpresa, porque era la editorial con la que me apetecía trabajar.

DM: Al igual que la gran mayoría de dibujantes, tú también pasaste por una época de fanzinero, autoeditando tus propias publicaciones para dar a conocer tu trabajo. ¿Cómo ves el panorama del fanzine en la actualidad?
AO: Diferente. Mi primer fanzine lo hice con varios amigos en 1999, así que ha pasado mucho tiempo. Ahora, con Internet, hay muchos más medios para que la gente vea tu trabajo y los fanzines son mucho más cuidados. Ya no se trata de difundir tus dibujos, sino de disfrutar con el proceso de hacer un fanzine, que cada vez tienen ediciones más cuidadas. Es un momento muy bueno para el cómic y eso se nota tanto en las publicaciones profesionales como en las autoeditadas.

DM: Esto viene muy a cuenta porque Fjorden fue, precisamente, un producto autoeditado. ¿Te gusta trabajar de esta forma, al margen de cualquier control editorial?
AO: Desde 1999 y durante cinco años, estuve editando fanzines a piñón. Pero luego me quemé y me dediqué a hacer historietas para que otros las editasen. Fjorden era una prueba para ver cómo había cambiado la cosa y fue una experiencia muy buena; lo dibujé por el placer de dibujarlo, por tener el control de todo, y en el futuro no descarto hacer otra cosita por mi cuenta.

DM: ¿Sale medianamente rentable? ¿Lo ves como una opción real de negocio?
AO: No. Cuando haces estas cosas, con tal de no perder dinero ya es suficiente. Según cómo te lo montes puedes llegar a ganar algo de pasta, pero mi visión comercial es desastrosa. Dicho esto, todo apunta a que llegará a ser una posibilidad. En Estados Unidos hay gente que ya está vendiendo su trabajo directamente, tanto en los cómics como en la música, y consiguen pagar las facturas a final de mes. Ya veremos cómo funciona de aquí a unos años.

DM: Por último, ¿qué será lo próximo de Álvaro Ortiz?
AO: Ni idea (risas). Estoy haciendo trabajos sueltos de ilustración y un colega me ha pasado un guión al que habría que meterle mano rápidamente, porque también me apetece salir de mi rollo habitual. Y luego tengo ganas de hacer otra cosa gorda; hay unas cuantas ideas, pero nada seguro.

Moho, Piter y Polly descubren algo que cambiará sus vidas para siempre

 

 Texto: Julio Soria