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NADA ES PARA SIEMPRE
Categoría: ARTE

NADA ES PARA SIEMPRE

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DAVID CATÁ. Todo en esta vida es efímero.
Categoría: TV

DAVID CATÁ. Todo en esta vida es efímero.

Dentro de la feria Jääl Photo, DOZE Magazine tuvo la oportunidad de entrevistar a una de las jóvenes figuras que están dibujando el nuevo retrato del arte español. David Catá ha conseguido abrirse hueco en el circuito del arte y lo que es más significativo, invitarnos a la reflexión mediante una poética personal afinada. 

 
 

La historia reciente de la arquitectura olímpica

Cada cuatro años el mundo entero se revoluciona a la espera de la celebración de unos nuevos Juegos Olímpicos. Para los amantes de la arquitectura este es un doble motivo de ilusión, ya que a lo largo de la historia, las olimpiadas han servido de escaparate para mostrar al mundo los avances tecnológicos en la construcción así como para poner de manifiesto las preocupaciones arquitectónicas del momento.

Palazzeto dello Sport, Pier Luigi Nervi

Para comenzar, nos remontamos a los juegos de 1960, celebrados en la ciudad de Roma. El ingeniero italiano Pier Luigi Nervi aprovechó la ocasión que se le brindaba para construir un fantástico edificio: el Palazzetto dello Sport. Nervi consiguió unir la tradición italiana con la tecnología de aquellos años mediante una cúpula esférica de hormigón, con un óculo central y sustentada por unos pilares inclinados en forma de Y.


Gimnasio Nacional de Yoyogi, Kenzo Tange

Cuatro años más tarde (1964), en las olimpiadas celebradas en Tokio, Kenzo Tange asombra al mundo con su obra más conocida: el Gimnasio Nacional de Yoyogi, en Tokio. Este proyecto, que llevará al autor hasta el premio Pritzker, se convertirá en icono de la corriente arquitectónica denominada Metabolismo, muy importante en Japón. La cubierta del edificio principal, sustentada mediante una catenaria, llegó a ser la estructura suspendida más grande del momento.

 
Palacio de los Deportes, Félix Candela

En el caso de los Juegos de México en 1968, fue el arquitecto español Félix Candela quien atrajo toda la atención sobre el Palacio de los Deportes que construyó para la ocasión. Como era característico de este arquitecto, se propuso cubrir la superficie deportiva mediante una cáscara de hormigón lo más ligera posible, que estaría atirantada mediante barras metálicas y recubierta posteriormente con cobre.


Estadio Olímpico de Munich, Frei Otto

El año 1972 fue clave para Frei Otto. Las Olimpiadas de Munich brindaron al arquitecto la oportunidad de construir el mejor ejemplo de arquitectura tensada a gran escala. Otto, maestro de las membranas ligeras y las estructuras tensadas, cubre el Estadio Olímpico de Munich mediante una malla de cables  sustentada por 12 mástiles de acero, con una superficie total de 74.800 m2. La complejidad geométrica supuso el desarrollo de nuevos sistemas informáticos para poder llevarla a cabo.


Montreal Tower, Roger Taillibert

Tras las olimpiadas alemanas, el poder innovador de la arquitectura high-tech comenzó a disminuir. En la cita de 1976, en Montreal, se continuó con la búsqueda de una arquitectura expresiva, pero lo único realmente destacable es la Torre Montreal, la torre inclinada más alta del mundo (175 m), situada en el parque olímpico y a que se accede mediante un funicular. Aunque en el diseño original esta debía sustentar el techo del estadio, no se concluyó a tiempo para las olimpiadas y su ejecución completa se retrasó hasta 1987.


Estadio Olímpico Luzhniki

Aún fue peor el caso de Moscú (1980), donde el high-tech dio paso a la arquitectura colosal en la que lo importante eran las grandes  dimensiones. El edificio más característico de este certamen es el Estadio Olímpico Luzhniki, que no se construyó expresamente para la cita sino como respuesta a la ambición de los dirigentes soviéticos tras los éxitos cosechados en las olimpiadas de 1952.


Los Ángeles Memorial Coliseum, John Parkinson & Donald Parkinson

En 1984, casi a punto de finalizar la Guerra Fría, Los Ángeles intenta imponer el modelo americano. Frente al colosalismo ruso, la ciudad californiana (como si de una película de Hollywood se tratara) apuesta por una construcción efímera propia de la sociedad de consumo americana. Sin embargo, más que por su arquitectura, lo más importante de estos juegos fue que, por primera vez, la financiación no fue estatal sino privada, concluyendo con enormes beneficios, por lo que el modelo se repetiría posteriormente.


Piscina Cubierta Jamsil

La cita de Seúl en 1988 comienza a ser un punto de inflexión en lo que a arquitectura se refiere. A pesar de no construir un edificio icónico como en otras citas, el proyecto arquitectónico surcoreano se basa en la coherencia de convertir un complejo de un millón de metros cuadrados en un gran lugar público. De este modo, Seúl deja las trazas del gran proyecto urbanístico formalizado en Barcelona 92.


Palau Sant Jordi, Arata Isozaki

Fue en Barcelona, en 1992, donde la arquitectura olímpica cambió de rumbo. Adoptando las ideas levemente planteadas en Seúl, la ciudad no trató de construir edificios singulares que deslumbraran tecnológicamente al mundo, sino de crear una propuesta urbana que mejorara la ciudad aprovechando el dinero invertido. La ciudad no sólo se abrió al mar cambiando radicalmente su aspecto, sino que creó infraestructuras pensadas para funcionar una vez terminados los juegos, como el Palau San Jordi de Arata Isozaki.


Centennial Olympic Stadium, Heery International

En el centenario de los juegos modernos (1996), fue Atlanta la ciudad elegida como sede ante el asombro mundial, que esperaba a Atenas como sede para dicha cita conmemorativa. A pesar de reforzar la estructura existente del MARTA (Metropolitan Atlanta Rapid Transit Authority), la ocasión no supuso una gran mejora de la ciudad ni una propuesta innovadora arquitectónicamente hablando, ya que su gran edificio, el Centennial Olympic Stadium, se pensó más como futura sede de los Bravos de Atlanta, equipo de béisbol de la ciudad, que como estadio olímpico .


Stadium Australia, Populous

Con el cambio de milenio y aprovechando la cumbre de la tierra de Río de Janeiro, la ciudad de Sídney, que acogió los juegos en el año 2000, cambia radicalmente el concepto de ciudad olímpica. Aparece de la mano de los arquitectos colaboradores el concepto de ecología, muchos de ellos de Greenpeace. El arquitecto Rod Sheard, encargado del Stadium Australia, proyecta este con formas orgánicas y con una cubierta de policarbonato que recogía el agua de lluvia y la reutilizaba para regar el césped del estadio.


Estadio Olímpico de Atenas, Santiago Calatrava

El caso de la cita de Atenas 2004 simbolizó un paso atrás en este aspecto. De la mano del criticadísimo arquitecto español Santiago Calatrava, la ciudad invirtió más de 4.500 millones de euros. Si bien es verdad que, junto a una notable mejora del transporte urbano, consiguió 35 fantásticas instalaciones deportivas; no obstante, como es habitual en el arquitecto, desarrolló elementos escultóricos en mayor o menor medida sin ninguna ligazón urbana y mucho menos preocupación ecológica (las dos grandes aportaciones de la "arquitectura olímpica" conseguidas en las ediciones de Barcelona y Sídney).


Estadio Nacional de Pekin, Herzog & De Meuron

Las olimpiadas de 2008 en Beijing fueron una oportunidad para que China enseñase al mundo un posible nuevo orden mundial. Mostró no sólo su potencial económico, sino también su desarrollo en infraestructuras y arquitectura contemporánea, y dirigida por los más prestigiosos arquitectos del planeta. Quizá el edificio más reconocido de esta cita fue el Estadio Nacional, diseñado por Herzog & de Meuron, conocido como el "nido de pájaro" por su entramado de acero y que pretendió ser la imagen de la nueva China abierta al mundo.


Estadio Olímpico de Londres, Populous

La ciudad de Londres se enfrenta en la cita de 2012 a un doble reto. Por un lado, mejorar lo ofrecido por Beijing en la anterior edición y, por otro, crear los juegos más sostenibles de la historia (continuando con el legado de Sídney). Por primera vez la idea de sostenibilidad no es un anexo a la arquitectura, sino que es el punto de partida de todo el parque olímpico, diseñado por el arquitecto español Alejandro Zaera. No solo se han rehabilitado cinco kilómetros de vías fluviales o reciclado gran parte de los materiales, sino que la estrategia se extiende incluso a la elección de las empresas constructoras, apostando por el empleo local con el fin de disminuir la huella producida por los transportes. Este sentimiento de sostenibilidad, junto al miedo a la actual crisis que azota a Europa, ha llevado a plantear edificios, en muchos casos, desmontables con el fin de no hipotecar la economía futura con el mantenimiento de unas instalaciones innecesarias.


Este repaso por la arquitectura planteada por las distintas ciudades anfitrionas de los Juegos Olímpicos a lo largo de los últimos 50 años muestra cómo los edificios o planes urbanísticos, con mayor o menor calidad, son un reflejo de las preocupaciones no sólo de arquitectos y urbanistas, sino de la sociedad de cada época.

Texto: Antonio Martín Soria / TRESiYO