La libido en la fotografía urbana
- Detalles
- Categoría: ARQUITECTURA
- Creado en Miércoles, 01 Septiembre 2010 18:35
- Escrito por Alejandro Bazal
En la ciudad nos encontramos con espacios de todo tipo y condición. Nos tropezamos continuamente con formas y tamaños que nos transmiten sensaciones: agrado en una estación de tren bien resulta, hostilidad en un ministerio racionalista impuesto por la dictadura, confusión en las metáforas de una fachada modernista, turbación ante las pinturas en cúpula barroca, melancolía en ese edificio que le recuerda a uno su antiguo hogar…
Y cómo no, en los vericuetos de una ciudad también notamos el impulso de la libido. La manifestación de la sexualidad está allá donde quiera uno encontrarla, y no hace falta pensar en clave psicoanalítica para encontrarse con formas arquitectónicas que evocan la sexualidad, el triunfo de las hormonas, el instinto de procreación más elemental disfrazado de trazado urbano.
Instinto que se torna en atracción a través de curvas sinuosas y acogedoras de plazas y edificios, que invitan a la caricia más sensual. Túneles urbanos, que tras la oscuridad finalizan con el clímax de la luz del día soleado. Puentes bajo cuya estructura dejan pasar un tráfico de pequeños seres que se dirigen rápidamente, como en competición, hacia algún punto concreto, como si al final del día buscaran un solo objetivo: ser el primero en fecundar el óvulo. Rascacielos que con su punta despiertan la sensibilidad de las nubes, y que buscan ser más altos que sus vecinos de ladrillo, porque entre ellos el tamaño importa. Esas gigantescas cúpulas de las centrales térmicas y las industrias, que bajo su desapacible hormigón parecen albergar enormes depósitos de lecha materna. Chimeneas, las hay finas y alargadas, otras que más parecen un tonel, que expulsan sin cesar ese vapor blanco, y que en una mañana invernal nos recuerda con anhelo que por dentro deben estar muy calientes.
Nuestro motor es la atracción, en las múltiples facetas en las que se manifiesta. Y en la ciudad hay tantas cosas que nos atraen, en el sentido erótico de la palabra, que la arquitectura llega a convertirse en una necesaria ingeniería erótica. El ser humano urbano, alejado de su entorno natural, no deja de ser esclavo de su instinto más carnal, y recrea en sus diseños lo que añora de su hábitat natural. Una vez más, la naturaleza es el mejor arquitecto.
Pablo L. Barbero
Fotografías de: Emanuele Minetti, Julio López Saguar, Olivier Stevens, Sediama y Jef Van Den Houte. Puedes conocer a estos artistas en nuestro segundo número.














Please wait...