hit counter joomla

Spoiler de amor

Señoras y señores: saben cómo termina y eso es lo que la vuelve tan especial. Pese a que ya cumple un mesecito en nuestra cartelera, habrá quien todavía no haya tenido la oportunidad de pasarse a verla y quien siga interesado y, por tanto, evite leer comentario alguno sobre ella por si le destrozan el final; pues tranquilos y no se revuelvan porque Before Midnight (Richard Linklater, 2013) termina como ya saben todos que va a terminar. Pueden seguir leyendo.

Sabrán que hace 18 años se estrenó la primera entrega de la trilogía, la que llevaba por título Before Sunrise (Richard Linklater, 1995). De sobra estarán al tanto de todos los pequeños detalles que la hicieron tan especial al público joven de entonces, el mismo que peina canas en los tiempos actuales, el coetáneo de sus dos actores protagonistas: Ethan Hawke (42) y Julie Delpy (43) y hasta cabe la remota posibilidad de que se hayan enterado de las extrañas circunstancias que animaron al director a dar a luz aquella primera película y la que le siguió, Before Sunset (Richard Linklater, 2004) justo nueve años más tarde.

Así es el amor, así como da cuenta la cámara de Linklater, que primero deslumbra y ciega, agita los sentimientos y revuelve al ser humano, que luego se racionaliza y permite que la persona se vaya desprendiendo de la locura transitoria que lo aquejaba, que le permite ver con claridad lo que hay detrás del fogonazo, del flash de la cámara, que le descubre a su ser querido como lo que es y con todo aquello por lo que le gusta pero que no mucho después, también le muestra las esquinas oxidadas y las grietas de ese objeto de sus atenciones, de aquel que pasa a ser compañero y testigo de todo lo que uno vive, tanto lo bueno como lo malo. Sin sorpresas.

A su llegada al festival de Berlín a principios de este año, alguno se hizo eco de sus semejanzas con el clásico de Mike Nicholls Who’s afraid of Virginia Woolf? (1966) adaptado de la obra homónima de Edward Albee y la verdad: convendría no columpiarse demasiado al respecto.

Who’s afraid of Virginia Woolf? fue el primer trabajo como realizador de Mike Nichols e introdujo entre las líneas de sus diálogos las expresiones “goddamn” (algo así como “hijoputa”) y “bugger” (lo que viene a ser “muerde almohadas” en su acepción como sustantivo o “dar por culo” en tanto que verbo) con lo que vino a enriquecer en gran medida el panorama cinematográfico de su época. Pero no sólo de insultos se llenaba aquella obra maestra, multipremiada y requeteestudiada, Who’s afraid of Virginia Woolf?  mostraba la gravedad y crudeza de dos personas que, en el fondo, muy en el fondo de la superficie de odio y rencor que los envolvía, no hacían otra cosa que quererse.

Películas sobre parejas que se tiran los trastos (y los insultos) a la cabeza hay muchas y muy diferentes. Cintas como La guerra de los Rose (The War of the Roses, Danny DeVito 1989), Dos en la carretera (Two for the Road, Stanley Donen 1967), Faces (John Cassavetes, 1968), Días de vino y rosas (Days of Wine and Roses, Blake Edwards 1962), La gata sobre el tejado de Zinc (Cat on a Hot Tin Roof, Richard Brooks 1958), o la española Todo es mentira (Álvaro Fernández Armero, 1994) proporcionan ejemplos de algunas de las mejores discusiones que se han podido ver en pantalla, y son tan variados como los problemas que aquejan a los que comparten su vida con la mitad de una naranja –o de un limón, según se tercie-. Y hablando de Coque Malla, protagonista junto a Penélope Cruz en Todo es mentira, tiene también una bonita canción sobre las broncas parejiles.

Así que Before Midnight, a modo de cierre y precinto de la serie sobre el amor que Richard Linklater ha querido marcarse, con las aportaciones al guión de Etanh Hawke y Julie Delpy es otra más en la lista de historias que viviseccionan a dos que se aman, por encima de todo y muy a su pesar. Es efectivamente, una película muy hablada, con conversaciones poco naturales y tal vez excesivamente enroscadas en sí mismas, pero ya lo eran las otras dos que la precedieron y eso no debería sorprender a nadie, aunque moleste a algunos.

Texto: María López Villarquide