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“La ilustración siempre debe expresar las inquietudes del ilustrador”

"Bilderberg"

Sabemos de dónde venimos, no tenemos ni idea de adónde vamos y malvivimos en un presente que está para echarlo de comer a los marranos. El descontento se aprecia en todos los ámbitos sociales, incluido el de la cultura, donde proliferan las obras que tratan de captar la esencia de unos tiempos convulsos y en los que el porvenir se adivina tan negro como el carbón. Con ese espíritu llega Contrafabulario ilustrado (Underbrain Books), un libro en el que Maribel Carod se arma de sus lápices y pinceles para interpretar 19 microrrelatos de autores como Sabrina Rodríguez, Natxo Barrau i Salguero, Maribel Ruiz, Javier López Menacho, Isabel Baeza Varela, Jesús Sánchez Tenedor, Marta Valsecchi o Fer Navarro.

Licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Barcelona, donde se especializó en dibujo y diseño, Carod (Barcelona, 1978) ha desarrollado una carrera que combina la ilustración infantil, juvenil y publicitaria con varios proyectos personales, caso del dibublog SkiZ.o.Site y las series Peketrefes, Historias de ciencia ficción o Café amargo.

DOZE Magazine: ¿Estamos jodidos?
Maribel Carod: Nos han estafado y eso jode.

DM: ¿Qué es ‘Contrafabulario ilustrado’?
MC: Una colección de ilustraciones creada a partir de microrrelatos de diversos autores. El tema común es la crisis del sistema, pero llevada al terreno de la ficción. Dentro del contexto del libro, prefiero llamar “contrafábulas” a cada una de estas pequeñas historias, ya que, aunque tengan un imaginario animal, no tienen moralina ni moraleja.

DM: Y si hay animales, ¿por qué “contrafábulas”?
MC: Por llevar la contraria (risas).

DM: ¿Cómo nace el proyecto y quién elige a los escritores?
MC: Patricia Muñiz y Bouman, de Underbrain Books, me propusieron realizar un libro de estas características, pero con la posibilidad de escoger temática. Patricia fue la coordinadora del proyecto, eligiendo a los escritores y los relatos. En cuanto a la parte gráfica, tuve libertad total, con el único condicionante de que fueran ilustraciones en blanco y negro.

Llevaba un tiempo dibujando ilustraciones críticas con el sistema, siempre a partir de noticias que me llamaban la atención. En aquellos meses empecé a ser cada vez más consciente de la perversidad de la situación: las noticias sobre la supuesta crisis, que antes sólo nos habían llegado con cuentagotas, se convirtieron de repente en un torrente catastrofista y tóxico. No creo que sucediera por casualidad. Los medios están manipulados y tienen, a su vez, el poder de manipular. Es ventajoso mantener a una masa desmoralizada y con sentimientos de culpabilidad, el clásico “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, porque así es más dócil. Los pocos que se encabriten lo harán de manera controlada mediante espacios de manifestación pactados, y los que no sigan este sistema serán los violentos, los criminales, los antidemocráticos, la masa a odiar y a aporrear. Como decía Malcolm X, “si no estás prevenido ante los medios de comunicación, ellos te harán amar al opresor y odiar al oprimido”. 

Personalmente, nunca había sido tan consciente de esta manipulación. Era un bombardeo. Vivía un proceso diario de adaptación ante un empobrecimiento generalizado y de por vida, con todo lo que eso conlleva. Nadie estaba preparado. Si a eso le sumamos un estado permanente de desmoralización, malestar y desidia, es cuestión de tiempo que llegue la inactividad, la frustración y el pensar que no podemos hacer nada para cambiar la situación. Y eso le conviene al poder.

Las redes sociales ardían en quejas y denuncias, pero todo iba a peor y nada cambiaba. Dibujar sobre este estado de crisis, o perversa gran estafa, era mi forma de superar la parálisis y la frustración acumuladas y unirme, a mi manera, a las voces críticas que se estaban fraguando en otros territorios creativos.

"Puerca miseria"

DM: ¿Qué es más difícil: condensar el Juicio Final en 210 palabras o ilustrar esas 210 palabras?
MC: Ambas cosas tienen su dificultad, aunque a mí me resulta más fácil ilustrar que crear historias con palabras. Todas esas palabras se pueden condensar en unos cuantos conceptos y, al mismo tiempo, esos conceptos se pueden sintetizar en sensaciones e imágenes, hasta que finalmente encuentras una que resume lo que ha significado para ti la lectura de esas 210 palabras sobre el Armagedón.

DM: ¿Cuál fue tu aproximación a los relatos que componen el libro, cómo los encaraste?
MC: Me fío mucho de mi intuición. Si aparece una imagen mental potente a la primera y no me abandona durante el proceso, sé que puede funcionar. Otras veces es más complejo, porque las primeras ideas también corren el riesgo de ser las más trilladas, así que voy trabajando conceptos a partir de mi opinión y mi visión sobre el relato. Es una reescritura gráfica, porque la ilustración siempre debe expresar las inquietudes del ilustrador, independientemente de la visión y la opinión del escritor. Curiosamente, visiones distintas pueden ser complementarias.

DM: En ese proceso de plasmar una idea ajena, ¿llega un momento en el que tienes que hacer tuyo el relato, llevártelo a tu terreno y darle tu propia interpretación?
MC: Sin duda. El relato lo reinterpretas siempre y hay nuevas historias en cada reinterpretación. El lenguaje gráfico es simbólico y polisémico. Trasladar literalmente al papel una idea que no es tuya, sin ir un poco más allá, no es ilustración.

DM: Dejando a un lado los relatos, ¿buscaste inspiración en otros ámbitos sociales, políticos, mediáticos…?
MC: Sólo cuando me hizo falta un poco de documentación. Llevaba mucho tiempo interiorizando esta clase de informaciones a través de los medios y el día a día, así que ya tenía las cosas en la cabeza. Me sentí mucho más inspirada por otros artistas e ilustradores.

DM: ¿Por ejemplo?
MC: A nivel gráfico, en este trabajo he optado por un estilo más figurativo que el que acostumbro para mis proyectos personales, que enraízan incluso con el cómic y su manera de trabajar. Había releído las Historias de Taberna Galáctica, de Josep María Beà, que desde pequeña me han parecido apabullantes desde un punto de vista gráfico, y también me inspiré en imágenes del cine de terror y en atmósferas de libros de ciencia ficción.

Por otro lado, quería trabajar la experiencia figurativa de la línea clara y precisa en contraste con la mancha negra o el pincel seco. Siempre me gustaron mucho los grabados y, en particular, los grabados y dibujos y las Pinturas negras de Goya, a quien dedico un claro homenaje en una de las ilustraciones.

"El monstruo de la crisis"

DM: Supongo que en un libro como este, con esa temática tan determinada, lo más apropiado era el blanco y negro.
MC: A mí me encanta trabajar en color, pero Contrafabulario ilustrado debía ser en blanco y negro. Además, la escala de grises reforzaba el ambiente decadente y sombrío de muchas ilustraciones.

DM: El resultado de toda esta mezcla es una obra de aspecto agresivo, intimidatorio. ¿Era ese tu objetivo?
MC: En absoluto, pero si he conseguido que su aspecto sugiera esas sensaciones, me parece fantástico.

DM: He podido echar un vistazo a tu portafolio y me he encontrado con dibujos muy alegres, humorísticos, otros más tiernos… En cualquier caso, alejados de lo que se puede ver en ‘Contrafabulario…’, que resulta más amenazador. ¿Te has sentido cómoda en ese registro?
MC: En mis obras como ilustradora realizo un tipo de dibujo muy diferente al que se puede ver en Contrafabulario... Trabajo mucho para público infantil y juvenil, lo cual es un verdadero placer, porque me gusta y me permite conectar con mi lado más travieso.

"Saint George and the Dragon"

Pero eso es trabajo. La creación personal es otra cosa. Para mí es aburrido hacer siempre lo mismo, así que necesito experimentar nuevos registros y formatos, inventándome proyectos a mi aire. Es como si me encontrara en un laboratorio, un entorno cerrado donde no tengo que preocuparme por lo que se lleva o no se lleva en el mundo de la ilustración. Me dejo guiar por la intuición, sin más.

Contrafabulario… fue uno de esos proyectos de laboratorio. Me apetecía mucho utilizar ese registro para explicar la tristeza y rabia que sentía durante los meses de asimilación de la gran estafa económica y cómo me estaba afectando. La ficción parecía un buen camino. Con el nuevo registro sólo me sentí cómoda hasta cierto punto, porque también hubo momentos en los que tuve que sacar fuerzas extra; no en vano, eran muchas ilustraciones con una atmósfera oscura y un ambiente de desmoralización generalizada.

DM: Debo confesarte que el libro me dejó bastante machacado.
MC: Al menos no te dejó indiferente (risas). A mí me transmite una sensación de cierta contundencia, que era precisamente lo que estábamos buscando. Hemos hecho el libro que teníamos en mente. Mi visión es la de una persona que se ha tenido que leer los textos muchas veces para dibujar sobre ellos, así que ahora, cuando los releo, soy inmune a ese abatimiento.

Emocionalmente, el libro me ha servido como catarsis para poder expresar mis sentimientos y opiniones a través de la metáfora, la crítica y la estética. Profesionalmente, me ha ayudado a conocerme más como ilustradora, aprender dónde están mis límites y mis fortalezas, plantearme preguntas sobre el oficio y obtener como respuestas aún más preguntas. Requiere un gran esfuerzo de mirar hacia adentro y ser autocrítica; pongo toda la carne en el asador y dejo mucho de mí en cada proyecto. De hecho, aún me estoy recuperando de Contrafabulario... 

DM: ¿“No future”, como dirían los Pistols, o hay que mantener la esperanza?
MC: Hay que aceptar que las cosas ya no serán como nos contaron que serían, y sólo habrá esperanza si buscamos nuevos caminos y aprendemos nuevas maneras de vivir. Tenemos que cultivar relaciones más auténticas y profundas con nuestro interior y con las situaciones que nos rodean; desarrollar la creatividad, la innovación y el trabajo colaborativo, no competitivo; volver a disfrutar de las cosas más básicas que nos hemos perdido mientras corríamos y pensábamos que tendríamos un futuro, porque el futuro ya está aquí y ahora nos toca asimilar la pérdida de muchos derechos e ilusiones.

DM: En todo caso, el sabor agridulce tampoco te es ajeno, y ahí esta el ejemplo de tu serie para Amaníaco, 'Peketrefes'.
MC: Aunque mis ilustraciones sigan caminos gráficos muy diferentes, ese punto agridulce funciona como una marca de identidad. Es mi manera de ver el mundo y lo conceptualizo en esos términos. Siempre hay otra vuelta de tuerca a un final aparentemente feliz, una versión alternativa y defectuosa de la vida perfecta. Peketrefes es una faceta más de mi ácido sentido del humor. La serie gusta porque es muy comercial a nivel gráfico, pero eso engaña bastante, ya que el mensaje siempre es crítico y punzante, llegando al drama en algunos momentos.

DM: Entre 2007 y 2011 llevaste a cabo el proyecto de dibublog SkiZ.o.Site. ¿Qué querías desarrollar en ese espacio?
MC: Llevaba tiempo pasando por una crisis personal bastante profunda. Solía estar en contacto con las redes sociales y utilizaba los blogs de manera regular, por gusto. Un día, pululando por Internet, descubrí Tumblr, que acababa de aparecer. Su mecanismo era tan intuitivo e inmediato que me animé a colgar dibujos sencillos sin mayor pretensión, para divertirme y encontrar una forma de expresión que pudiera compartir con los demás. Skizo significa “esbozo o diseño” en esperanto, y de ahí salen el nombre y la idea para el blog.

La premisa era que tenían que ser dibujos rápidos, con el estilo gráfico de un boceto, porque así se podría publicar uno al día. También debían ir numerados, aunque sigo sin entender el por qué de esta decisión. Quizás para encontrar un orden en el caos. Para ir deprisa, reduje la gama cromática al rojo / negro, dos colores muy míos, y ocasionalmente también usaba la escala de grises y el rosa.

Me enganché tanto que estuve colgando dibujos hasta diciembre de 2008 y, durante todo ese año y medio, la cosa se fue complicando y tomando vida propia. Cuando me di cuenta, había creado un monstruo que me ayudó a superar la crisis y tomar un nuevo rumbo.

"Singles"

DM: Por si no había quedado suficientemente claro en ‘Contrafabulario’ , SkiZ.o.Site también contiene varios dibujos que muestran tu lado más comprometido. ¿Sientes la necesidad de expresar esta clase de ideas?
MC: No era tan consciente de ello hasta que empecé a dibujar de esta manera. Durante mucho tiempo había utilizado el dibujo como un medio de expresión más mecánico, buscando siempre el estilo o la perfección técnica, pero sin crear conceptos desde la asociación libre de ideas o mirando lo de afuera a partir de lo que vivía por dentro. Creo que mi crisis personal fue determinante para desarrollar ese lado crítico más comprometido. Llegó para quedarse y, desde entonces, siento la necesidad de expresarme así. 

DM: La gran mayoría de estos dibujos son bastante críticos con los convencionalismos sociales, el consumo desenfrenado, los tópicos machistas, la obsesión por la imagen física… Supongo que, además de inspirarse en unas temáticas recurrentes, estos dibujos también muestran tus propias inquietudes.
MC: Sí. Había algo rabioso ahí dentro, muy auténtico y bruto, pero también hice dibujos con inquietudes más emocionales sobre el paso del tiempo, el miedo, el fracaso, la culpa, el dolor, la soledad, la enajenación, el rechazo, el no poder encajar… La única diferencia es que a veces las expresaba de manera críptica y otras, muy naíf.

En la actualidad, las inquietudes siguen estando en el mismo sitio, pero más asentadas y expresadas de un modo más sofisticado. 

DM: Perdona que te lo diga tan bruscamente, pero luego hay casos de violencia gratuita. ¿Qué necesidad había de ahorcar a los ositos de peluche?
MC: Siento un gran respeto por los peluches en general. A pesar de parecer tiernos y delicados, tienen una estructura molecular especial que les otorga un extraordinario aguante físico en las situaciones límite. Se ha contabilizado que siempre hay uno o varios supervivientes peluche entre los escombros de un desastre natural o una guerra nuclear.

De todas formas, los ositos de peluche ahorcados no son de peluche. Representan el icono consensuado del lujo y el estatus de las que quieren y no pueden; los ositos de Tous, “los Ositous”. 

Y ya que lo dices, sí, la violencia gratuita vende. Y mucho. 

"Ositous"

DM: Todos esos dibujos, más de cien, los recopilaste posteriormente en ‘SkiZ.o.Book’, un libro autopublicado.
MC: Jamás habría publicado esos dibujos si no hubiera sido porque me animaron algunos de mis amigos más cercanos. Me parecía demasiado íntimo editar todo aquel material y darle más difusión que la que ya había tenido cuando lo hacía bajo pseudónimo. Pero al final, cuando cerré el blog, quise tener un detalle con mis seguidores, que no eran muchos, pero sí muy fieles.

En 2008 estaban en auge la autopublicación, así que diseñé el libro, lo maqueté y me decidí a sacarlo con Lulu, que era la plataforma más conocida. El trabajo con ellos fue bueno en líneas generales, aunque no muy rentable. Se empezó vendiendo por su tienda online y más tarde hacía pedidos para venderlos en mano, de manera que saliera más económico a los compradores.

Con el tiempo, el libro fue gustando mucho y yo me animé a dar la cara por él: lo distribuí por tiendas especializadas, hice unas campañas de marketing online con las que me divertía mucho, las SkiZ.o.Book Adventures, e, incluso, saqué unas chapitas que también intenté vender a través de tiendas.

El libro era un ser vivo que había que apadrinar, adoptar, que tenía que ver mundo, codearse con VIP’s, asistir a sesiones de firmas y mercadillos... Fue una gran locura y una cantidad de trabajo monumental, porque no vivía de eso, pero la energía positiva, el apoyo de compañeros y amigos, y el hecho de creerme que un proyecto tan poco comercial pudiera llegar a serlo, me dio fuerzas para seguir adelante. 

DM: ¿Se puede vivir de la autoedición?
MC: Yo no. Hay artistas que lo han podido hacer durante un tiempo, pero lo veo muy difícil, sobre todo en estos momentos. Con todo, no se puede vivir sin autoedición. Aparte del trabajo diario que paga las facturas, hay que tener siempre proyectos personales; es importante expresarse al margen de los condicionantes del mercado y gracias a Internet, sin necesidad de invertir mucho dinero en imprentas, se están viendo proyectos online muy interesantes.

DM: ¿Cómo encaras tus trabajos de ilustración publicitaria?
MC: La buena relación con el cliente es fundamental. Debería ser una relación de equipo. Llevo muchos años trabajando como diseñadora gráfica, una profesión donde hay que crear a partir de las necesidades de un cliente, resolviendo sus problemas y ayudándole a conseguir sus objetivos a partir de tus soluciones creativas. Después de muchas correcciones y maquetas, el proceso llega a convertirse en algo lento y tedioso, pero tu trabajo no existiría sin el encargo del cliente, así que hay que ingeniárselas para ceder, ser proactivo y salirte con la tuya.

El lado oscuro del diseño gráfico me ha enseñado a encarar proyectos de ilustración, que tienen más margen creativo. Se supone que te eligen porque les gusta tu estilo gráfico o lo que puedes llegar a hacer en ilustración… o eso sería lo deseable.

A mí me funciona bastante bien presentar una propuesta impecable y rompedora desde el principio, porque el cliente puede quedarse hechizado. Y siempre debes tener en cuenta que, a pesar de que tu trabajo sea perfecto, no servirá de nada si no cumple las expectativas o los objetivos del cliente. Unos proyectos son más difíciles que otros, pero se puede conseguir ese equilibrio entre condicionantes del cliente y libertad creativa, y es muy gratificante. 

DM: En tu blog figuran tres trabajos inconclusos.
MC: No tengo intención de terminarlos. Quizás los deje en reposo o quizás publiqué cosas nuevas según me apetezca y tenga tiempo, porque funcionan como laboratorios de ideas. 

DM: El primero de esos proyectos se titula ‘Café amargo’.
MC: Es el que te tomas a primera hora de la mañana mientras lees las noticias, la bofetada en la cara. No puede ser dulce en absoluto. A partir de las noticias quise ponerme a prueba, una vez más, con un tipo de ilustración rápida y directa que pudiera funcionar en prensa. 

 

"Resistencia pasiva"

DM: ‘Café amargo’ es otra demostración de lo mucho que recurres a los temas de actualidad a la hora de hacer tus ilustraciones.
MC: Es una forma más de expresar mis inquietudes, mi rabia y mi impotencia ante el extraño mundo en el que vivimos. Mi opinión sobre lo que está pasando. La noticia es una historia y mi ilustración sobre la noticia, otra. 

DM: Además, en estas ilustraciones recurres a un lenguaje más simbólico, más icónico.
MC: La idea es trabajar rápido. Si te hacen un encargo para prensa no te lo tienes que pensar mucho; es un ejercicio duro, ya que en muy poco tiempo tienes que elaborar una opinión sobre un tema que puede que no domines, y luego debes crear un concepto y plasmarlo gráficamente de manera eficaz.

La ilustración de prensa puede ser la más gratificante y, a la vez, la más frustrante. Has realizado un gran esfuerzo en construirla para que luego sea consumida en unos pocos segundos. Admiro a los ilustradores de prensa que consiguen removerte por dentro con un icono, un símbolo o un juego de palabras, y que, además, consiguen lo más difícil todavía: perdurabilidad y belleza. 

DM: Pasemos a ‘My finger paintings’, que es una serie de dibujos y sketches realizados en plena calle con el iPad o el iPhone.
MC: Bueno, en la calle o en bares sólo he hecho unos pocos dibujos. La mayoría de ocasiones estaba en el sofá, en la cama, en la cocina… El planteamiento es sencillo: dibujar en un lugar cómodo y tranquilo lo primero que se me pase por la cabeza. Las temáticas son aleatorias, desde una situación de mi vida cotidiana a retratos de amigos, pasando por ocurrencias divertidas, dibujos automáticos, estéticos, situaciones emocionales…

Es una amalgama de dibujos que sólo comparten una característica: están hechos con los dedos y con la aplicación Brushes. Suelo ser una persona muy perfeccionista y exigente en mi trabajo, y acostumbro a dibujar en el estudio, ya sea sobre la mesa o con el ordenador. Hubo un momento en que mi obsesión por plasmar conceptos me encadenó a una manera de trabajar muy rígida y autocrítica, sin lugar para el esparcimiento, la equivocación y la evolución. No disfrutaba. Cuando descubrí que dibujar con los dedos me podría liberar de esas cadenas, empecé a experimentar de nuevo en otra dirección y encontré una manera de trabajar más equilibrada.

"La playa"

DM: ¿Qué debe tener una situación cotidiana para que despierte tu interés?
MC: Tiene que impactarme emocionalmente, como un flechazo. Si me quedo más tiempo de lo normal pensando en lo que ha sucedido, significa que esa situación me ha afectado y ha despertado mi interés, así que merece la pena ser contada. Luego tengo que encontrarle la plasticidad suficiente para darle otra vuelta de tuerca, forzar la historia para que tenga varias lecturas. También disfruto mucho con el sentido del humor, la ironía y los juegos de palabras; de hecho, muchos de mis dibujos han salido de asociaciones libres de palabras y de charlas creativas con amigos y conocidos. 

DM: Por último, ‘Historias de ciencia ficción’, una serie de historietas en la que hablas de universos paralelos, vampiros y alienígenas.
MC: En este proyecto colaboró conmigo Sabrina Rodríguez, amiga, artista polifacética y autora del microrrelato Taquicardia, que sale en Contrafabulario ilustrado

Teníamos ganas de hacer algo juntas y le propuse participar en un proyecto de cómic sobre temas típicamente femeninos, pero vistos desde una óptica menos convencional: la ciencia ficción, que nos encanta a las dos. No queríamos limitarnos a la típica autora que dibuja sobre sus conflictos con su condición, su cuerpo, su ombligo, sus amantes y la parte masculina del mundo. Tenía que tener algo más, porque si no me era imposible coger el lápiz. Por suerte, Sabrina tiene muchas historias que contar en esta línea. Y con el tono adecuado, porque si fuera por mí... No me gustan las etiquetas. Como mujeres, tenemos cosas mucho más interesantes que contar. Otra cosa es que sean aceptadas por el público y las modas editoriales.

En definitiva, aquello volvió a ser un espacio de laboratorio: yo me encargaba de la narrativa gráfica, mientras que Sabrina escribía los guiones y textos. Empezamos con poca o ninguna experiencia, probando a ver qué salía, y aprendimos mucho, tanto individualmente como la una de la otra. Creo que conseguimos un punto de equilibrio muy interesante en las últimas historias, con un estilo gráfico y unos guiones más consistentes y definidos.

DM: Ya que nos hemos metido con el cómic, ¿cómo nace 'Bon dia', la historieta con la que te proclamaste ganadora en la XXX edición del Premio Serra i Moret?
MC: Surge a partir de un hecho que a todos nos ha pasado alguna vez y que es bastante desagradable: que por la mañana no te den los buenos días en tu lugar de trabajo. La historia tiene pinceladas de realidad dentro del terreno de la ficción y está adaptada a las condiciones del concurso: promover el civismo. A priori, el tema de los valores no resulta muy atractivo para los artistas y dibujantes de cómic. Parece algo demasiado institucional y serio, pero siempre puedes llevarte los requerimientos a tu terreno. Yo encontré la manera de contar mi historia, que tiene más lecturas de las que aparenta y, al mismo tiempo, se ceñía a las normas del premio. Por lo demás, se trata de una historieta sobre la sociedad burguesa y clasista, la competitividad, la incomunicación e, incluso, el acoso laboral. 

DM: Esa historieta tiene cinco páginas. ¿Es la más larga de cuantas has dibujado hasta la fecha?
MC: Sí. El cómic requiere mucho tiempo y esfuerzo y, por ahora, prefiero centrarme en historias cortas.

DM: Has comentado que 'Bon dia' representa “un inicio y unos primeros pasos a seguir” en tus futuros proyectos de cómic. ¿En qué sentido?
MC: En el apartado gráfico, voy encontrando mi sitio dentro de lo que sería el arte secuencial, que es muy diferente al mundo de la ilustración. Me gusta mucho experimentar, pero el cómic exige unas bases gráficas sólidas para narrar con velocidad y seguridad. No se trata de que el dibujo sea estético por sí mismo, sino que resulte efectivo para la historia que quieres contar. Es fundamental romperse la mano hasta que los guiones se dibujen con soltura y la narración gráfica sea fluida. Con Bon dia me empecé a romper la mano y, ahora, cada paso cuesta un poco menos.

A nivel de guión, es una historia cotidiana, pausada y de encuadres sencillos, pero tiene ritmo. Desarrollar estas pequeñas historias y conceptos es una forma de expresión con la que me siento cómoda. Tiene múltiples lecturas, deja lugar para la crítica y conecta mucho con el público, aunque en España, paradójicamente, nunca te podrías ganar la vida dibujando cómics.

Por ahora solo estoy realizando pequeñas historias que no ven la luz. No todo lo que hagas puede ni debe ser publicable. Busco colaboraciones con guionistas para aprender más sobre narrativa y me voy preparando por mi cuenta para explicar mis propias historias. Es un proceso largo y lento y tienes que focalizar muy bien tus objetivos, pero si fuera fácil no sería divertido.

Texto: Julio Soria