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Las tribulaciones de Jonás

Jonás, hijo de Fernando y sobrino de David, persona conectada al mundo de la cultura literaria y cinematográfica desde la infancia más tierna, va a caminar con su segunda película como director debajo del brazo a partir del 13 de abril, literalmente. Allá donde su largometraje Los ilusos vaya a proyectarse, allá que irá el muchacho acompañándola para compartirse aún más con su público, para estar más con él.

Decimos por tanto que Jonás (Jonás Groucho Rodríguez Huete o Jonás Trueba a secas, o como quiera él que le llamen) hace cine y lo estrena, lo cual ya es un lujo en los tiempos que vivimos.

No queda claro si por tradición familiar o por querencias personales espontáneas, el chico hace películas igual que las hacen su padre y su tio, aunque no tengan nada que ver ni en la temática ni el estilo de filmación. También las escribe: las suyas y las de algunos otros, también con mucha gracia y carácter. Se le da bien.

Una ve una película suya y es inevitable que piense que, en su caso, lo raro hubiera sido no dedicarse a algo que tuviera que ver con sentarse detrás de una cámara y contar historias. Se nota que le gusta, que ha visto mucho y ha leído otro tanto. Al cine de este hombre nacido en Madrid en el año 1981, le cuelga una mochila llenita de neorrealismos y “nuevas olas” y aunque algo debe de pesarle, no es molesto para el que lo ve porque lo explica y respeta su espacio.

Suele pasar a menudo que cuando se hacen preguntas a directores del tipo “¿qué realizadores consideras que han influido más en tu manera de hacer cine?” uno siente vergüenza ajena por el entrevistador y piensa “chaval, eres original hasta el exceso. Olé por ti”. Si uno se imagina a Jonás G. T. respondiendo a preguntas como esa, también lo imagina pensando que quien se las hace no solo no es nada original, sino que además, tampoco ha visto ninguna de todas en las que ha participado, de una forma u otra, porque lo deja bien claro.

Ha actuado en la ópera prima de su tío, La buena vida (1996) que ya olía a Los cuatrocientos golpes (1959) de Truffaut que tiraba para atrás y, aunque su papel casi ni se recuerda, resultó ser el primer pasito en el camino del cine en donde parece que todavía sigue dando vueltas sin muchas trazas de abandonar.

Las películas en las que Jonás ha trabajado como guionista, unas veces junto a otros y otras él solito, suelen ser historias pegadas al suelo de lo que se ve cuando se tiene cierta edad, en cierta época y cierto lugar. Los españoles de la generación del desempleo juvenil contemporáneo, los que rondan la treintena por arriba o por abajo, se retratan a la edad adolescente en el cine que ha desarrollado el hijo de Fernando Trueba.

Con Cero en Conciencia (2000), el que fue su primer cortometraje como director, contaba lo que les pasaba a esos adolescentes cuando se colgaban de la chica de su hermano mayor; lo que a cualquiera con menos de veinte años le puede suponer la mayor de las agonías.

Para Víctor García León (Madrid, 1976) escribe y co-escribe Más pena que gloria (2000) y Vete de mí (2006), ambas dirigidas por el que viene siendo hijo de Rosa León (la cantante de nuestra infancia) y Jose Luís García Sánchez, para el que tampoco es ninguna novedad moverse por las aguas del cine en familia.

Si la primera retrataba a esos chavales de la época de la bollería industrial, con más ganas de enamorarse y ver fútbol que de jugar con el ordenador y que además contaba con Bárbara Lennie como objeto del deseo y la adoración de su protagonista, Biel Durán; en la segunda le daba un mordisco a las relaciones padre-hijo/hijo-padre y sometía a Juan Diego y a Juan Diego Botto a la prueba del “cabreo en pantalla” durante el tiempo que duraba la cinta. Los dos actores, haciendo de padre e hijo respectivamente, se peleaban por dejarse en paz e inevitablemente regresaban al nido. Para reír y también para llorar, un poco.

Participa en la adaptación de la novela de Antonio Skármeta al guion de El baile de la Victoria (Fernando Trueba, 2009) y rueda para Nacho Vegas, el videoclip de su tema “La gran broma final” (La Zona Sucia, Marxophone, 2011). Una auténtica declaración de amor al cine de todos los tiempos:

Pues bien, con ganas de contar las cosas como él las ve y desde luego que conectando con el ojo ajeno cuando las ve como él, en 2010 estrena el largo Todas las canciones hablan de mí.

Haciendo gala de un gusto tranquilo, pausado visualmente y silencioso, con actores que hablan bajito y mantienen conversaciones (muchas) caminando por la calle o sentados en un bar, esta película puso de nuevo a Bárbara Lennie como “responsable” de los sufrimientos del personaje central, interpretado por Oriol Vila, que vuelve a ella en el pensamiento, la palabra y la obra cuando ya hace tiempo que dejaron de estar juntos. Una película de colores blancos y apartamentos pequeños, como siempre, de Madrid y de sus plazas, de literatura y de escritura.

El 13 de abril, Jonás y su segundo largometraje se dejarán ver en la Cineteca del Matadero de Madrid. Elegida como la cinta que clausurará el Atlántida Filmfest de este año (el único online, por cierto, y con una selección de títulos apabullante) Los ilusos, con Francesco Carril, Aura Garrido, Vito Sanz y un montón de gente más será una peli sobre los que tienen ilusión y frustración por hacer algo como el cine o la escritura, por enamorarse y por todas esas cosas que ya sabemos que a Jonás le interesan tanto.

El título es por la novela de Rafael Azcona (Logroño, 1926, Madrid, 2008) la cual miraba de forma muy parecida a esa gente con ilusión por hacer algo (en su caso, poesía) cuando es joven y está en una ciudad que no es la suya.

Aquí dejamos unos clips de la peli para introducir al público y esperando que les gusten, que de ilusión también se vive.

Texto: María López Villarquide