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“Si tocara en un grupo punk, haría música guarra y rápida”

Nunca fueron unos dechados de virtudes, pero tampoco les hizo falta. Con tres acordes (y una buena dosis de actitud) los Ramones se convirtieron en uno de los grupos de referencia de la música contemporánea, por más que sus canciones sonaran sucias cual garito kalimoxero y adolecieran de toda clase de de pretensión literaria. De hecho, no deja de resultar bastante significativo que su palabra más repetida fuera una onomatopeya tan simple como efectiva: ¡Hey!

El culto al detallismo nos empuja, en muchas ocasiones, a una sociedad donde la carcasa juega un papel más importante del que en puridad le corresponde. Es el eterno dilema de comprar un libro por su portada, que en el fondo sería comparable a la fascinación que sienten las urracas por los objetos brillantes. Nos dejamos deslumbrar por el oropel y despreciamos aquello que, sin ser tan atractivo a simple vista, puede encerrar un contenido más valioso.

Durante los últimos catorce años, el dibujante José Tomás ha hecho méritos suficientes para convertirse en un tótem imprescindible del humor sórdido y abyecto. Sus historietas y chistes, recopiladas en los fanzines HUMcomics y Condón, nos hablan de personajes extraviados, penes enormes o vaginas a las que les sobra algún que otro pelo, conformando un universo donde el término “basto” se convierte en el mejor de los halagos. Quizás lastrados por la ausencia de una presentación más llamativa, los trabajos del autor no habían gozado de la debida consideración hasta fechas relativamente recientes, primero con sus colaboraciones en la revista El Jueves y posteriormente, a mediados del año pasado, con el estreno editorial de Genio y figura (De Ponent), novela gráfica que recreaba el ascenso y fulgurante caída en desgracia de Juanjo Pérez, personaje inspirado en el famoso ilustrador e historietista Juanjo Sáez.

En esta charla con DOZE Magazine, José Tomás (Valencia, 1971) habla de su carrera profesional y detalla el proceso de gestación de sus diferentes obras, incluido el fanzine que acaba de publicar junto al indómito dibujante Juarma, Sois todos tontos / Todos los poemas hablan de ti.

DOZE Magazine: ¿Estás embarcado en una especie de cruzada para demostrar que todo el mundo del cómic es idiota?
José Tomás: Puede parecerlo, pero esa no es la intención. Además, yo también dibujo tebeos, así que se me podría incluir en ese paquete de bobos. En el caso del fanzine que he hecho con Juarma, tenía el título y una portada que luego descarté; me puse a dibujar y, casi sin darme cuenta, acabó saliendo la historieta de Sois todos tontos.

DM: No me refiero únicamente al fanzine; en ‘Genio y figura’ también repartiste guantazos de lo lindo.
JT: Ante todo, quise que fuera una historia divertida. Es verdad que luego tiene sus palitos a ciertas cosas que no me gustan del mundillo del cómic, pero te advierto que mi crítica parte del desconocimiento, porque cuando hice Genio y figura no sabía nada de los editores, por poner un ejemplo. A día de hoy, el único editor con el que he tenido más trato es con Paco Camarasa, de Edicions de Ponent, y la verdad es que no me puedo quejar en absoluto. Le presenté el tebeo ya hecho y me lo publicó tal cual, sin meter ningún cambio.

DM: ¿Cuáles son esos detalles que no te acaban de gustar del mundo del cómic?
JT: Lo recurrente. En Sois todos tontos hago un ataque al tema de la novela gráfica, porque últimamente parece que la gente se compra un tebeo por la manera en que está editado, independientemente de que la historia merezca la pena. Si ese mismo contenido se editara en un formato tradicional, seguro que la obra no tendría la misma repercusión.

También me cabrea un poco el desprecio hacia la grapa, que no interesa a las grandes superficies porque, según dicen, el lomo pasa muy desapercibido cuando el tebeo se coloca en las estanterías. Se ha impuesto un cambio de formato en base a las modas o en función de las normas que dicta el vendedor, pasando totalmente de la opinión del dibujante o del editor. La novela gráfica responde a la obtención de unos márgenes de negocio más amplios. Un tebeo de grapa, cuyo precio puede ser de cuatro, cinco o seis euros, deja unos márgenes muy pequeños y que no interesan a grandes cadenas como la FNAC o El Corte Inglés.

DM: Sin embargo, muchos autores defienden la novela gráfica no ya como un género en sí mismo, sino desde un punto de vista estrictamente comercial, porque le ha dado mayor difusión a los cómics.
JT: Discrepo y te hablo desde mi experiencia: Genio y figura se publicó por entregas en Internet y cada capítulo tenía una media de 2.500 visitas. Del libro, en cambio, se han vendido poco más de 300 ejemplares. Es decir, que la obra se leyó mucho más en la Red que en su versión en papel. Puede que los cómics hayan ganado en distribución gracias a la novela gráfica, pero con la difusión no ha ocurrido lo mismo.

Esto no pasa sólo con las tiendas. Piensa en los periodistas, que muchos ni se molestarían en hacer una reseña o una crítica de un fanzine fotocopiado. Sin embargo, la cosa cambia mucho cuando se trata de un cómic de 120 páginas. Entiendo que la gente quiera comprar formatos atractivos, pero también se debe dar una oportunidad a lo que no es tan bello exteriormente, porque su contenido puede ser igual de válido que cualquier tebeo editado de una forma más llamativa.

Viñetas de "Sois todos tontos"

DM: En mayo del año pasado publicaste en tu blog una serie de artículos en los que comentabas diferentes aspectos que te chirrían de la industria del cómic. En uno de ellos hablabas del precio, quizás excesivo, que tienen muchos tebeos en la actualidad.
JT: Como consumidor lo tengo muy claro, porque cada cómic te cuesta unos quince euros de media. A mí me parece que Genio y figura es caro, pero es el precio que marcó la editorial y yo tampoco luché por rebajarlo. Reconozco mi error, porque entiendo que eso puede parar a mucha gente a la hora de comprar el tebeo. De hecho, a mí me ocurre con muchos cómics que me gustaría tener, pero que no siempre puedo adquirir. Ahora mismo se edita mucho, seguramente más de lo que el mercado es capaz de absorber, y como comprador no puedo afrontar el coste de muchas obras que me interesan.

DM: Aunque hubieras querido pelear, ¿crees que habrías podido rebajar el precio de 'Genio y figura'?
JT: Igual sí, pero es hablar por hablar. Estaba en mi nube, muy contento por el hecho de que me fueran a publicar, y ni siquiera me lo planteé. Luego, cuando el cómic ya estaba impreso y me dijeron lo que iba a costar, pensé que era demasiado. En todo caso, creo que sí se podría haber cambiado. Ahí está el ejemplo de Aleix Saló, que cuando publicó Simiocracia puso la condición de que el libro fuera barato. Se lo planteó a Mondadori y lo sacaron en formato de bolsillo, de manera que el tebeo vale 9,95 euros, un precio razonable. Además, la versión digital cuesta 3,50. Si él lo ha hecho quiere decir que los demás también deberíamos aplicarnos el cuento.

DM: También es verdad que Saló publicó 'Simiocracia' con un gigante editorial.
JT: Aun así, los autores deberíamos apretar un poco más en ese sentido. Con Autsaider Cómics, que va a publicar mi próximo tebeo, estoy teniendo conversaciones para que el precio sea lo más ajustado posible. Tengo los pies en la tierra y sé que no voy a vender miles de ejemplares, así que puestos a no ganar mucho dinero, mejor hacer las cosas por un precio más justo. Y más en la situación actual, cuando todos vamos tan pillados de pasta.

DM: De alguna forma, todo esto que venimos hablando es lo que has querido recoger en 'Sois todos tontos'.
JT: Bueno, el fanzine es más que nada una adaptación de El traje nuevo del emperador. La novela gráfica es ese traje, que no deja de ser un eufemismo para que el tebeo pueda acceder a determinados canales. Así se consigue la aceptación de críticos, autores y consumidores. Hay quien dice que es un producto nuevo, pero en el fondo no es más que un cambio de nomenclatura, lo cual no deja de tener su importancia: te permite llegar a un nicho de consumidores que nunca se comprarían un tebeo, por más que la novela gráfica no deje de ser un tebeo.

DM: ¿Llevabas mucho tiempo con esta idea en la cabeza?
JT: Fue lo primero que se me ocurrió, un proceso bastante automático y sin ninguna idea preconcebida. Al igual que en Genio y figura, tampoco partí de una base previa. Hice las cuatro primeras páginas en una tarde y luego di con el cierre. Me sentaba frente al folio y, conforme dibujaba, iban surgiendo los diálogos, las situaciones y los chistes.



DM: ¿Tienes facilidad para crear sobre la marcha?
JT: Siempre parto de una idea, y luego hay veces en que sale a la primera o que me cuesta más trabajo desarrollarla. Igual pueden pasar meses hasta que termino la obra, así que la facilidad es un concepto relativo. Además, cuando acabo no tengo la distancia suficiente para saber si el tebeo me gusta; necesito que pase un tiempo para poder valorarlo.

Por otro lado, me gusta mucho trabajar sin guión previo, porque me siento más libre. De momento me ha ido bien con la improvisación, por lo que tampoco he visto la necesidad de cambiar mi método de trabajo.

DM: Aparte de libertad, esa ausencia de guión también le aporta frescura a tus cómics.
JT: Y es algo a lo que le doy mucha importancia. Luego, con el paso del tiempo, aprecias una serie de errores que se podrían haber corregido, pero creo que la historia gana en naturalidad.

DM: Hay una cosa que me llama la atención tanto del fanzine como de 'Genio y figura': no te cortas ni un pelo a la hora de hacer referencias muy explícitas a personajes reales.
JT: En la edición en papel de Genio y figura se cambiaron algunos nombres, como los de Fernando León de Aranoa o Juanjo Sáez. A mí me daba igual, pero el editor me dijo que era mejor darles una vuelta, ya que no tenía el permiso explícito de esas personas. Hice el típico juego de palabras un poco chorra y listo. De todas formas, cuando lees el tebeo sabes perfectamente de quién estoy hablando.

El personaje más delicado era el de Juanjo Pérez, donde está claro que me refiero a Juanjo Sáez, pero en ningún momento me planteé la historia como una revancha contra él. De hecho, hace poco nos entrevistaron a los dos en Vice y le expliqué que mi única intención era utilizar su figura, la de un autor de cómics de éxito, para crear un personaje de ficción. No conozco personalmente a Juanjo, pero me funcionaba como cliché para contar mi historia.


Fernando Lirón de Arganda le explica su visión del mundo a Juanjo Pérez

DM: En 'Genio y figura' mencionabas a Álvaro Pons, mientras que en el fanzine has hecho lo propio con Max o Paco Roca. Ese tipo de alusiones, a veces, también pueden molestar a los implicados.
JT: Es algo que no me preocupa demasiado. El mundillo de los cómics no es mi círculo habitual; trabajo en una fábrica, tengo amigos que son químicos, albañiles… Me muevo por sitios diferente y no es el rollo de que mis colegas dibujen tebeos, escriban guiones o sean periodistas. Para mí es un mundo exótico, porque soy un dibujante dominguero, no me gano la vida con esto y, aunque mis obras puedan tener cierta repercusión, me siento un poco al margen de ese ámbito.

Es decir, no creo que las menciones que hago en mis historietas me puedan suponer un problema a la hora de entrar en una revista o de trabajar para una determinada editorial. Y tampoco es algo que haga con malicia; para que me caiga mal una persona, primero tengo que conocerla. A lo mejor no me gustan los cómics de un autor, pero la cosa no pasa de ahí. Por ponerte un ejemplo, me gustan los trabajos de Juanjo Sáez, como la página que publicó en el Rockdelux de enero.

DM: Leí la entrevista en Vice y, al menos de puertas para afuera, parece que Sáez se tomó lo de 'Genio y figura' con mucha deportividad.
JT: Si yo hubiera estado en su lugar, tampoco me habría mosqueado. El cómic no era un ataque frontal contra él y, si en algún momento lo pudo pensar, seguramente fue porque aún no se lo había leído.

Todos esos nombres que aparecen en el fanzine o en el cómic los utilizo únicamente por exigencias del guión; me venían bien para contar algunas partes de mis historias, porque estamos hablando casi de estereotipos. Por otro lado, eso tiene su contrapartida: me preocupaba que Genio y figura pudiera acabar siendo un tebeo demasiado referencial, cuando lo que yo quería era hacer un tebeo para todo tipo de lectores.

DM: Y en ese sentido, ¿te quedaste satisfecho?
JT: El primer test siempre era mi mujer, que no tiene muchos conocimientos sobre el mundo del cómic. No sabe quiénes son Robert Crumb o Álvaro Pons, así que su opinión me parecía muy válida. Si ella se reía, para mí era suficiente.

DM: En cambio, 'Sois todos tontos' es mucho más referencial.
JT: Pero no deja de ser un fanzine que a lo mejor se leen veinte personas, entre ellos mis amigos. Además, muchos ejemplares ni siquiera llegaré a venderlos. Bueno, quizás este sí se mueva un poco más, pero sólo porque Juarma se preocupa de estas cosas.



DM: Tras leer 'Genio y figura', el poso que me dejó fue una crítica contra la novela gráfica de corte autobiográfico.
JT: La génesis del cómic era hacer un ‘spoof’ de ese tipo de libros, aunque también he de decir que yo soy lector de novela gráfica. Muchas me resultan demasiado parecidas, sobre todo las de ciertos autores, pero es un género que me atrae. Jeffrey Brown es un tío que, salvo esos tebeos de gatos que dibuja de vez en cuando, suele hacer cómics muy entretenidos. También me gusta mucho Chester Brown y Crumb, sencillamente, me parece Dios.

Cuando me puse a trabajar en Genio y figura, se me ocurrió hacer esa parodia de un chico joven que está triunfando en el mundo de los tebeos. De repente, su vida pega un giro de 180 grados, y eso me dio pie a meter un montón de cosas, porque es cierto que hablo de cómics, pero también de la forma en que los medios tratan la realidad o la manera en que nos comunicamos actualmente, casi siempre a través de los móviles y de Internet. También hay referencias al famoso tweet de Nacho Vigalondo sobre el Holocausto, que le costó la cancelación de la campaña que estaba haciendo para El País.

DM: He podido leer la carta que te envió Jeffrey Brown y parece un tío muy simpático.
JT: Es majísimo. Me puse en contacto con él porque en Condón había una sección, “La entrevista estúpida”, en la que le preguntaba tonterías a gente que me interesa, como Peter Bagge, Johnny Ryan o Sam Henderson. En el último número metí a Jeffrey Brown, que además me mandó unos cuantos cómics.

DM: Y hablando de obras autobiográficas, ¿hay muchos detalles personales en tus tebeos?
JT: Siempre pones algo tuyo en todo lo que haces, porque es más fácil contar aquello que te resulta cercano, pero hasta ahora no he hecho nada autobiográfico. En Genio y figura, que es una obra de ficción, pasan demasiadas cosas como para que pueda ser una novela autobiográfica: hay secuestros, atentados terroristas y mucho sexo, algo que no suele ser habitual entre los dibujantes, salvo en el caso de Chester Brown. Nunca me he metido en historias muy personales y, por otro lado, tampoco creo que lo haga, porque no considero que mi vida pueda resultarle interesante a los demás.

DM: ¿No es un poco egocéntrico el hecho de que alguien, por la razón que sea, estime que su vida es tan atractiva como para contarla en un tebeo?
JT: Las personas con pálpito creativo, ya sean dibujantes, cantantes o escritores, tienen mucho de exhibicionistas y de egocéntricas. Si yo hago un chiste, enseguida lo cuelgo en Internet para que la gente lo lea. Lo dibujo para mí, pero también para que lo vean los demás y eso provoque una reacción, tanto a favor como en contra. Y eso no está reñido con la timidez, porque yo me considero una persona tímida y, no obstante, sigo compartiendo mis obras.

DM: En tu caso, ¿cómo de desarrollado está ese egocentrismo?
JT: Llevo mal las críticas buenas, porque muchas veces creo que mis tebeos no son para tanto, pero también sufro con las malas, porque a nadie le gusta que se metan con su trabajo. Es decir, que tengo mi punto egocéntrico y exhibicionista, y creo que eso resulta inevitable para todos los que hacemos algo creativo. En caso contrario, haría mis dibujos y los guardaría en un cajón.

DM: Por otra parte, nadie asociaría tus historias con un tío tímido.
JT: Es más fácil dibujar o escribir que desenvolverse en el día a día. Soy tímido, pero ya he aprendido unos cuantos trucos para vencer esa timidez. Me resulta complicado enfrentarme a la gente y trato de evitar ciertas situaciones, como hablar en público. Esa cortapisa no la tengo cuando hago un chiste.

DM: Tienes niños pequeños.
JT: Uno de doce años y otro de seis.

DM: ¿Te da vergüenza pensar que el día de mañana se podrían leer tus fanzines?
JT: Me lo he preguntado muchas veces: “¿Qué pensarán mis hijos de todo esto?”. No sé, igual piensan que tienen un perturbado como padre. Es un riesgo, pero de momento no muestran mucho interés por los tebeos. El mayor ha leído algo de manga y de Mortadelo y Filemón, mientras que el pequeño aún no tiene edad como para enterarse.

DM: Aunque tus hijos no acaben siendo grandes aficionados a los tebeos, seguramente les picará la curiosidad de saber a qué se dedicaba su padre.
JT: No suelo pensar a largo plazo. Llegado el caso, tendré que apechugar con las consecuencias. Además, intentaré que no vean los chistes de pollas hasta que tengan cierta edad.

DM: Hace un momento hablabas de que 'Genio y figura' tenía mucho sexo, pero lo cierto es que en tus fanzines, a excepción de 'Sois todos tontos', acostumbras a meter más pollas y tetas.
JT: Trato de adaptarme al tono que requiere cada historia. Si hubiera desarrollado la idea que tenía al principio, que se acercaba más a la sucesión de chistes, quizás el cómic habría sido más bestia, pero luego salió de otra manera y ese salvajismo ya no tenía sentido. También es interesante cambiar de registro y no hacer siempre tebeos de humor. De hecho, Genio y figura se acerca más al drama y su final es bastante triste, porque es la historia de un tío que lo tiene todo y, de la noche a la mañana, su vida se va a la mierda. Lo que pasa es que todo eso está revestido de humor, porque me cuesta contar las cosas desde otra perspectiva.



DM: Y en 'Sois todos tontos', salvo ese giro final que sí puede resultar más bestia, parece que has apostado por una historia de carácter reflexivo.
JT: Hay mucha gente que siempre hace lo mismo: humor blanco, humor negro, historias luminosas, tramas oscuras… y parece que les cuesta abandonar esa tendencia. En mi caso, a veces me apetece dibujar chistes de pollas, pero en otras ocasiones prefiero dibujar historias que no tengan nada que ver con eso. A lo mejor me prodigo menos en este último registro, porque me resulta más complicado, pero tampoco me siento obligado a guardarle fidelidad al humor salvaje. Chof!, mi tebeo para Autsaider Cómics, será una recopilación de chistes burros, así que el Sois todos tontos me vino muy bien para oxigenarme.

DM: ¿Qué sensación te dejó la publicación en papel de 'Genio y figura'?
JT: Cuando subí a Internet el último capítulo pensé: “Bueno, pues ya está, se acabó”. Semanas más tarde, mi mujer y un amigo me animaron a mandarlo a algunas editoriales, una posibilidad que ni siquiera me había planteado. Hice un listado de veinte editoriales y les envié el enlace a la página web donde estaba colgado el tebeo. La mayoría ni contestó, como parece ser la costumbre en este país, pero unos días más tarde me llamó Paco Camarasa para decirme que quería publicar el cómic. Me quedé muy sorprendido, la verdad, y también muy contento; tengo cuarenta años y estoy acostumbrado a leer en papel, así que me hizo ilusión que el tebeo se publicara en ese formato.

DM: Acostumbrado a hacer historias cortas, ¿cómo cambió tu método de trabajo al afrontar un cómic de mayor extensión?
JT: Me está costando más hacer Chof! que Genio y figura, donde no preparé ni un puñetero boceto. Se me ocurrió la idea de dibujar al estilo de Juanjo Sáez, que era como una especie de metachiste, y me puse a desarrollar el tebeo. Me sentaba una tarde en la mesa de dibujo, hacía mis veinte páginas, las escaneaba y las subía a Internet. Luego dejaba pasar quince días y repetía todo el proceso. Así hasta completar los seis capítulos.

Con Chof!, en cambio, sí he ido tomando notas en la libreta, porque no quería que se me olvidaran los chistes. Va a ser un tebeo más corto y menos denso, pero me está costando más trabajo que Genio y figura, que en realidad fue algo muy sencillo, porque tenía la historia muy clara desde el principio y los diálogos fluyeron con mucha facilidad. No me quedé atascado en ningún momento, fue un proceso muy natural y agradecido.

DM: Esto de hacer historias largas, ¿te gustaría convertirlo en algo habitual?
JT: No dispongo de todo el tiempo del mundo para dibujar, por lo que me resulta más sencillo hacer chistes o tebeos de poca extensión. Por otro lado, tengo hechas 24 páginas de Chicos de la calle, un minitebeo cuya acción transcurre en 1986. Es una historia iniciática, con cierto contenido autobiográfico, sobre dos quinceañeros y la manera en que se introducen en la música punk. Me cuesta más dibujarlo y, sobre todo, escribirlo, porque hay muchas fechas que ya no recuerdo, como el año en que se publicó tal disco o el año en que se emitió una determinada serie de televisión. Nunca había hecho ese trabajo de documentación.

Me gustaría ampliar la historia y convertirla en un cómic largo, pero como en su momento no tenía muy claro si eso sería posible, decidí publicarla en formato corto. Hice unas 25 copias y las intercambié con algunas personas que me escribieron interesándose por el tebeo, y luego me llamó Luis Demano, el editor de Chilena Comando, para decirme que quería incluir un ejemplar del tebeo en el próximo número de su fanzine. Creo que van a ser unos 500 ejemplares, así que al final va a tener más recorrido del que yo mismo esperaba.

DM: ¿Qué posibilidades te da el fanzine como formato?
JT: Me aporta mucha libertad, porque es un medio sencillo y económico. Entré en contacto con los fanzines a través del punk, porque así me enteraba de las noticias de los grupos, de los conciertos… De hecho, mi primer fanzine fue de punk, con entrevistas y algunos dibujos.

Estuve haciendo fanzines unos cuatro años, desde los 16 hasta los veinte. Luego me salí de ese rollo y no lo retomé hasta los 27, cuando empecé a dibujar chistes e historietas. Nunca me fijé demasiado en el estilo, sino en poder hacerlo de la forma más inmediata: dibujo simple, chiste y mensaje. El siguiente paso era publicar el fanzine, un sitio físico donde poder recoger las cosas que iba haciendo, y así nació Hágalo Usted Mismo. Al principio tenía una parte dedicada a la música, pero más tarde decidí quitarla y me quedé sólo con los dibujos, dando lugar a HUMcomics.



DM: Hasta que en 2010 empezaste a publicar 'Condón', casi siempre habías trabajado en solitario. ¿Por algo en especial?
JT: Me resulta mucho más fácil. No tengo ningún problema para relacionarme, puedo salir de cañas y pasármelo muy bien, pero cuando hago un fanzine, prefiero no tener que lidiar con otras personas. Lo he hecho en ocasiones, pero me gusta más ir a mi aire. Si me retraso al hacer una página, no puteo a nadie; si el fanzine no sale a tiempo, no perjudico a las personas que me mandaron sus trabajos. Dicho esto, es muy gratificante hacer colaboraciones con otros autores, como son los casos de Juarma o de mi amigo Naxo Fiol, que hace el fanzine Suburbio.

DM: Es decir, que en las colaboraciones te mueve una cuestión de afinidad personal.
JT: Los autores que salieron en Condón están ahí porque me gustaba lo que hacían, porque ya conocía su trabajo y consideraba que existía una cierta sintonía. Mis fanzines no son profesionales, así que me permito el lujo de rodearme de un círculo en el que me encuentro a gusto. Con Juarma tengo mis diferencias, pero también tenemos puntos de vista parecidos o, como mínimo, complementarios.

DM: El primer número de 'Condón' salió a mediados de 2010 y lo definiste como tu proyecto más ambicioso. ¿En qué sentido?
JT: En todos. Condón surgió con la intención de hacer algo mucho más serio, con una tirada mayor, pero fue un fiasco desde el principio. Mi idea era hacer una revista gratuita que se financiara con publicidad y se repartiera por Valencia entre las tiendas discos, de cómics o de ropa ‘skater’. Pasé de un fanzine unipersonal, de veinte páginas y cincuenta copias, a otro de mil copias y un desembolso importante de dinero. Acabé con un sabor agridulce, porque el proyecto era hacer una revista profesional que pagara a sus colaboradores, pero al final, debido a problemas personales y a mi propia inexperiencia, la cosa no salió adelante. No lo supe mover muy bien y, a partir del segundo número, me empezaron a fallar casi todos los anunciantes.

DM: ¿Qué clase de problemas personales?
JT: Mi mujer tuvo problemas de salud y eso me afectó, pero ya había tenido muchos contratiempos: se me rompió el ordenador y perdí un fanzine que tenía casi maquetado; quise formar una asociación cultural para respaldar la publicación, pero tampoco fue posible. No me quedó más remedio que revisar la idea y, en lugar de hacer una revista, se quedó en un fanzine; nunca llegué a cubrir las expectativas que tenía en un principio.

Tampoco a nivel de ventas, porque sólo se agotó el primer número, que era gratis. Como también se fueron muchos anunciantes, me vi obligado a reducir la tirada, que en el tercer número se quedó en 400 ejemplares. Finalmente, del cuarto número saqué 250 ejemplares, de los que aún me quedan sesenta. No tengo espíritu comercial.

Y luego hay otra cosa curiosa, porque donde más fanzines vendí fue en el Salón del Cómic de Barcelona; tuve stand los dos últimos años y la mayoría de ejemplares del Condón los despaché allí, mientras que por Internet recibía muy pocos pedidos. Es una pena, porque ha colaborado gente muy buena. En el número final, por ejemplo, estaban las entrevistas estúpidas a Jeffrey Brown y Sam Henderson.



DM: Todos estos motivos son los que, en última instancia, te obligaron a bajar la persiana.
JT: La decisión estaba tomada desde el tercer número, porque quería dejarlo antes de que se convirtiera en una carga. No lo hacía por dinero, sino para divertirme. Cuando empecé a notar que mis objetivos no se iban a cumplir, llegué a la conclusión de que era mejor pasar a otra cosa. El último número, de hecho, no lo iba a sacar, pero me apetecía hacerle un homenaje. Lo organicé de forma abierta, con las colaboraciones de la gente que quería estar ahí, y también saqué el número 12 de HUMcomics, que fue un especial sobre el Condón donde se contaban anécdotas del fanzine.

DM: En ese último número de 'Condón' hubo un colaborador que se quedó fuera por causas ajenas a su voluntad…
JT: Fue un despiste brutal. Pedro Villarejo aparece entre los autores participantes, pero luego sus páginas no están por ningún lado. Me mandó su colaboración y se me olvidó incluirla; me di cuenta el último día, cuando ya había mandado los archivos del fanzine a la imprenta. Le pedí perdón a Pedro un millón de veces. Creo que yo lo llevé peor que él (risas).

DM: 'Condón' ha pasado a mejor vida, pero siempre te quedará 'HUMcomics'.
JT: Es el fanzine que llevo haciendo desde 1998. Lo mismo saco un número dentro de una semana, pero también es posible que pasen dos años. Lo hago cuando me apetece y como me apetece, porque cada número puede ser de cómics, de chistes… Es más flexible.

DM: Después de la experiencia con 'Condón', ¿se te han quitado las ganas de emprender proyectos editoriales?
JT: Es un problema de tiempo. Soy muy inquieto y siempre se me ocurren un montón de cosas, aunque al final no hago casi ninguna. No me queda más remedio que elegir y a lo mejor no hago el Condón, pero sí el Genio y figura. Luego puedo descansar dos meses y, de repente, me da el arrebato y dibujo las veinte páginas de Chicos de la calle. Nada me corre mucha prisa, lo cual me permite ir variando de proyectos. En todo caso, para mí sería difícil afrontar otra aventura como el Condón, algo que se deba publicar con cierta regularidad y que me exija muchas obligaciones.

DM: ¿De qué manera te influyó el punk a nivel personal y creativo?
JT: Nunca llevé muy a rajatabla los códigos del punk. Mi vida es muy normal: siempre he trabajado, estoy casado, tengo dos niños y casi se podría decir que soy un burgués de clase media. No obstante, el punk me ha resultado muy positivo desde el punto de vista artístico, sobre todo por la consigna del “Háztelo tú mismo”. Creo que eso se transmite en mi forma de hacer las cosas; en mi estilo de dibujar y de escribir; en ese rollo de hacerlo todo muy deprisa, aunque luego me cueste muchos errores… Es una influencia muy fuerte. Si tocara en un grupo punk, haría música guarra y rápida.

DM: 'Chicos de la calle' nació como un proyecto de cómic largo.
JT: Y lo sigue siendo, pero me supone mucho más trabajo que Genio y figura, donde el tipo de dibujo era más sencillo y se trataba de una obra de ficción. En cambio, Chicos de la calle es mucho más concreto en los detalles, como lo que te comentaba antes de las fechas. Tengo el desarrollo y el final, pero no sé si podré llevarlo a cabo. Por eso saqué el minicómic, para aprovechar de alguna manera esas veinte páginas que ya tenía dibujadas.

No tengo ningún compromiso con nadie y, aunque mañana me llamaran de una editorial para publicar el tebeo, tampoco les podría decir que sí. Mi vida está muy organizada y dispongo de un tiempo limitado para dedicarme a dibujar, así que no puedo comprometerme a hacer 150 páginas en un año.



DM: 'Chicos de la calle' se desarrolla en 1986, ¿qué recuerdos tienes de ese año?
JT: Era una época parecida a la actual, con mucha convulsión social. Había huelgas contra la ley de enseñanza, que al final se aprobó; las tasas de la universidad subieron un montón; había un nivel de paro del veintitantos por cierto… Si no recuerdo mal, el ministro que llevó el asunto de la ley de enseñanza fue Rubalcaba.

Es decir, que hay algunos paralelismos entre esa época y la de ahora. Yo tendría unos quince años y acababa de descubrir el punk, porque un amigo me había pasado una cinta de los Sex Pistols. Antes escuchaba a Mecano y la música no me interesaba mucho, pero aquel grupo me voló la cabeza. Fue un cambio radical.

DM: Manda narices que no hayamos aprendido nada en 27 años…
JT: Cuando empecé a documentarme para el tebeo, descubrí que la tasa de paro actual está un poco por debajo de la que había en 1986. Además, coincidió con los días en que surgió el 15M, mientras que en aquella época también teníamos huelgas continuamente. Creo que en su momento avanzamos un poquito, pero luego hemos vuelto a retroceder. Ya veremos a dónde vamos. A la nada, seguramente.

DM: ¿Quién te pasó la cinta de los Pistols?
JT: Un chaval que era mod. Recuerdo que en el instituto había muchas tribus urbanas, como los siniestros, los heavys, los mods, los punks, los pijos…

DM: Me recuerda a la serie 'Palmiro Capón', de Lalo Kubala.
JT: Creo que Lalo me saca un par de años, así que vivimos la misma época. Conozco esa serie desde que salía en el fanzine Kovalski Fly, mucho antes de que se publicara en El Jueves.

DM: ¿Dirías que el punk sigue siendo importante para ti?
JT: Procuro escuchar grupos nuevos, me gusta la estética y mantengo cierto contacto con gente que está dentro de la escena. Suelen ser personas más jóvenes, como Héctor Melchor, un dibujante que hace unos cómics muy divertidos y que, además, toca en Sudor, un grupo muy bueno que reivindica el estilo de los ochenta.



DM: Cambiando de tema, el otro día hablaba con Juarma sobre la frontera que él establece entre dibujantes amateurs y profesionales, un punto de vista que tú también compartes.
JT: Me considero un aficionado. En cierta etapa de mi vida he podido ganar dinero haciendo chistes o tebeos, como cuando estuve en El Jueves, pero ese dinero nunca me habría permitido vivir del dibujo. Me dedico a sacar fanzines y otros productos similares, mientras que los autores profesionales seguramente tienen otra clase de aspiraciones, como llegar a fin de mes. Si hago tebeos es porque me gusta, no por algún tipo de pretensión económica.

DM: Juarma te hizo una entrevista en la que comentabas: “El panorama tebeístico me da bastante igual. Soy un semiprofesional que dibuja tonterías en casa”.
JT: Y es verdad, no me siento parte de la industria profesional del cómic y me encuentro más cómodo en otros ámbitos. Héctor Melchor, por ejemplo, es un autor semidesconocido, pero sus trabajos me interesan más que los de muchos dibujantes relevantes.

Con Genio y figura, una de las cosas que menos me gustaba eran las presentaciones. Entiendo la importancia de la promoción, pero no me siento cómodo. Hice un par de sesiones de firmas, a las que por cierto no vino casi nadie, y siempre fui un poco a disgusto. Además, quien debe hacer un mayor esfuerzo en la promoción es la editorial, que se está jugando su dinero. Yo cumplo con mi parte, que es hacer el libro, y la editorial tiene que esforzarse para conseguir que se venda.

DM: Pero hay muchos autores de cómic que se toman la molestia de difundir sus obras, ya sea a través de las redes sociales, contactando con periodistas…
JT: La mayoría de los autores no venden prácticamente nada, sus cifras son ridículas y están lejos de ser rentables. La tirada media son mil ejemplares y casi nunca se agota; muchos venden la mitad o menos, como es mi caso. De Genio y figura se han vendido 311 ejemplares y para mí ya es un número importante, pero seguro que mi editor no piensa lo mismo.

Por otro lado, muchas editoriales no se pueden permitir el esfuerzo económico de promocionar una obra, porque no disponen de la infraestructura necesaria para difundir los libros como les gustaría hacerlo. Es normal que los autores estén muy ilusionados cuando sacan su cómic y que quieran dejarse la piel para que se venda todo lo posible, pero yo prefiero dedicar ese tiempo a otros intereses.

DM: ¿Te habría gustado ser un dibujante profesional, dedicarte en exclusiva a hacer tebeos?
JT: No es que me hubiera gustado, es que me gustaría, pero también es verdad que no lo he intentado con todas mis fuerzas. He tenido mucha suerte, porque me han salido las cosas sin tener que hacer nada especial. Mandé una especie de portafolio a El Jueves y a los seis meses me llamó Albert Monteys para unas pruebas; eso no fue a ninguna parte, pero acabé haciendo el chiste de actualidad. Al principio muy bien, pero durante los dos últimos años no estuve a gusto, porque no me publicaban todo lo que yo quería. Les mandaba colaboraciones cada semana, pero sólo me sacaban una de cada cuatro. Eso me quemaba anímicamente. Más tarde desaparecieron las secciones donde colaboraba y ya no ha habido interés por ninguna de las dos partes; ellos no han tratado de ponerse en contacto conmigo y yo, por mi parte, no he vuelto a enviarles nada más.

DM: ¿Qué valoración general harías de tu paso por la revista?
JT: Positiva, porque fue una experiencia muy interesante. Muchos dibujantes se habrán tirado años intentando entrar en El Jueves, pero seguro que a la gran mayoría nunca les han hecho caso. Hubo una época en que lo pasé mal, pero es como el típico futbolista que quiere jugar todos los partidos: si no lo hace, se queda jodido en el banquillo. El Jueves es una empresa y elige qué autores le vienen mejor según su línea editorial, pero esas decisiones, en su momento, no las llevé con demasiada elegancia.

Pincho y Poncho


DM: ¿Cómo te sacaste de la manga a Pincho y Poncho?

JT: El Jueves hizo la experiencia de la página de tiras, que me pareció una idea muy buena, aunque al fin se convirtió en un desastre. Necesitaba dos personajes absurdos, a la par que entrañables, que me permitieran hacer chistes tontos. Los creé con la visión de que pudieran encajar en la revista y luego les terminé cogiendo cariño.

DM: De hecho, ahora los vas a recuperar para ‘Chof!’.
JT: Ya sabes cómo es esto de los hijos, que los quieres aunque te salgan tontos del culo. Además, no tienen la culpa de ser como son. Chof! va a ser un batiburrillo de chistes y seguro que ellos aparecen en algún momento puntual.

DM: Aparte de Pincho y Poncho, ¿qué mas habrá en ‘Chof!’?
JT: Pues humor de pollas y pedos. Hay una historia de ocho páginas, pero casi todo serán tiras y chistes sueltos.

DM: En la web de Autsaider pone que el tebeo saldrá “en febrero o marzo, ya veremos”.
JT: Me surgieron otros problemillas de salud y le dije a la editorial que había que retrasar la fecha de salida, que de hecho ya se ha dilatado bastante, porque yo esperaba entregar el cómic en noviembre. Ahora lo tengo casi terminado, pero aún me faltan unas cuantas páginas. Quiero dejarlo listo a lo largo de este mes, porque también es algo que me agobia y me apetece desconectar, descansar y dedicarme a otras cosas. Me gustaría continuar el Chicos de la calle y, desde hace tres o cuatro números, estoy publicando una página en TMEO, y es un compromiso que no quiero dejar de cumplir.

Texto: Julio Soria