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Mr. Kern lo enseña todo sin desnudarse

Nos encontramos, de nuevo, con otra carga lapidaria de alusiones a lo extravagante. Digo de nuevo porque, hace relativamente poco, estuve paseando por las grutas del esperpento más llamativo, a través de las tesis de pensadores que se han atrevido a consolidar las bases de la belleza menos convencional y relativamente vulgar.
Desde la distintas aproximaciones que pone en manifiesto la historiografía, lo feo es catapultado al podio de la actualidad más penetrante para dejar paso a todo tipo de elementos caracterizados por la presencia de lo ridículo, chabacano, absurdo e incluso quimérico.

El discurso de Mr. Kern -seudónimo que esconde la identidad de Matías Liniado- es un ejercicio que sostiene la idea del artista que parte del singular oficio del pintor que, con una ejecución extraordinaria, desarrolla el atractivo mestizaje entre hilaridad y juicio sublime. Estos principios nos acercan a un controvertido modo de entender la existencia -y sus anécdotas- desde una posición que califico de básicamente posmoderna por su sentido antidualista, tomándola como una simple perspectiva que intenta cuestionar los prejuicios culturales que se abstraen de las ideologías autoritarias (cito al pintor inglés John Watkins Chapman ya que consideraba que, las paradojas de la posmodernidad, en su versión primitiva, partían del hermetismo total y de las limitaciones expresivas de una época, situada a finales del siglo XIX, donde la relación de ambigüedad entre la superación y la conservación dificultaba definir un término que ha ido mutando sus connotaciones diacrónicamente).

Confrontar el concepto de posmodernidad con el de Nueva Figuración puede que nos acerque a otras recuperaciones, aparentemente olvidadas, de la tradición bucólica y naturalista a partir de un vodevil, tan cómico como trágico, de la idea del enfant terrible. El 'niño malo' del arte de nuestra era, Damian Hirst, supo fundir bien las posibilidades de los lenguajes más profanos a través de su homónimo urbano llamado Banksy -artista que, tras una supuesta máscara de anonimato, camina a modo de funambulista por una cuerda floja más destensada que nunca-, advierte que la bipolaridad del arte posee un carácter tan poliédrico como complicaciones tiene la irrisoria factura de la electricidad.

Alain au musee

Irrisorio, burlesco y, sobre todo, grotesco son términos que encajan perfectamente en este banquete pictórico. La palabra grotesco, desde el contraste y desde la interrogación, enlaza en un sentido narrativo múltiple que provoca un aperturismo enorme de todas las posibilidades interpretativas facilitando, también, las proximidades suficientes para que no sólo pueda provocar una sonrisa, sino también alguna pregunta.
Quizás incluir el trabajo de Mr. Kern en un gran campo semántico conocido sería un despropósito inadecuado pero, es evidente que hay ciertos obstáculos, cómodamente salvables, detrás del ejercicio comparativo que han de sortearse con prudencia.
La Pintura Neofigurativa -o Nueva Figuración- preconizaba un retorno al objeto a la realidad cotidiana. Se vuelve a representar la realidad, en particular la figura humana, pero con el modo de ver cercano a la naturaleza informalista. Aquí, en España, supuso un punto de inflexión que vaticinó la llegada de la figuración narrativa -denominada en Francia figuration narrative por su origen, donde el conocido Gilles Aillaud asentó su cátedra pictórica- que provocó una revisión de los conceptos académicos en torno a la representación de la figura.
Lo que más me lleva a pensar en otros desahogos no son sólo las parcelas epidérmicas de una labor realizada con absoluta maestría, poniendo mi mirada precisamente en el recurso monstruoso y en la cotidianidad absurdamente aplastante, lugares que pueden pasar desapercibidos o pueden inquietar las retinas menos conformistas como grado del ridículo en plenitud.

Autorretrato on dollar bill

La feria de desviaciones perversas y caricaturescas de este particular artista francoargentino nacido en Buenos Aires es, sin duda, un retrato penetrantemente psicológico y universal de las rancias realidades de nuestro entorno. Lo social queda impregnado en cada centímetro cuadrado de lienzo y de papel, azotando el centro de la vulgaridad popular, de lo sesudamente snob o del alegato reivindicativo.
Detrás de todo el imaginario propuesto, aparece la figura Alain Lluch. Un personaje cercano a la órbita conceptual del trabajo de Mr. Kern que fue secuestrado, como icono protagonista de muchas de sus telas, cartones y muros, hasta la extravagancia fetichista. Este hombre fornido, barbudo y de mirada incisiva, aficionado a la elaboración de paté, se ha convertido en un muso dotado, a modo de deidad, de un poder misterioso y cautivador que -según la fábula, las musas habitaban presididas por Apolo en el Parnaso o en el Helicón y protegían las ciencias y las artes liberales, especialmente la poesía- acaba invadiendo parte del universo pictórico casi con un carácter homocéntrico.
No sé realmente qué es lo que sucedió para que se lograra esta conexión tan exótica: tengo entendido que fue fruto de la casualidad, consolidada por una intención que marcó un camino y una dirección de trabajo que, con el tiempo, se transformó en la piedra angular telúrica de un discurso y en el descubrimiento, por parte del artista, de una biografía tan peculiar como anecdótica.
Es muy curioso cómo, en otro lugar, podemos observar la aparición de extraños individuos para realzar aún más el resultante mundo freak: desde el actor, rey del bofetón, Bud Spencer o la singular visión de ese engendro televisivo llamado Carmen de Mairena, pasando por un matrimonio andrógino -casi siamés- que fueron frecuentes en el hábitat del Arte Contemporáneo de la década de los 80, y que el artista denomina como la pareja de célebres cuervos de la viñeta cómica y del cartoon: Heckel y Jeckel. Propósitos que pueden verse in situ en Delimbo Art Space, hasta el final del invierno.

Constructivisme

En otro itinerario, y siguiendo un peregrinaje de obsesiones, podemos observar que la lata de foie graso y la caja de queso Brie han pasado por las pinceladas divididas y el color expansivo de Mr. Kern, siendo el billete el que ha adquirido actualmente la categoría de soporte artístico donde, el francoargentino, se autorretrata para extender la relación de semejanza iconográfica que puede obtenerse de una larga y tradicional lista de presidentes e ilustres difuntos, posibilitando aún más acceder a la categoría de lo bizarro, sin la necesidad de  tener que extraer el hígado para aromatizarlo con brandy.
Siempre me han gustado las analogías del arte respecto al mundo gastronómico. Si es con queso y paté -o como se refiere el propio artista: paté technicolor- mejor aún, a pesar que éste no se pueda comer al estar detrás de la vitrina de exhibiciones o porque, simplemente, queramos reservarnos el bocado para las más facinerosas especulaciones escoltadas por una buena copa de vino.

Toda la cantidad de aproximaciones que podemos sustraer de todo este magma pictórico, de genialidad representativa y plástica presumida, es posible no sólo por un desparpajo físico, sino por la frescura de un querer decir y un querer contar, con las pretensiones de un autor que se eleva sin despegar los pies del suelo porque la arrogancia no es precisamente parte de su credo discursivo -ni en las formas, ni en el contenido- siendo únicamente su propia transparencia un imperio hecho para desnudarse, sin quitarse la ropa.

Don't fuck with Alain Lluch explosion

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Imagen de portada: Hekel et Jekel in Basel

Texto: Marcos Fernández
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