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“Cantalgallo es a The Walking Dead lo que Los hombres de Paco a CSI”

Debutantes en el campo de la historieta, el guionista Javier Rodríguez (Béjar, Salamanca, 1986) y el dibujante Fran Iglesias (Cáceres, 1986) se lanzaron con kilos de ilusión y toneladas de inconsciencia a la realización de su primer trabajo conjunto. Tras varios meses de ardua preparación y un incendio que casi da al traste con todo el proyecto, ambos autores acaban de publicar la primera entrega de Cantalgallo, un webcómic de terror rural en el que los zombis amenazan con exterminar a toda la población de un remoto pueblo extremeño. El humor, presente en cada una de sus palabras, es la herramienta básica que estos dos jóvenes emplean con maestría en una obra que hace su puesta de largo en las páginas de DOZE Magazine.

DOZE Magazine: ¿Cómo nace toda esta historia?
Fran Iglesias: Queríamos hacer una muestra de fuerza, demostrar lo que éramos capaces de hacer y enseñar nuestro trabajo a algunas editoriales, pero un amigo común nos sugirió la idea de montar un blog.
Javier Rodríguez: Estábamos impacientes, con muchas ganas de empezar a publicar y que la gente pudiera verlo. Teníamos once páginas y el primer capítulo completo, así que decidimos no esperar más y lo colgamos en internet.

DM: ¿Cómo empezasteis a trabajar juntos?
JR: Éramos compañeros de piso y Fran tenía ganas de dibujar un cómic. De hecho, nuestro otro compañero también tenía pensada alguna idea, pero nunca llegaba a sacarla adelante. El caso es que me puse a contarle historias a Fran, un montón de tonterías, hasta que finalmente le gustó una y empezamos a desarrollarla.
FI: Tenía muchas ganas de ponerme con el cómic, pero necesitaba que me presentaran algo, una historieta corta con la que me pudiera entretener. Y si luego se podía alargar, mejor todavía, porque así podíamos plantearnos la idea de llevarla a alguna editorial.
JR: No había escrito un guión en mi vida, sólo para algún corto con los amigos. Me parecía más fácil hacer un libro de relatos o una novela.
FI: Se podría decir que los dos hemos aprendido sobre la marcha. ¿Por qué se metió Javi en este fregado? Pues por la misma razón que yo: pura ignorancia. Piensas que hacer un cómic es algo asequible, fácil, pero la realidad es que es muy complicado. Nos hemos compenetrado mucho, discutiendo hasta la última coma para que saliera algo que nos convenciera a los dos.

DM: ¿Y no preferiríais compartimentar el proceso?
JR: A lo mejor sería más rápido, pero no tan gratificante.
FI: Este es un trabajo absolutamente compartido, hecho a partes iguales. Ninguno ha puesto más empeño que el otro ni nos hemos puesto a la defensiva con nuestros respectivos terrenos. Javi participaba en el dibujo y, de la misma forma, yo aportaba mis ideas para el guión.
JR: Aunque no tengo ninguna habilidad, siempre me ha gustado dibujar, y por eso a veces me meto en la parte de Fran. Y si yo opino sobre el dibujo, él tiene que tener esa misma libertad en lo que se refiere al guión.
FI: Además, como nuestras habitaciones estaban pared con pared, era mucho más fácil seguir lo que estaba haciendo el otro. Si te mandan el guión por email no tienes la misma libertad para sugerir cambios, aspectos tan básicos como reducir un plano medio, meter tres viñetas y aumentar el texto. Esas cosas no se pueden hablar de la misma forma si no hay un contacto directo.
 
DM: ¿Por qué una historieta de muertos vivientes?
JR: Un día iba por la calle, camino del trabajo, y había un indigente que estaba tumbado en el suelo. Pensé que parecía un zombi. Había una valla entre medias y, sin saber muy bien por qué, me imaginé que el tío se levantaba y me atacaba. Y seguro que, en el caso de que hubiera sido un muerto viviente, se habría tropezado con el muro antes de llegar hasta mí. La situación me hizo gracia.

DM: Habladme de Tomás, el protagonista de Cantalgallo.
FI: Nos molaba la historia de un tío que, a pesar de verse en mitad de un apocalipsis zombi, es capaz de sacarle partido a la situación. Es dueño de una armería y, claro, tiene unas posibilidades de negocio impresionantes (risas). Al principio no se da cuenta de lo que está pasando, porque en el fondo es un quinqui de pueblo y no suele darle dos vueltas a las cosas que le ocurren. Es el típico ‘cani’ extremeño, se cree el rey del mambo y encima va a salir ganando con la epidemia zombi. Te tiene que caer mal por cojones.

Tomás deberá hacer frente a una horda de zombis ávidos de carne

JR: Por otro lado, en cuanto Tomás ve al primer zombi sabe lo que tiene delante, no se queda en plan “Qué cara más rara tiene ese tío”. Es algo que Fran y yo hablamos mucho antes de empezar con el cómic, porque en todas las películas siempre ocurre lo mismo: “Mamá, ¿qué te pasa?”.

DM: ¿Y lo de situar la acción en un pueblucho de Extremadura?       
FI: Piensa lo chunga que es la situación: a las cuatro de la tarde, en mitad de la nada, con el sol cayendo a plomo sobre tu cabeza y encima viene un zombi que quiere comerte el cerebro. Además, tanto Javi como yo somos extremeños, y nos hacía gracia que todo ocurriera en un sitio que conocemos a la perfección. Y lo mejor es que mucha gente, aunque sean de otras comunidades, nos ha dicho que le recuerda a su pueblo. Se sienten reflejados porque reconocen a la típica vieja cotilla, al abuelillo…

DM: También lo podríais haber ambientado en una ciudad, que, en principio, da más posibilidades para desarrollar la historia.
JR: Ya, pero la idea es que Tomás salga del pueblo y empiece a recorrer mundo. Está asqueado de la vida que lleva, pero necesitaba una excusa para empezar a moverse.
FI: Habrá momentos de ir a la ciudad, eso lo tenemos bastante claro. Tomás cogerá el Opel Kadett y se dará unas cuantas vueltas. Incluso podríamos hacer algo parecido al programa que tenía Labordeta, Un país en la mochila, porque una persecución de zombis por carreteras secundarias es muy del estilo de Cantalgallo. Pero vamos, yo me imagino a Tomás viendo Cortylandia y me gusta la idea.

Panorámica de Cantalgallo, un pueblo pedido en la Extremadura profunda

DM: Pero entonces, ¿Cantalgallo será el típico apocalipsis zombi o utilizáis a los muertos vivientes como una excusa para contar la vida de Tomás?
FI: Mitad y mitad. Aparecerán nuevos personajes, como el primo de Tomás, y seguirá habiendo mogollón de zombis.

DM: O sea, que la historia ya está cerrada, no la improvisaréis sobre la marcha.
JR: La tengo bastante meditada, pero tampoco me quiero poner limitaciones. Si vemos que el público no responde como esperamos, o que Fran en un momento dado me dice que no me flipe tanto, pues siempre tendremos la opción de meter algunos cambios. Pero lo que es el tronco, el núcleo duro, ya está bastante cerrado. Tenemos el principio, el final y casi todo lo que ocurrirá entre medias.
FI: La idea de publicarlo por entregas consiste, precisamente, en recibir el ‘feedback’ de los lectores. Es nuestro primer cómic y no tenemos la aspiración de llegar a mucha gente, sino de conocer hasta qué punto gusta nuestro trabajo a la gente que se tome la molestia de leerlo.

DM: Transcurriendo en un lugar tan concreto, el cómic no se podía abstraer del lenguaje, la forma típica de hablar.
JR: Se me ocurrió así, pero la gran mayoría de esas palabras “autóctonas” las pensamos entre Fran y yo. Hay una gran cantidad de localismos que podían enriquecer mucho la historia, así que no dudamos en utilizarlos.
FI: Ha sido un trabajo casi antropológico. Tengo recuerdos de estar en el trabajo y preguntar a mis compañeros si entendían tal o cual palabra. Cuando la gente reconocía una expresión, o me decían que en su pueblo se decía de tal forma, entonces ya sabía que la podíamos incluir en la historia. Y me hubiera gustado poner otras palabrejas aún más bastas, pero muchas no las comprendería nadie. En todo caso, es un recurso interesante. Si en The Walking Dead nos reímos cuando aparece el típico cateto sureño, ¿por qué nosotros no podemos poner a un sevillano o a un gallego que hablen con un acento muy cerrado? 

DM: ¿Tenéis un poco de miedo a que os tachen de oportunistas? Lo digo por aquello de sacar un webcómic de zombis en pleno fenómeno The Walking Dead…
FI: Por eso buscábamos un planteamiento distinto. Hay muchas historias que combinan zombis y humor, pero resultan o bien demasiado absurdas, o bien demasiado realistas. Cantalgallo combina las dos partes, aunque tiende más al realismo y, sobre todo, hacia la ironía.
JR: Quería dar carpetazo al tópico de que las historias de zombis nunca tienen final. La nuestra lo tiene y va a ser bastante original.
FI: Y ya no es tanto que las historias de zombis parezcan eternas, sino que ha cambiado la forma de plantearlas. En el caso de The Walking Dead los protagonistas, al estar rodeados de muertos vivientes, se ven obligados a hacer las cosas de una determinada forma. Pero ocurriría lo mismo si, por ejemplo, vivieran en mitad de la jungla. Se acostumbran al medio que les rodea. Los zombis, en el caso de la serie, se terminan convirtiendo en algo secundario, y los espectadores se enganchan porque se sienten identificados con los personajes. En ese sentido, nosotros perseguimos lo mismo con Cantalgallo.

El trabuco es el arma preferida en Cantalgallo para eliminar a los zombis

DM: ¿Cómo surge el cachondeo en mitad de un apocalipsis zombi?
FI: Se podría hacer la siguiente comparación: Cantalgallo es a The Walking Dead lo que Los hombres de Paco a CSI. Partiendo de esa base, no creo que estemos frivolizando en absoluto con la historia, sino mostrando lo que ocurriría exactamente si los zombis aparecieran de repente en mitad de un pueblo perdido de la España profunda. Vale que hay un punto de humor, pero es que en los pueblos se ven cosas raras. A mí me regalaron una escopeta por mi primera comunión…
JR: He pensado mucho en mi familia a la hora de escribir el guión. Me ponía a sacar nombres para los personajes, para los viejos del pueblo, y me salían los de mi tía, mis abuelos o mis primos.
FI: Eso también ha sido muy divertido, porque no te vale cualquier nombre. Tenían que ser los más comunes, esos que conoce todo el mundo porque todo el mundo tiene un familiar que se llama Gabino, como mi padre.

DM: A nivel de estructura, ¿qué tipo de cómic teníais en mente?

FI: Soy muy fan de las viñetas grandes y creo que se ha notado bastante en la primera entrega. En cuanto a Javi, él lo habría hecho directamente en Imax, porque sólo quería primeros planos, pero yo le dije que teníamos que cuidar los detalles. Al final hemos intercalado ambas cosas, porque hay algunos primeros planos, pero la velocidad no se ha resentido en absoluto. En todo caso, lo hemos hecho a lo grande, porque los originales están en formato A3. Y menos mal que se salvaron, porque se nos quemó el piso…

DM: ¿Qué pasó?
FI: Un chispazo en el cuarto de Javi, que perdió el ordenador, el televisor, la Play… Por suerte, el cómic se salvó, y eso nos llevó a la conclusión de que lo teníamos que publicar cuanto antes. Si no lo llegamos a hacer, igual se nos inunda la casa o entra un oso y nos folla.

DM: Antes hablabais del ritmo de lectura y, desde ese punto de vista, ¿cómo queréis que evolucione la historia? Supongo que habrá algo más aparte de sustos…
JR: Tendremos que darle más protagonismo a los diálogos, porque si no llegará un momento en que perderemos el factor sorpresa.
FI: Las primeras páginas tenían que ser como son, con mucha sangre, para que así la gente se enganchara. Pero luego tendremos que ofrecer algo más, un poco de profundidad.

DM: ¿Qué caminos tomarán las próximas entregas de Cantalgallo?
FI: Hay muchas maneras de que el cómic crezca, entre ellas visitando las fiestas de un pueblo cercano. Y si ya no es Cantalgallo, sino Valdeperros, la cosa cambiará bastante porque los personajes de ambos pueblos podrían encontrarse, o no, o a lo mejor cruzarse muchos meses más tarde en Madrid…

DM: ¿Os habéis marcado un tiempo límite para acabar el tebeo?
FI: No tenemos ninguna clase de agobio y cada entrega nos supone mucho tiempo de elaboración, así que habrá Cantalgallo para rato.

Texto: Julio Soria